El estrés, la adversidad, o diferentes eventos traumáticos, pueden acabar con el equilibrio emocional de nuestra vida, y hacernos caer en una depresión de la que, en ocasiones, es muy difícil salir.

Las investigaciones en este campo de los últimos años nos han llevado a dilucidar que una compleja interacción entre factores genéticos y ambientales están detrás del riesgo a sufrir diversos trastornos emocionales, y de hecho, muchos de los fármacos utilizados hoy en día contra la depresión se han diseñado gracias al descubrimiento de estas dianas moleculares.

Pero la cuestión es que también se ha visto que, sometidas a las mismas condiciones ambientales —eventos catastróficos, pérdidas personales, problemas financieros, etc...— hay gente que cae en depresiones profundas, pero hay otros que son capaces de afrontar estas contrariedades y lidiar con ellas sin tener problemas emocionales. Esto último es lo que se conoce con el nombre de resiliencia. Pero, ¿por qué hay estas diferencias? ¿por qué hay gente que sale del bache más fácilmente, o incluso que ya ni siquiera cae en él si no que sólo se tambalea? Como era de esperar, la respuesta es compleja, nunca es solamente un factor el que lleva todo el peso. Hay circunstancias culturales, educacionales, contextuales... y por supuesto, también genéticas.

Pues bien, con el objetivo de conocer cuáles podían ser estas causas moleculares de la resiliencia, y de paso dilucidar un poco más la turbia etiología de la depresión para intentar conseguir mejores tratamientos farmacológicos, Dias y sus colaboradores llevaron a cabo el presente trabajo de investigación en el que utilizaron un modelo de depresión en ratones.

Lo que encontraron los científicos es que la proteína β-catenina estaba implicada en el proceso. La β-catenina es una molécula ya anteriormente conocida por participar en la función cerebral, y también se sabía que moléculas controladas por esta β-catenina se habían relacionado con la depresión.

Para desentrañar el mecanismo según el cual la β-catenina estaba implicada en la resiliencia, Dias y sus colaboradores sometieron a los ratones a circunstancias estresantes o amenazantes. Lo que encontraron los investigadores es que, si incrementaban los niveles de β-catenina en las neuronas D2 del núcleo accumbens —una parte del cerebro implicada en adicción y recompensa—, los ratones sometidos a estrés no desarrollaban síntomas depresivos y eran prácticamente indistinguibles de los ratones que habían vivido tranquilamente.

A continuación los científicos resolvieron el mecanismo molecular mediante el cual la β-catenina promovía la resiliencia: en el interior de la neurona, la β-catenina actuaba como un activador de la expresión de Dicer-1, una proteína que a su vez participaba en la activación de varios microRNAs, los cuales impedían la síntesis proteica de unas proteínas que fueron denominadas por los autores como "anti-resiliencia" —aunque también valdría "proteínas pro-depresión". (Figura 1)

Por lo tanto, a mayores niveles de β-catenina, mayor expresión de microRNAs, lo que produciría un mayor bloqueo de la síntesis de las "proteínas pro-depresión", lo que traería como consecuencia final mayor resiliencia y mejor afrontamiento de las contrariedades.

Este descubrimiento, aunque llamativo, no es sorprendente, ya que el papel de la β-catenina en la depresión era conocido. De hecho, las kinasas GSK3, que controlan la actividad de la β-catenina, son las dianas moleculares del Litio, un archiconocido antidepresivo.

La repercusión de este descubrimiento se centra sobre todo en el papel de los microRNAs en la depresión. Los autores incluso postulan que en un futuro, la activación, o incluso la inoculación directa de estos microRNAs, se pueda hacer de una manera específica y dirigida, con lo que podría ser una perfecta terapia contra la depresión.

Referencias
Dias, C. et al. β-catenin mediates stress resilience through Dicer1/microRNA regulation. Nature http://dx.doi.org/10.1038/nature13976 (2014).

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Julio Rodríguez
Julio Rodríguez

Científico, Biólogo, Doctor en Medicina Molecular, psicólogo, escritor y divulgador. Diagnóstico genético en Fundación Pública Galega de Medicina Xenómica (FPGMX).

Investigador en genética de trastornos psiquiátricos en la Fundación Instituto de Investigación Sanitaria (FIDIS) y la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

Trabajé un tiempo en la Universidad de Oxford y en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Madrid.

Colaboro divulgando ciencia con Ángel Carracedo en @RadioGalega y @radiocarbasSER

 "Prevenir el narcisismo" y "Lo que dice la Ciencia sobre educación y crianza" son mis libros de divulgación.

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