Historia y geografía de un cerebro

17/09/2015 4 comentarios
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Siempre se ha considerado el cráneo como marcador de la diversidad humana, pero también el cerebro puede esconder trazas de una historia.

Reconstrucción digital de cerebro y ojo humano a través de resonancia magnética (E. Bruner)A lo largo de mucho tiempo hemos pensado que la naturaleza estaba hecha por "tipos", es decir modelos precisos con determinadas formas y proporciones, representados por individuos particularmente distintivos o promedios. Hoy en día, desafortunadamente, esta perspectiva demasiado ingenua y emocional se puede todavía encontrar en diferentes contextos sociales y culturales. Pero pronto los biólogos hemos entendido que el concepto de variabilidad y de población es mucho más importante en evolución. La variación es más importante que el promedio. Diversidad es riqueza. Evolución y selección natural no se basan en individuos típicos, sino en las interesantes posibilidades de las variaciones. En el siglo pasado los avances biológicos, en zoología y antropología, se veían desgraciadamente contaminados y manipulados por un contexto histórico donde la diversidad se rechazaba, se perseguía, se acosaba, y se oprimía. El resultado ha sido humanamente nefasto, socialmente ruinoso, culturalmente devastador, y científicamente un fracaso. La diversidad sigue siendo castigada en la mayoría de las culturas humanas, pero en este caso la sociedad europea puede presumir de ciertos cambios patentes y determinantes a nivel moral y cultural, en este sentido. Claro está que el horror asociado a las persecuciones raciales, étnicas, o de género, nos han dejado una huella todavía caliente y bien visible. Y, como ocurre a menudo, los humanos huimos de un extremo buscando refugio en su opuesto: desde perseguir la diversidad hemos pasado a negar su existencia. Como si negar las diferencias, en lugar de aceptarlas, fuese la solución. Claramente ha funcionado solo hasta cierto punto. Las diferencias existen, y no se trata de negarlas, sino de aceptarlas, de reconocerlas, y de integrarlas. Tenemos todos los mismos derechos, pero esto no quiere decir que somos todos iguales. Afortunadamente. Había un eslogan feminista que decía "Igualdad como derecho, diversidad como valor", y como antropólogo no puedo estar más de acuerdo. La diversidad es la clave de la evolución, de la adaptación, y del valor cultural de las poblaciones humanas. Negar la diversidad solo quiere decir sustituir viejos problemas con unos nuevos.

Los antropólogos han sido los que más se han metidos en estos berenjenales, intentando describir y cuantificar esta diversidad, entender sus causas, aprender de ella, y lidiar con su interpretación. En todo este proceso, desde las aproximaciones tipológicas hasta las recientes perspectivas holísticas, pasando por la época de oro de la biología de población, el cráneo ha representado la clave de los estudios sobre la historia natural del género humano. Y esto por lo menos por tres razones. Primero, se conserva en los contextos arqueológicos y paleontológicos, siendo el único testigo mineral de seres que ya no viven. Segundo, es coraza de todo lo que es más importante en ecología y evolución: sentidos, sistema nervioso, y sistema de alimentación. Tercero, es un conjunto anatómico extremadamente complejo y variable, con lo cual aporta una información detallada que otros elementos del esqueleto, más sencillos, no pueden alcanzar. Añadimos también que tiene un particular interés a nivel clínico y patológico, razón esta que desde siempre ha sido la causa de cierta afinidad cultural y metodológica entre antropólogos y médicos. Desde los tipos hasta los modelos integrados de variación, el cráneo ha representado el cofre secreto de la historia y de la geografía de las poblaciones humanas en antropología física y biológica.

Los resultados sobre las variaciones del cráneo en las poblaciones humanas han sido generalmente en acuerdo con los siguientes estudios antropológicos basados en las variaciones genéticas. Ahora podemos a lo mejor añadir un componente más a esta perspectiva, por que acaban de publicar un estudio bastante extenso sobre la correlación entre el ancestro genético y la forma de la corteza cerebral. Los resultados sugieren que también los surcos y las circunvoluciones de nuestro cerebro pueden tener en su geometría la memoria del pasado histórico de nuestros origenes geográficos. Nada relacionado con tamaño cerebral o con capacidades mentales, sino con una compleja geometría anatómica de pliegues y curvas, patrones de forma de los que seguimos desconociendo funciones y mecanismos, causas y consecuencias. 

Con cierta satisfacción por parte de los antropólogos, los resultados sobre las diferencias geográficas en la forma de la corteza cerebral han dado resultados paralelos a los estudios craneológicos del siglo pasado. Las relaciones entre cráneo y cerebro siguen siendo una incógnita para nuestros conocimientos actuales, y peor es la situación cuando pensamos en la relación entre cerebro y mente. Pero esto no quita que nuestra anatomía sea el resultado de un largo camino evolutivo entre adaptaciones, casualidades, cambios de rumbo, nuevas ideas y viejas soluciones. A veces son cambios adaptativos, a veces ajustes secundarios, a veces variaciones casuales. De todo esto quedan las huellas en nuestros elementos anatómicos y en sus funciones, testigos orgullosos de una historia geográfica y humana de separaciones y de mezclas, que no estaba programada pero que sí ya está escrita. Solo hay que tener la valentía de quererla leer, y de saberla valorar.

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Mapas corticales (Fan et al., Current Biology 2015)

El artículo sobre morfología cortical y ancestro genético es:
Fan et al., 2015. Modeling the 3D geometry of the cortical surface with genetic ancestry. Current Biology 25: 1998-1992. [link]

Recientemente he publicado un estudio sobre la relación espacial entre cerebro y cráneo:
Bruner E., Amano H., de la Cuétara J.M. & Ogihara N. 2015. The brain and the braincase: a spatial analysis on the midsagittal profile in adult humans. Journal of Anatomy 227: 268-276. [link]