(Steffen M Olsen/Twitter)

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¿Por qué la naturaleza nos permite mentirnos a nosotros mismos? En general los seres humanos pecamos continuamente de exceso de confianza de una manera desconcertante. Nos consideramos a nosotros mismos más habilidosos, más capaces, y menos vulnerables al peligro de lo que realmente somos. Desde un punto de vista evolutivo, sería normal esperar que por selección natural, estos individuos con más tendencia al riesgo se hubiesen borrado del mapa, con lo que se hubiesen eliminado los genes que predisponen a estos comportamientos y se hubiese favorecido aquellos que promoviesen una comprensión más coherente de nuestras propias capacidades. Pero sin embargo, la arrogancia es muy común en nuestra especie...

En un artículo publicado en Nature, dos analistas científicos de política investigan el porqué esto es así [1].

Los investigadores crearon un modelo matemático evolutivo en el que los individuos compiten por recursos. Cada individuo tiene una capacidad inherente, la fuerza, que simplemente representa cuál es la probabilidad de que dicho individuo venza en un conflicto. A continuación crearon un escenario típico de competencia: si un individuo se hace con un recurso, dicho individuo gana fitness –éxito reproductivo, es decir, se reproduce más-. Si dos individuos intentan conseguir un recurso, lucharán por ese recurso, y pagarán un coste por la lucha; el más fuerte ganará, se quedará con el recurso y ganará fitness.

Por supuesto, si todo el mundo sabe exactamente que probabilidad tiene de ganar en una lucha, no habría atractivo en luchar. Los más débiles siempre entregarían el dinero del almuerzo, o se acabarían retirando de la carrera, y todo el mundo seguiría su camino en paz. Pero en el modelo analizado, igual que en la vida real, hay incertidumbre. Los individuos deciden si les compensa luchar por un recurso basándose tanto en la percepción de la fuerza del oponente como en la percepción de su propia fuerza. Ambas estimaciones están sujetas a error. Algunos individuos en el modelo muestran constantemente un exceso de confianza, sobreestimando sus capacidades; otros siempre se subestiman, y unos pocos son totalmente coherentes.

Usando este modelo los investigadores llevaron a cabo miles de simulaciones por ordenador que fueron mostrando como las poblaciones evolucionaban a lo largo del tiempo. Lo que encontraron es que las poblaciones de distintos individuos evolucionaban hasta encontrar un equilibrio en base a los tipos de individuos. El cómo era ese equilibrio dependía de las circunstancias.

Cuando la ratio beneficio/coste era alta, es decir, cuando el recurso era muy valioso y el conflicto era poco costoso, la población evolucionaba hasta un estado en el que todos los individuos eran del tipo exceso de confianza. Esto indica que al competir por un recurso valioso, los individuos que sobreestimaban sus propias capacidades salían ganado. Esto es debido a que estos individuos se arriesgan a competir, a veces se equivocan y pierden, pero como el premio es muy valioso, las veces que ganan reciben mucho fitness a cambio, se reproducen más –teniendo "hijos" arriesgados como ellos- y acaban por dominar la población.

En unas circunstancias en las que la ratio coste/beneficio fuese media, las poblaciones llegaban a un punto de equilibrio en el que había más o menos el mismo número de individuos con exceso de confianza y de los que se subestimaban. Ninguna de las dos estrategias era mejor que la otra; ambos tipos de personalidades persistían.

Y por último, en unas circunstancias en las que el coste del conflicto fuera alto comparado con el beneficio de ganar el recurso, la población final acababa por estar compuesta por individuos precavidos. Al no haber mucho en juego, los individuos más "amarretas" eran los que salían beneficiados, pues jugaban sobre seguro: ganaban poco, pero no perdían nunca, y los otros perdían y cuando ganaban, la fitness que recibían no compensaba las pérdidas en los conflictos que se sobreestimaron.

Según estos resultados los investigadores sugirieron que la tendencia de los seres humanos hacia el exceso de confianza en las propias aptitudes puede haberse fijado en la evolución debido a las grandes ratios beneficio/coste que se dieron en nuestro pasado evolutivo. Si los recursos disponibles fueron lo suficientemente valiosos, y el precio a pagar por luchar por ellos no fue muy alto, una hipotética población de nuestros antepasados pudo haber evolucionado en este ambiente, pudiéndose haberse visto premiados los individuos con exceso de confianza, que son los que al final sobrevivieron y acabaron fundando las poblaciones humanas modernas.

Pero aunque la "arrogancia genética" de nuestra especie puede haber sido beneficiosa para la supervivencia en el pasado, los autores señalan que quizá hoy en día tenga que estar más controlada, ya que los riesgos son mayores en el presente. En nuestros tiempos no nos tiramos piedras o lanzas los unos a los otros, sino que tenemos conflictos con armas a gran escala. En las áreas donde existe más incertidumbre es donde nos vemos más propensos a la grandiosidad; nos "crecemos", nos creemos más invulnerables y nos arriesgamos más cuanta menos información tenemos. Cuando se trata de tomar decisiones económicas, posicionarse sobre el cambio climático, o anticiparse a los desastres naturales, nuestros cerebros que han evolucionado para ser excesivamente confiados nos pueden jugar una mala pasada, y lamentablemente tenemos muchos ejemplos hoy en día...

 

Referencias

[1] Johnson, D., & Fowler, J. (2011). The evolution of overconfidence Nature, 477 (7364), 317-320 DOI:10.1038/nature10384

Julio Rodríguez
Julio Rodríguez

Científico, Biólogo, Doctor en Medicina Molecular, psicólogo, escritor y divulgador. Hago diagnóstico genético en la Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica (FPGMX).

Fui investigador en genética de trastornos psiquiátricos en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria (FIDIS) y la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

Trabajé un tiempo en la Universidad de Oxford y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid.

Colaboro divulgando ciencia con Ángel Carracedo en @RadioGalega y @radiocarbasSER

 

"Prevenir el narcisismo" y "Lo que dice la Ciencia sobre educación y crianza" son mis libros de divulgación.

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