Escribir para lectores anónimos es como un salto al vacío. No sabes nunca si hay red. Por suerte, son vacaciones. Y quien más y quien menos se dedica a "vacacionear" y con un poco de suerte incrementar cultura. Puede que uno o muchos de nosotros hayamos visto al menos uno de los cuadros de la serie de Van Gogh, "Los girasoles".

He de admitir que cuando miro un cuadro, mayormente lo hago en su vertiente generadora de placer estético. Me gusta o no me gusta. Pero a veces, me puede la deformación profesional y cuestiono lo que mi cerebro percibe. No es la primera vez que miro un cuadro o una serie de cuadros con ojos de genetista. Me consuela saber que no soy la única.

Quizá nadie que no sea un amante de las flores o un botánico haya percibido que los girasoles de Van Gogh tienen más de crisantemos que de girasoles. Si uno tiene que dibujar en su mente un girasol pensará en una flor con un gran centro marrón rojizo, donde se concentran las semillas o pipas, rodeado de pétalos cortos de color amarillo. Pero en los girasoles de Van Gogh, los abundantes pétalos confieren a las flores un aspecto algodonoso, son una nube amarillenta de pétalos que esconden un centro pequeño y tímido.

¡Buscando, buscando, he encontrado la respuesta!

En realidad, los girasoles de Van Gogh son mutantes, en inglés se denominan double flower. Esta mutación produce una expresión ectópica (fuera del lugar habitual) del gen HaCYC2c, que controla la floración en los girasoles. El patrón de herencia mendeliana es intermedia, lo que determina que hay heterocigotos y homocigotos. Los homocigotos tienen un centro más pequeño y mayor nube de pétalos que el heterocigoto.

Girasoles y mutantes

Pero también existe la mutación genética contraria, en la que la flor es casi calva de pétalos con mucha región central con semilla. La mutación se llama tubular y presenta herencia mendeliana recesiva. Este último mutante se debe a la inserción de un elemento genético transponible (antiguamente llamados genes saltarines) dentro del mismo gen, HaCYC2c, provocando una pérdida de función. Es decir, la inserción de un parásito molecular, capaz de cambiar de posición dentro del genoma determina, en este caso, el tamaño de la flor y de la proporción semillas/pétalos.

Los humanos tenemos tendencia a seleccionar aquellos organismos mutantes que nos son útiles, o bien nos placen. Los cultivamos o los cruzamos para poder mantenerlos. La próxima vez que encontremos la palabra mutante, quizá recordaremos que nosotros también lo somos uno respecto a otro.

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Gemma Marfany
Gemma Marfany

Profesora titular de Genética (Universidad de Barcelona-UB), con una amplia trayectoria científica y académica en genética (Barcelona-Edimburgh-Oxford). Dirige un grupo de investigación en genética molecular dedicado a identificar y caracterizar genes causantes de enfermedades genéticas humanas. Es miembro del Instituto de Biomedicina (IBUB), adscrita al CIBERER y consultora del Observatorio de Bioética y Derecho (UB). Cree que la divulgación científica es, todavía, la asignatura pendiente de los científicos.

Sobre este blog

¿Qué somos y adónde vamos? ¿Qué rara combinación de instrucciones nos dirige, nos determina, nos conforma? Los genetistas intentamos saber qué somos los organismos vivos, pero sólo una sociedad bien informada puede ser libre para escoger adónde vamos.

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