El test de Shaw

28/09/2018 16 comentarios
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Un método necesario (pero no suficiente) para detectar tonterías

Las tres o cuatro lectoras que aún me siguen se acordarán sin duda de lo que hemos venido llamando "doctrina Shaw": esa tendencia a añadir el sintagma "cuántico" a cualquier cosa para que parezca más seria y la gente esté más dispuesta a ceder sus datos bancarios. Recientemente, me he dado cuenta de que esta doctrina tiene una interesante aplicación práctica: lo llamaremos el test de Shaw.

Se habrán fijado en que la gente dice y hace cosas cada vez más raras. Sin ir más lejos, gente en apariencia normal de pronto te suelta cosas como "empoderarse", "objetualización", "gentrificación" o "paleodieta", voquibles que hace unos años sólo se habría permitido Chiquito de la Calzada, pero que hoy se largan como si tal cosa, mientras ponemos cara de intensos y pedimos unas gotas más de leche de almendra orgánica para el café. En este contexto, el número de patochadas (qué pena no disponer en español de una palabra con la asombrosa precisión de "bullshit") es creciente, y se hace cada vez más difícil identificarlas. Esto no tiene nada de particular: en estos tiempos hay tantos selfies que hacerse en tantos lugares, tantos tuits para opinar sobre temas de los que no sabemos nada, que queda muy poco tiempo para pensar, y ya nos advirtió el gran Galdós en el vigésimo de sus 46 "Episodios Nacionales" que "quien no piensa nunca, acepta con júbilo el pensamiento extraño, mayormente si es un pensamiento grande por lo terrorífico, nuevo por lo absurdo" (de "Un faccioso más y algunos frailes menos", Benito Pérez Galdós). Normal entonces que haya gente que crea que el agua es mágica o la tierra plana, y se lo cuente a sus miles de seguidores.

Las farmacias, por ejemplo, se han convertido en sitios fascinantes. Es cierto que el número de muertos empieza a ser excesivo, lo que parece que por fin empieza a terminar con el fraude y el negocio de la homeopatía. Así, por ejemplo, en mi farmacia habitual las chuches homeopáticas ya no están a la vista. En cambio, estos ojos cansados se posan a veces sobre otro tipo de cosas maravillosas, como un pequeño mostrador de cartón lleno de frasquitos con olores (algunos con nombres tan intrigantes como "meditación y olores sagrados"). Están indicados para todo tipo de rotos y descosidos: desde la "antiedad", hasta la "eliminación de toxinas", pasando por la imprescindible "purificación del aire". Aromaterapia, lo llaman. ¿A qué parece una tontería sin ninguna base? ¡Pues aquí es donde entra el test de Shaw! ¡No espere más, señora! Ponga en Google "aromaterapia cuántica". Si existe, ¡efectivamente es una tontería! A mí me han salido unas 86400 entradas, con toda su colección de blogs, cursos, vídeos etc. (Esto me lleva a otro tema del que prometí hablar alguna vez, que es el de las búsquedas en Google. Necesariamente, este resultado depende de quién haga la busqueda, en qué ordenador o dispositivo, desde qué usuario de Google etc. A mi juicio esto invalida cualquier pretensión de considerar a Google como un camino hacia el conocimiento serio (ya habrán advertido que mi test de Shaw no tiene muchas pretensiones de ser científico). ¿Se imaginan que la pupila que se clavaba en la de Bécquer no fuera azul, sino que dependiera del color favorito del lector? Así es este oráculo de Delfos posmoderno al que confiamos nuestra vida). 

Así que para eso sirve nuestro test: cada vez que un término no relacionado con la ciencia aparece seguido de las palabras "cuántico" o "cuántica", hay una probabilidad muy alta de que alguien le esté intentando engañar. No lo dude más y use el test de Shaw.  ¿Hacemos la primera prueba con "coaching"? 

 Pues sí, existe. Otro éxito del test de Shaw.