LA SELECCIÓN SEXUAL (II)

19/06/2008 9 comentarios
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La Selección Sexual en el Mundo Animal

 

 

 

 

La selección sexual es la principal causa de las diferencias de aspecto de los sexos (dimorfismo sexual).

 


La atracción mutua entre los sexos es un factor importante en la reproducción. Los machos y las hembras de muchas especies de animales son similares en el tamaño y la forma excepto en los órganos genitales
y en características secundarias sexuales como las mamas de los mamíferos hembra.

 

 

 

 

Loros de tamaño corporal similar. 

 


Hay, sin embargo, especies con un dimorfismo sexual asombroso. En particular en pájaros y mamíferos los machos son, a menudo, más grandes y más fuertes, más intensamente coloreados, o dotados con adornos visibles.

 

"En los animales cuyos sexos están separados, los machos difieren necesariamente de las hembras por sus distintos órganos de reproducción, que constituyen los caracteres sexuales primarios. Pero, además, los sexos difieren por lo que Hunter ha llamado caracteres sexuales secundarios, los cuales no están directamente relacionados con el acto de la reproducción...". ..." (C. R. Darwin, 1871).

 

Pero los colores brillantes hacen animales más visibles a los depredadores. El plumaje largo de pavos reales masculinos y pájaros de paraíso y la enorme cornamenta de los ciervos viejos machos son cargas incómodas en el mejor de casos. Darwin sabía que no podían esperar que la selección natural favoreciera la evolución de rasgos desventajosos, y propuso que tales rasgos surgieron por selección sexual, que “depende no de una lucha por la existencia en relación con otros seres orgánicos o a condiciones externas, sino de una lucha entre los individuos de un sexo, generalmente los machos, por la posesión del otro sexo. ” (C. R. Darwin, 1871).

 


 

 

Macho cabríos de Gredos compitiendo. 



La presencia de un rasgo particular entre los miembros de un sexo puede hacerlos de algún modo más atractivos al sexo opuesto. Este tipo "de sex-appeal" (la llamada del sexo) ha sido demostrado experimentalmente en todos los tipos de animales, desde la mosca del vinagre a palomas, ratones, perros, y monos rhesus. Por ejemplo, cuando, durante el vuelo, se encuentran algunas drosófilas, unas con cuerpos amarillos como consecuencia de la mutación espontánea y otras con la pigmentación normal amarillenta gris, las hembras prefieren a los machos normales respecto a los machos amarillos sea cual fuere el color de las hembras.

 

En el sexo en el que la variación en el éxito reproductor sea mayor, mayor será el efecto de la selección sexual. En la mayoría de casos hay más variación en los machos.

 

"...Puesto que en tales casos los machos han adquirido su actual estructura, no por estar mejor acondicionados para sobrevivir en la lucha por la existencia, sino por haber ganado alguna ventaja sobre los otros machos, y transmitiéndola a su prole masculina exclusivamente, es indudable que la selección sexual debió tomar aquí una parte muy principal. La importancia de esta distinción fue la que nos indujo a designar esta forma de selección con el nombre de sexual..." (C. R. Darwin, 1871).

 

Charles Darwin señaló que la selección sexual habitualmente adopta uno de estos dos patrones (los nombres se deben a Thomas H. Huxley): selección intrasexual, que es la com­petencia entre los miembros de un sexo para aparearse con el sexo opuesto, o se­lección intersexual, en la cual los miembros de un sexo ejercen fuertes presiones se­lectivas sobre las características del sexo opuesto mediante la elección de sus pa­rejas.

 

Ejemplos de selección intrasexual son la competencia entre los machos de los elefantes marinos para controlar un harén o entre los ma­chos de los salmones que compiten para aproximarse a los nidos en los que las hembras depositaron los huevos.

 

 

 
Es bien conocida la fiereza de los gallos.


La selección intersexual, o epigámica, entra en juego en situa­ciones en las cuales un sexo --más a menudo la hembra--, hace una selección activa de su pareja, favoreciendo a aquellos ejemplares que tengan más desarrolladas ciertas características.

 

 

 

 

Pavo real macho.
 


La intensidad de la selección sexual depende del sistema de apareamiento de cada especie. La reproducción sexual requiere de una inversión considerable de energía, que se distribuye por lo menos entre tres componentes diferentes:

 

  • la competencia por conseguir pareja,
  • el proceso de apareamiento (que incluye la producción de los gametos)
  • el cuidado parental de la descendencia.

 

El modo en que se invierte la energía tiene una relación directa con la naturaleza del proceso de selección sexual en acción.

 

 

 

MONOGAMIA Y POLIGAMIA

 

La selección sexual siempre favorece un sistema poligínico y promiscuo a no ser que sea desventajoso para las hembras, como ocurre en la mayor parte de las aves. En la mayoría de los mamíferos, sin embargo, la poligamia es el sistema de acoplamiento dominante porque el macho no es necesario para el cuidado paternal. En consecuencia, la monogamia se ve favorecida sobre la poligamia sólo cuando:

 

Ø      algún recurso ambiental (el alimento, por ejemplo) es limitado

Ø      y cuando la supervivencia máxima de los jóvenes requiere el cuidado de ambos padres.

 

 


 

Lince y crías

 

 

EVOLUCIÓN POSTERIOR DE  LOS ESTUDIOS DE SELECCIÓN SEXUAL

 

En realidad, estos atributos del macho en muchos casos resultan no adaptativos con respecto a otros aspectos, como por ejemplo el estar muy ex­puestos ante los predadores.

 




Pavo real albino.

 

 

Darwin, al reconocer que tales machos no eran "más aptos para sobrevivir" en la lucha por la existencia, dio a la selección sexual la categoría de una fuerza dife­rente de la selección natural. Sin embargo, ahora que la aptitud se define estric­tamente en términos de los números relativos de progenie sobreviviente, muchos investigadores creen que esta distinción no es válida y que la selección sexual de­bería ser considerada simplemente como una de las formas que puede adoptar la selección natural.

 

En 1948 Bateman, detectó los apareamientos de Drosophila mediante diferentes marcadores genéticos. El resultado mostró que mientras que todas las hembras tenían aproximadamente el mismo éxito reproductivo, la varianza en el éxito reproductor de los machos era mucho mayor. La amplia diferencia en el éxito reproductor de los diferentes machos se atribuyó a la "discriminación pasiva" a cargo de las hembras.

 

Estos resultados fueron cuestionados por Sutherland que postuló que la varianza podría deberse al azar, sin necesidad de recurrir a la idea de selección sexual porque, de hecho, cualquier selección debe utilizar la varianza fenotípica para actuar sobre los genotipos. Autores como Dawkins consideran que lo importante es por qué se mantiene esta varianza y no por qué se genera.

 

Maynard-Smith, en 1955, al experimentar con Drosophila, se percató de que las hembras discriminaban a los machos en función de sus exhibiciones, hecho que se consideró una expresión de su capacidad fertilizadora. La elección de las hembras sería así una aceptación forzada del resultado de esa competición, proceso conocido como elección de Hobson.

 

Así pues, desde las perspectivas darvinistas y junto con los elementos introducidos por los genetistas en la década de los 50, hemos tenido que esperar hasta los 80 y los 90 para que se matizasen y ampliasen los conocimientos acerca de la selección sexual. Hoy en día sigue siendo un tema ampliamente estudiado y de progresivo mayor protagonismo.