Una de las cosas más saludables de la literatura científica son las referencias bibliográficas. En un artículo de física, uno no puede atribuirle una idea o un resultado a alguien sin incluir una referencia completamente no ambigua al lugar del que ha sacado la información: revista tal y cual, este volumen, aquel año. Fuera del ámbito científico, prácticamente nadie hace estas cosas. De hecho, en el cambalache cibernético en que vivimos, es habitual el fenómeno de la falsa atribución de citas y pensamientos. No por común me resulta menos insólita esta práctica: ¿cómo es posible que alguien diga, sin ruborizarse, "como decía Churchill..." o "ya opinaba Borges que.." sin molestarse en comprobar nunca si eso es verdad? 

No, por supuesto, Lincoln tampoco dijo esto. Pero el consejo es bueno, ¿no creen?

No pasa sólo con Albert Einstein, pero es posible que el fenómeno alcance su extremo en su caso, quizá porque a todo el mundo le gusta sentir que repite algo dicho por él. Así, la mayoría de las cosas que se le atribuyen nunca fueron dichas por el bueno de Alberto, o nadie puede demostrarlo. Esto, por supuesto, habla bien de Einstein, teniendo en cuenta la cantidad de cursilerías, sandeces y simplezas que se le atribuyen. La más notable es seguramente ésta: todos hemos oído o leído alguna vez algo semejante a ¨como decía Einstein, todo es relativo".

Pues no, Einstein no dijo eso, aunque sea el padre de la Teoría de la Relatividad y este año celebremos el centenario de la Relatividad General. Es más, sospecho que no le habría gustado demasiado esa frase.

Lo primero que sería necesario puntualizar es que, naturalmente, la Teoría einsteniana de la Relatividad es una teoría física, por lo que no resulta prudente extrapolar sus conclusiones a otros ámbitos, como el político o el moral, que son en los que se suele invocar este tipo de razonamiento. Por tanto, en el mejor de los casos, tal vez podríamos decir que Einstein dijo que "todo es relativo... en la Física". Pero es que tampoco.

La relatividad einsteniana tiene dos postulados esenciales, el primero de los cuales establece que las leyes de la Física no dependen del observador. Dicho de otra manera, todo lo importante en Física (como, por ejemplo, la ley de Newton que dice que la fuerza es igual a la masa por la aceleración) no es relativo. Para que esto sea así, es necesario que algunas cosas sean relativas. Por ejemplo, las medidas de distancias o velocidades. Esto es, por otro lado, relativamente evidente: el tren parecerá moverse más despacio con respecto a mí (y estará más cerca) si voy corriendo detrás de él. A esto se le suele llamar principio de relatividad, y ni siquiera lo inventó Einstein, sino el gran Galileo Galilei. Podemos decir pues, sin rubor, "la velocidad es relativa, como decía Galileo".

Para Galileo, la manera en la que los distintos observadores relacionaban sus medidas era muy sencilla. Por ejemplo, supongamos que Marilyn Monroe ve pasar al tren Thomas a 20 kilómetros por hora y a Usain Bolt a 10 kilómetros por hora. No hay que ser Einstein (jejeje) para saber a qué velocidad dirá Bolt que se mueve Thomas: 20 menos 10 igual a 10, ¿no creen?

Marilyn Monroe en la estación de tren en "Some like it hot" (Con faldas y a lo loco) de Billy Wilder (1959) 

La contribución de Einstein nace de la observación de que aunque las leyes de Newton cumplían con el requisito de no ser relativas cuando las cosas se transformaban a la Galileo, eso no ocurría con otras leyes fundamentales de la Física, en concreto las que rigen las ondas electromagnéticas (de las que hemos hablado hace poco): las llamadas leyes de Maxwell. Es decir, las leyes de Maxwell parecían ser distintas dependiendo de si las medía Marilyn, Thomas o Bolt. 

Einstein estaba convencido de que esto no podía ocurrir. ¡Las leyes importantes de la Física no podían depender de quién haga las medidas! Y, guiado por esta convicción, terminó comprendiendo que la manera en que hemos deducido la velocidad de Thomas medida por Bolt dos párrafos más arriba (y que tan lógica y sensata nos pareció) no es la manera correcta de transformar las velocidades. Bueno, es una manera que funciona muy bien para todas las velocidades que consideramos en nuestra vida, como las de los trenes y los aviones, pero que empieza a funcionar bastante mal cuando las velocidades se van acercando a la velocidad más alta de la naturaleza: la velocidad de la luz, que se mueve a trescientos mil kilómetros por segundo, aproximadamente.

El Profesor Einstein propuso la manera en que había que transformar las medidas de las velocidades para que Marilyn, Thomas, Bolt y cualquiera estuvieran de acuerdo en las leyes de Maxwell. Para ello, tuvo que darse cuenta también de una cosa (y aquí viene, a mi juicio, su mayor genialidad y la manera en la que transformó para siempre nuestras vidas): ¡el tiempo que marcan los relojes de Thomas, Marilyn y Bolt no es el mismo! De nuevo, es prácticamente el mismo: a esas velocidades, las diferencias son imperceptibles. En cambio, si consideramos a The Flash en lugar de a Bolt (creo recordar que mi hijo me explicó que normalmente se mueve a velocidades cercanas a la de la luz), esas diferencias en la medida del tiempo se vuelven apreciables, como ya hemos contado aquí.  Esta manera revolucionaria de pensar fue confirmada por los experimentos, y hoy en día permite por ejemplo que nuestros teléfonos sean capaces de determinar nuestra posición de manera asombrosa. 

Así que, por favor, si quieren citar bien a Einstein y ser las estrellas de la próxima cena de Navidad, dejen caer, de pasada: "... porque, como decía el bueno de Einstein, el tiempo también es relativo". Y pidan otro vino, como si nada.

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Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Junior Leader" en el Instituto de Física Fundamental del CSIC.

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