Tortuga en apuros

22/10/2010 6 comentarios
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Hoy, sólo unas breves palabras, para comentar que el fotógrafo barcelonés Jordi Chias ha sido galardonado en los premios Wildlife Photographer of the Year 2010, que concede anualmente el Natural History Museum de Londres, con el primer premio en la categoría "One Earth", que premia aquellos trabajos que mejor reflejan el daño que produce la humanidad sobre la naturaleza.


La fotografía, titulada "Tortuga en Apuros" tiene fuerza de sobra para explicarse por sí misma. Pero aún así, escribiré unas frases complementarias, para que nadie se pierda la historia que hay detrás de la fotografía.

La pobre tortuga boba (Caretta caretta) quedó enganchada en una de tantas redes fantasmas que viajan a la deriva por nuestros mares. Las redes fantasmas son redes que fueron perdidas o abandonadas por los pescadores, pero continúan en el medio marino, porque nadie se encarga de recuperarlas, atrapando y dando muerte a peces y otros animales marinos durante décadas, sin que nadie obtenga provecho alguno de esta "pesca". Así, la pesca fantasma produce únicamente la muerte y destrucción inútil de muchos ejemplares de fauna marina, algunos pertenecientes a especies en peligro de extinción, como nuestra tortuga boba.


Normalmente, cuando un cetáceo o reptil marino queda enganchado en una red fantasma, lo único que puede esperar es una muerte agónica, que sobreviene cuando se acaba su reserva de oxígeno (recordemos que todos los cetáceos y tortugas marinas han de subir periódicamente a la superficie para respirar). Este ejemplar, sin embargo, tuvo la "suerte" de que la red se encontraba derivando a poca profundidad, de modo que tenía el espacio justo para sacar del agua el extremo de su cabeza, cada cierto tiempo, y respirar un poco más de precioso aire. Se ignora cuánto tiempo estuvo la tortuga enganchada en la red hasta que el equipo de Jordi la encontró por casualidad, mientras navegaban en mar abierto, en algún lugar del Mar Balear, entre Barcelona y Mallorca, a la búsqueda de cetáceos.


La historia, por una vez, tuvo un final feliz. Tras tomar la fotografía, Jordi fue capaz de liberar a la tortuga de su prisión con ayuda de un cuchillo y mucha paciencia, concediendo al animal una segunda oportunidad.


Muchos otros no tendrán tanta suerte.