Uno de los principales retos a que se enfrenta la Organización Mundial de la Salud en la actualidad es la eliminación de la poliomielitis. A través de su programa “Iniciativa Mundial para la Erradicación de la Polio” lidera una campaña internacional de salud pública basada en la vacunación masiva contra esta enfermedad vírica. Los primeros cálculos fijaron el año 2000 como la fecha en que se alcanzaría el objetivo marcado, con la que constituye la mayor campaña sanitaria jamás diseñada. No ha sido así y a día de hoy, la polio todavía es endémica en cuatro países (Nigeria, Afganistán, India y Pakistán), mientras que en otros siete se ha reintroducido el virus causal. Hasta el mes pasado, se han producido 453 casos de polio en todo el mundo, 432 en los países endémicos.

        Estos resultados plantean una vez más el problema de la percepción de la enfermedad. La llegada a la presidencia de los Estados Unidos de F.D. Roosevelt, un superviviente de la polio con secuelas visibles, dio una gran repercusión mediática a la parálisis infantil. Su respaldo fue fundamental para la inversión de grandes sumas de dinero en la investigación del origen, prevención y tratamiento de la polio. La difusión de la vacuna oral, que los niños nacidos en los cincuenta recibimos con un terrón de azúcar entre 1963 y 1964, generó un optimismo desbordante y una confianza ciega en el poder de la ciencia para conquistar a la naturaleza. Se olvidaba la intervención de otros factores, como los culturales y sociales, en el control de la enfermedad y la polio es un buen ejemplo de ello. Fijémonos en el caso de Nigeria, un país que en 2005 fue declarado temporalmente libre de polio y en el que un grupo de religiosos musulmanes propagó que la vacuna antipoliomielítica producía esterilidad y era fruto de una conspiración entre los Estados Unidos y la ONU. Y ello a pesar de que dos años antes, en la Cumbre de la Conferencias Islámica de Malasia, los jefes de estado de 57  países se habían comprometido a redoblar sus esfuerzos para erradicar la polio. Esta actitud recuerda a la adoptada por una parte de la Iglesia Católica a principios del siglo XIX, oponiéndose a la vacuna contra la viruela por ir en contra de la voluntad divina: Si Dios había previsto que alguien contrajera la viruela, era oponerse a sus designios adoptar medidas que la previnieran. La viruela pudo finalmente erradicarse en 1979. De momento, en 2007 los casos de polio se han reducido en un 63% respecto al año anterior. En palabras de Margaret Chan, directora de la OMS: “Debemos acabar este trabajo: estamos demasiado cerca de nuestra meta como para permitir que el éxito se nos escurra de las manos”.

María José Báguena Cervellera
María José Báguena Cervellera

Profesora Titular de Historia de la Ciencia.

Instituto de Historia de la Medicina y de la Ciencia López Piñero,

Universidad de Valencia-CSIC.

Sobre este blog

"El pasado es sólo el prólogo." Archivo Nacional de Washington.

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