El Ministerio de Sanidad ha publicado a finales de diciembre de 2011 un documento preliminar sobre evaluación de una larga lista de terapias no reconocidas por la medicina oficial. Se puede encontrar aquí.

El objetivo a largo plazo que pretende el informe es dar las bases para la regulación de las actividades del sector: quién puede ser terapeuta, qué titulación se debería tener, qué terapias se pueden ofrecer, o cómo se puede hacer la publicidad sin ofrecer falsas esperanzas.

El documento es largo (97 páginas) pero interesante. Se identifican hasta 139 técnicas, de todo tipo: musicoterapia, drenaje linfático, yoga, reiki, terapia floral, fitoterapia, acupuntura, homeopatía, feng-shui, geobiologia, crudivorismo, zero balancing, sofronización... Hay varias terapias que pretenden actuar sobre enfermedades, pero muchas otras buscan simplemente el bienestar emocional, el alivio de dolores, o la reducción del estrés.

El equipo de expertos redactores han analizado las publicaciones científicas en las que se detallan la eficacia de las técnicas, y las conclusiones son decepcionantes, y a mismo tiempo, esperables. No encuentra eficacia demostrada, según los parámetros de evaluación de eficacia terapéutica reconocidos internacionalmente, para casi ninguna de las terapias, más allá del efecto placebo. Sólo algunas contadas aplicaciones de la acupuntura (náuseas postoperatorias, dolor dental postoperatorio, cefaleas tensionales ocasionales o crónicas) parecen mostrar eficacia. El informe es especialmente detallado con la homeopatía, a la que no atribuye ninguna virtud curativa. También destaca el informe que la mayor parte de estos tratamientos son inocuos, pero no todos están exentos de riesgos si se hacen por personal no preparado: pienso en la práctica de la moxibustión, que consiste en quemar parcialmente conos de raíz de artemisa sobre los puntos de acupuntura de la piel del paciente.

Una frase lapidària del informe, destacada y en negrita, es que, a pesar de que es muy escaso el número de estudios de suficiente calidad sobre evidencias de efectividad, "esta ausencia de demostración de eficacia no tiene que ser considerada siempre como sinónimo de ineficacia". Este argumento, que metodológicamente es indiscutible, llevado al límite en otros entornos conduciría a deducciones alarmantes: ¿Se nos considera a todos potenciales delincuentes? ¿No se debería despedir a nadie porque, aunque no haya demostrado ninguna aptitud para un puesto de trabajo, nos puede sorprender en un futuro?

Particularmente del informe me parecen criticables un par de aspectos de lenguaje, no de metodología. Cuando se hace la descripción de las diferentes técnicas el lenguaje usado es el de las propias técnicas, sin distanciamiento crítico. Es como si fuera cierto lo que las técnicas afirman. Por ejemplo, cuando describe la terapia de los diapasones, afirma: "Diapasones. Son instrumentos musicales perfectamente afinados (...) para practicar la sonoterapia. Así se consigue llegar a la raíz de la enfermedad mediante las vibraciones por simpatía". Yo creo que habría que decir que "sus adeptos afirman que se consigue llegar a la raíz de la enfermedad mediante las vibraciones por simpatía, a pesar de que no detallan qué es lo que vibra y por qué, al vibrar, se curaría una enfermedad". Este sólo es un ejemplo, pero lo mismo ocurre con las otras 138 técnicas descritas y evaluadas.

Otro de los puntos criticables del informe es su mismo título, "Terapias naturales". El mismo informe advierte que usa este término porque es así como mucha gente conoce estas terapias, que reciben también otras denominaciones, como "medicinas/terapias alternativas, medicinas/terapias complementarias, medicinas/terapias no convencionales, medicina tradicional". Prefiriendo este nombre está dando validez a dichas terapias, y las pone en pie de igualdad con las otras, que denomina con el nombre de medicina convencional.

¿Qué tienen de naturales algunas de las terapias descritas? La homeopatía emplea procedimientos de fabricación de las bolitas similares a los de los fármacos, con extracciones, diluciones, sucusiones, concentraciones, y otros procedimientos idénticos a los de la industria farmacéutica a la que pretenden imitar y con la que querrían confundirse. La acupuntura usa actualmente agujas de diámetros finísimos, de acero inoxidable especial, de un diámetro de entre 0,12 y 0,35 mm , con mango de polipropileno, y esterilizadas con óxido de etileno: tecnologías avanzadas actuales, nada milenarias y, desde luego, alejadas de la naturaleza.


Si perdemos el lenguaje perdemos el relato, y por lo tanto, perdemos la credibilidad. El sistema sanitario vigente ya lo ha perdido mucho, la credibilidad, en todo el que es el tratamiento de las pequeñas molestias. Francesc Escribano, conocido periodista y director de programas de nuevos formatos de la televisión pública catalana afirmaba en una reciente nota en "El Periódico de Cataluña" que él, que no entiende, lee el informe sobre terapias naturales, y ve que los expertos dicen que no curan; pero que él seguirá tratándose con homeopatía, con la que se encuentra bien, y que al menos estos terapeutas lo escuchan y se están un rato con él, y que seguirá usando ambos sistemas terapéuticos.

Contra este tipo de argumentos no hay nada que hacer. Una misma persona no puede a la vez usar la homeopatía, el medicamento tradicional y no usar nada. Por suerte, la mayor parte de dolencias remiten espontáneamente. Mi madre me decía: "La gripe tratada con medicamentos dura siete días, y sin medicamentos, una semana".

Claudi Mans Teixidó
Claudi Mans Teixidó

Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de los libros de divulgación científica: La truita cremada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya, catalán) y Tortilla quemada (2005, Ed. Col·legi de Químics de Catalunya). Els secrets de les etiquetes (2007, Ed. Mina, catalán) y Los secretos de las etiquetas (2007, Ed. Ariel). La vaca esfèrica (2008, Rubes editorial, catalán). Sferificaciones y macarrones (2010, Ed. Ariel), La química de cada dia (2016, Publicacions de la Universitat de Barcelona, catalán) y La Química en la cocina: una inmersión rápida (2018, Tibidabo Ediciones).

Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.

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La naturaleza del ser humano es su artificialidad: la voluntad de adaptar el medio a sus necesidades. De ahí la tecnología y las ciencias aplicadas. Hablaremos de eso, especialmente de nuestra vida cotidiana. Y también de arte científico, de lenguaje científico-cotidiano... Nos lo pasaremos bien.

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