Ningún sistema de pesca es realmente selectivo. Junto a la especie objetivo, siempre se capturan otras, en proporción variable según se trate de una nasa, un trasmallo o una red de arrastre. En algunos casos, las especies capturadas accidentalmente son más vulnerables a la pesca que la propia especie objetivo, lo que puede generar serios problemas de conservación.

     El palangre de superficie fue inventado en Japón tras la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo eran los grandes peces pelágicos en el Pacífico, que hasta aquel momento sólo podían capturarse con arpón. A partir de la década de 1970, el palangre de superficie se extendió a todos los océanos y una década más tarde, algo más de 80 pesqueros españoles capturaban  atún rojo (Thunnus thynnus), albacora (Thunnus alalunga) y pez espada (Xiphias gladius) en el Mediterráneo occidental empleado este sistema.

     Pero en los anzuelos cebados con pota, alacha o caballa no sólo se clavan grandes peces. También lo hacen las tortugas bobas (Caretta caretta), atraídas por la ristra de cebos colgadas en mitad de las desiertas aguas oceánica. Anualmente se capturan varias decenas de miles de tortugas bobas accidentalmente en el Mediterráneo y en el Atlántico, pero hasta hace poco resultaba difícil evaluar el impacto real de dichas capturas, pues más del 95% de las tortugas bobas están vivas en el momento del levado del palangre. Si todas ellas sobrevivieran a las lesiones provocadas por los anzuelos, la captura accidental por palangre no tendría mayor importancia. Por el contrario, el impacto podría ser dramático si la mortalidad tras la liberación fuera elevada.

     El problema, pues, reside en medir la tasa de mortalidad postliberación, lo que no es fácil. El primer intento se realizó a principios de la década de 1990, manteniendo en cautividad a varias tortugas capturadas accidentalmente por palangreros españoles. Todas ellas tenían en anzuelo clavado en el esófago o el estómago y, por consiguiente, un trozo de sedal. La mortalidad se concentró en los primeros tres meses y afectó al 29% de los animales. Por lo tanto, parecía claro que una fracción importante de las tortugas moría tras ser liberadas. Sin embargo, se argumentaba que podían existir diferencias en la tasa de mortalidad postliberación en función de la zona donde se hubiera clavado el anzuelo y que los resultados obtenidos en cautividad no podían aplicarse al medio natural. De todos modos, parecía claro que al menos algunas tortugas morían una vez liberadas y por ellos se realizaron numerosos estudios sobre los modelos de anzuelo y los tipos de cebo que generaban menores tasas de captura accidental de tortugas, o que al menos hacían que el anzuelo se clavara en la boca y no en el esófago, pues lo primero se creía menos grave.

     El desarrollo de un nuevo tipo de emisores para telemetría por satélite, denominados marcas PATs, permitió evaluar la tasa postliberación en condiciones naturales, pues a diferencia de los emisores tradicionales, las marcas PAT permiten saber si la transmisión cesa debido a la muerte del animal o por otros motivos. Empleando este método, se constató hace pocos años que la tasa de mortalidad postliberación de las tortugas capturadas accidentalmente es muy baja, si antes de liberarlas se retira el anzuelo del animal. Ahora bien, estas no son las condiciones normales de liberación en la mayor parte de las flotas pesqueras.

     Cuando los pescadores se percatan de la captura de una tortuga, suelen limitarse a cortar el sedal y dejarla marchar. Desde hace diez años, se les recomienda cortar el sedal lo más cerca de la boca posible, para evitar que se enrede con las alteas de la tortuga, pero esto no bastaría para reducir la mortalidad postliberación de forma apreciable. La tortuga puede tragarse el extremo libre del sedal, que  se desplaza a lo largo del intestino hasta alcanzar la cloaca. Como el otro extremo permanece anudado al anzuelo, y éste se halla clavado firmemente en la boca, el esófago o el estómago, se produce una tensión que lacera el tubo digestivo y acaba matando a la tortuga.  En este contexto,  la recomendación hecha a los pescadores de cortar el sedal tan corto como sea posible, pero sin izar la tortuga a bordo, no serviría de nada, porque desde cubierta resulta imposible dejar un sedal de menos de 100 cm, aunque se use una pértiga dotada de una cuchilla.

