Allen Ginsberg en plan jipi. Igual anda Rovelli por ahí.

Ya pueden encontrar en el número de octubre 2022 de Investigación y Ciencia mi reseña del libro "Helgoland" de Carlo Rovelli. Ahí podrán ver mi opinión general sobre las ideas expuestas en este libro, pero hay un fragmento (páginas 149-150 en la edición de Anagrama) que me gustaría compartir especialmente con ustedes, sobre todo con ese sector de mis lectores y comentaristas que se muestra tan preocupado por mi, a su juicio, excesiva vehemencia contra las pseudociencias, en concreto contra los desalmados que malversan los conceptos "cuánticos" para engañar a la gente. (Son tan insistentes en esto que la cosa me empieza a recordar a aquella canción de Silvio Rodríguez: "Me vienen a convidar a arrepentirme/me vienen a convidar a que no pierda/me vienen a convidar a indefinirme/me vienen a convidar a tanta mierda"). En fin, que he decidido "cederle el micrófono" a Rovelli, que es un poco más jipi que yo y escribe mejor:

 

"De vez en cuando paso unas horas en internet leyendo o escuchando con tristeza la montaña de estupideces que se cobija bajo el adjetivo "cuántico". Medicina cuántica, teorías holísticas cuánticas de todo tipo, espiritualismos cuánticos misticistas y así sucesivamente, un increíble desfile de tonterías. 

Las peores son las necedades médicas. En ocasiones recibo algún mail alarmado: "Mi hermana acude a un médico cuántico, ¿qué piensa, profesor?" Se me ocurren todos los males del mundo, intente poner a su hermana a salvo lo antes posible. Cuando se trata de medicina, debería intervenir la ley. Todo el mundo tiene derecho a buscar cura como le plazca, pero nadie tiene derecho a engañar al prójimo con una desfachatez que puede costar la vida. 

Alguien me escribe: "Tengo la sensación de haber vivido ya este momento, ¿es un efecto cuántico, profesor?" ¡Santo Dios, no! ¿Qué tiene que ver la complejidad de nuestra memoria y de nuestros pensamientos con los cuantos? ¡Nada, absolutamente nada! La mecánica cuántica no tiene nada que ver con los fenomenos paranormales, medicinas alternativas, ondas que nos arrastran y vibraciones misteriosas.

¡Por favor!, me encantan las buenas vibraciones. También yo llevaba el pelo largo sujeto por una cinta roja, y de joven canté ¡Om! sentado con las piernas cruzadas justo al lado de Allen Ginsberg. Pero la delicada complejidad de la relación emocional entre nosotros y el universo tiene que ver con las ondas  de la teoría cuántica tanto como una cantata de Bach con el carburador de mi coche.

El mundo es lo bastante complejo para dar cuenta de la magia de la música de Bach, de las buenas vibraciones y de nuestra profunda vida espiritual sin necesidad alguna de recurrir a rarezas cuánticas."

(de "Helgoland, de Carlo Rovelli).

 (Por mi parte, yo también llevé el pelo largo de joven y alguna vez me puse una cinta en el pelo para que no me molestara jugando al baloncesto, aunque no recuerdo si era roja como la de Stallone en Rocky II. En cuanto a sentarse con las piernas cruzadas, siempre me ha parecido incomodísimo. Desafortunadamente, nunca conocí a Allen Ginsberg).

Carlos Sabín
Carlos Sabín

Físico teórico. Investigador "Ramón y Cajal" en el Departamento de Física Teórica de la UAM. Autor de "Verdades y mentiras de la física cuántica" y "Física cuántica y relativista: más allá de nuestros sentidos".

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