Llego un domingo por la tarde a Oxford. Hace un frío intenso, pero por suerte me espera al salir de la estación de tren Sylvia McLain, la investigadora con la que hicimos el trabajo sobre la cocaína (véase la entrada del blog "El disfraz de la cocaína") y Jhon F. C. Turner científico de la Universidad de Sussex. Vamos directamente a un restaurante llamado "Atomic burger" y nos recibe Han Solo congelado en carbonita, colgado de una de las paredes: la cosa promete. Las hamburguesas son imposibles de comer, se necesita una mandíbula de anaconda que se pueda desencajar. En un momento dado, me levanto para ir al lavabo, y grande mi sorpresa es, cuando me aconsejan en un cartel, en el interior de la taza miccionar.

Lavabo del restaurante Atomic burger. Que la fuerza te acompañe.

     La conversación pronto deriva en ciencia, en concreto le toca el turno a la termodinámica. Entre bocado y bocado hablamos sobre una de las más hermosas leyes de la física: La del aumento ineludible de la entropía del universo. La "segunda ley" de la termodinámica. La entropía, dicho de una forma rápida, mide el desorden de un sistema: a más desorden más entropía. La segunda ley lo que afirma es que el universo tiende a convertirse en una sopa sin estructura de lo más aburrida, y toda ella a la misma temperatura. De esta forma, al final de los tiempos, ningún cambio adicional será posible puesto que todo el universo habrá llegado a un estado de uniforme desorden. Es lo que se llama, de forma dramática, la muerte térmica del universo.

Tumba de Ludwig Boltzmann, en la que aparece la ecuación que muestra que la entropía y el desorden están relacionadas

     De todas formas, confieso a mis compañeros de hamburguesa, que cuando me siento en un bosque e imagino que una simple hoja de un árbol contiene millones de células en las que suceden incontables reacciones químicas, todas orquestadas para generar un ser vivo me veo tan abrumado con tanto orden, que dudo de "la segunda ley". Ya no digamos si añadimos a la fiesta a animales, bacterias y demás seres vivos que parecen tener una tendencia irrefrenable a llenar cualquier parte del planeta, por muy adversas que sean las condiciones.

Orden, orden y más orden en un bosque

     Nunca he hecho el cálculo, y no sé si se puede hacer, pero la respuesta común para hacer compatibles la vida con la segunda ley de la termodinámica es que esta ley es de aplicación a todo el universo. Por tanto no hay ningún problema en ordenar una parte del mismo (en forma de vida, por ejemplo) siempre y cuando el desorden en el resto sea mayor. Por tanto parece que esta elegante ley está a salvo. De todas formas, parece extraño este interés de la materia por organizarse, a expensas de desordenar lo que la rodea. Después de cenar llegamos a la conclusión de que debe faltar alguna ley o algo que se nos está escapando para explicar tanta vida. En este punto nos callamos, y alguien dice, con una sonrisa sarcástica: Una explicación es que Dios exista... El problema es que esta afirmación no es falsable y más bien expresa vagancia mental que una solución al misterio de la vida. En cualquier caso es interesante cómo, cuando uno escarba en las leyes científicas, llega un punto en que se roza el misticismo, y la sorpresa de que el mundo pueda llegar a ser explicable.

 

 El libro ¿Qué es la vida? editado por Tusquets

Nota bene:

     Nótese que esta entrada, en ningún caso quiere ser una discusión "académica" sobre el problema del origen de la vida. No es más que una conversación de pub rescatada para este blog. El lector que quiera ahondar en este tema puede leer el fantástico ensayo de E. Schrödinger ¿Qué es la vida? donde, básicamente, se llega a la misma conclusión: en la física falta algo para explicar tamaña cantidad de orden. Desconozco si alguien ha tratado el tema en más profundidad actualmente. Estoy seguro de que sí, y que algún lector avispado me sugerirá algún libro o ensayo. En cualquier caso la conversación me dejó pensando... a lo mejor una respuesta es que exista una ley "darwinista" de reacciones químicas que favorezca a aquellas que pueden reproducirse a sí mismas. De esta forma podríamos añadir a la entropía una nueva magnitud de "capacidad de réplica" que nos cuantifique de alguna forma la probabilidad de que una reacción química que se produzca se vuelva a producir en el futuro. Esto nos llevaría a afirmar que el estado más estable posible (aquel con menor energía libre de Gibbs) es aquel de mínima energía, máxima entropía y máxima reproducibilidad... pero de nuevo estoy divagando, y esta vez sin estar en un pub. En cualquier caso, de eso se trata ¿no?

 

 

Fotografia del bosque: http://socialforest.org/ca/

Fotografía del libro ¿Qué es la vida?: http://www.casadellibro.com/

 

 

Luis Carlos Pardo
Luis Carlos Pardo

Investigador del Grupo de Caracterización de Materiales y profesor del grado en Ingeniería Física del ETSETB y de la escuela de ingeniería EEBE. Escritor de divulgación científica y participante en varios certámenes dedicados a acercar la ciencia al gran público. También es tutor de numerosos proyectos de investigación con estudiantes: la siguiente generación de científicos.

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Sobre este blog

La vida escogió el desorden de los líquidos para empezar. En este blog hablaremos de sistemas desordenados y de cómo los científicos intentan poner orden a sus ideas.

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