     Para evaluar cual era la mortalidad postliberación de las tortugas devueltas al mar en las condiciones reales  de trabajo de la flota palangrera española, nuestro equipo de investigación colocó marcas PAT a varias tortugas capturadas accidentalmente y liberadas con 40 cm de sedal colgado de la boca. Los resultados no dejan lugar a dudas: la tasa de mortalidad en los tres meses posteriores a la liberación fue del 38%, con independencia de donde se hallara clavado el anzuelo. Algunas tortugas murieron a las pocas horas, otras al cabo de diez semanas, con siempre independencia de dónde estuviera anclado el anzuelo. Estos resultados contrastan con la ausencia de mortalidad en un grupo de tortugas mantenidas en cautividad en un centro de recuperación con los anzuelos clavados en la boca, pero sin sedal, o de las tortugas liberadas tras serles eliminado el anzuelo, y por consiguiente el sedal.

     La conclusión es obvia: el sedal mata y la tasa de mortalidad postliberación registrada en condiciones normales es demasiado elevada como para ser aceptable. No basta con substituir los anzuelos tradicionales por anzuelos circulares, cambiar de cebo o cortar el sedal con la ayuda de una pértiga. Si realmente se quiera reducir la tasa de mortalidad provocada por el palangre de superficie, sólo hay una solución: izar a bordo con un salabardo cada tortuga capturada, retirarle en anzuelo si está clavado en la boca o cortar el sedal a ras en caso de estar clavado más profundamente. Bastaría reducir  la tasa de mortalidad a la mitad, para que el impacto sobre la población de tortugas fuera demográficamente aceptable.

     Obviamente, esto tiene un coste, pues obliga a detener el levado del aparejo. Además, quien retire el anzuelo necesita una mínima formación y conviene que no sea un pescador, sino un observador independiente. Pero es un coste asumible. Hace años, la industria asumió que debía correr con los costes de depurar el agua que utilizaba antes de devolverla a los ríos. Y desde años, las flotas estadounidentes llevan observadores a bordo, financiados a partir de las licencias de pesa. Es más, en Hawaii, la pesquería de pez espada se cierra cuando se han capturado un determinado número de tortugas. Los pescadores de palangre han de empezar a asumir los costes ambientales generados por su actividad, aunque sólo lo harán si es obligatorio para poder obtener una licencia de pesca. Dicho lo cual, no puedo más que mostrar mi agradecimiento a los pescadores que nos permitieron subir a bordo de sus barcos y colocar emisores a las tortugas, aun a sabiendas de que los resultados podían perjudicarles.

Bibliografía

Aguilar R, Mas J, Pastor X (1995) Impact of the Spanish swordfish longline fisheries on the loggerhead sea turtle Caretta caretta population in the western Mediterranean. In: Richardson JI and Richardson TH (eds) Proc 12th Annual Workshop on Sea Turtle Biology and Conservation: 1-6

Álvarez de Quevedo, I, Sanfélix, M, Cardona, L (2013). Is the Mediterranean Sea a dead end for Atlantic populations of the loggerhead turtle (Caretta caretta) due to bycatch? Marine Ecology Progress Series (en prensa).

Lewison RL, Freeman SA, Crowder LB (2004b) Quantifying the effects of fisheries on threatened pecies: the impact of pelagic longlines on loggerhead and leatherback sea turtles. Ecology Letters 7: 221-231

Parga ML. 2012. Hooks and sea turtles: a veterinarian's perspective. Bulletin of Marine Science 88: 731–741

Valente ALS, Parga ML, Velarde R, Marco I, Lavin S,  Alegre F,  Cuenca R. 2007. Fishhook lesions in loggerhead sea turtles.  Journal of Wildlife Diseases, 43:. 737–741

Luis Cardona Pascual
Luis Cardona Pascual

Profesor agregado de zoología en el Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universidad de Barcelona. Centra su investigación de la biología, gestión y conservación de vertebrados marinos, principalmente peces, tortugas y mamíferos.

Sobre este blog

Durante siglos, el mar fue un gran desconocido. Lo ignorábamos todo de un espacio plagado de peligros y habitado por seres fantásticos. Aun hoy, se presenta a los océanos como una de las últimas fronteras. No lo son. La ciencia ha desvanecido las leyendas de un océano tenebroso y ha revelando una realidad fascinante. Intentaremos reflexionar aquí sobre el significado de estos descubrimientos.

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