A finales del siglo XIX se publica un libro muy curioso. Se titula Planilandia, una novela de muchas dimensiones, y lo firma un teólogo inglés, Edwin Abbot Abbot. Lo original del libro es su trama porque está inspirada en conceptos matemáticos. Abbot nos presenta un mundo compuesto de varios mundos donde en cada uno de ellos reina una dimensión. Así, existe el mundo unidimensional, Linealandia, compuesto por líneas y puntos; el mundo bidimensional, Planilandia, compuesto por polígonos, y el mundo tridimensional, Espaciolandia, como el nuestro, compuesto por cuerpos con volumen. El problema que tienen los habitantes de los mundos con pocas dimensiones es que no pueden concebir la existencia de mundos que tengan más dimensiones que el suyo. ¿Cómo podría una línea, que se arrastra sobre el papel como una culebra, ser capaz de ver con sus ojos una esfera? Para ella, sería físicamente imposible. Su estructura mental, sensorial, no se lo permitiría. Pues bien, a esta capacidad de apreciar el mundo en función de los sentidos que uno tiene, es a lo que denominamos Umwelt. De esta forma podríamos decir que nuestro Umwelt se compone por cinco sentidos (aunque en alguna peli lo suban a seis). Por eso nos resulta muy difícil imaginar cómo viven su vida otros animales que no tengan el mismo Umwelt que nosotros, o sea, que no tengan los mismos sentidos que nosotros, como los murciélagos (que tienen la capacidad de situar objetos en el espacio según cómo reboten sobre ellos las ondas de sonido, ecolocalización), los tiburones y los equidnas (que tienen la capacidad de detectar movimiento a través de analizar los impulsos eléctricos, electrorrecepción) o las abejas (que tienen la capacidad de orientarse manejando la luz polarizada como si fuese una brújula).

El concepto Umwelt es acuñado y desarrollado por Jakob von Uexküll, un biólogo estonio de abundante bigote. Uexküll asume para el campo de la zoología el mensaje que escondía la novela de Abbot, y proporciona a sus contemporáneos una idea muy importante: deberíamos entender cómo es una especie antes de estudiarla, porque su mundo sensorial (al que llama Merkwelt) y su capacidad de interaccionar con el mundo (al que llama Wirkwelt) pueden ser muy diferentes del nuestro. En su libro Cartas biológicas a una dama (1920, editado por Cactus en España en 2004), esto queda muy bien reflejado:

"Incomprensiblemente, interpretamos el mundo físico como el único real solo porque está construido de acuerdo a la base de nuestros sentidos y acciones. Sin embargo, el mundo es una danza infinita de átomos (...) El mundo para una ostra jacobea, por ejemplo, es solo movimiento. Y el mundo para medusa brillante, es solo electricidad. Lo cierto es que no hay un mundo real sino tantos mundos como especies e individuos" (varias páginas, en torno a p.92)

¿Cómo verían la Mona Lisa distintas especies? (Aunque he realizado esta recreación artística basándome en evidencias científicas, podría haber algunas diferencias) 

Este antropocentrismo (es decir, este asumir que el mundo es como nosotros, humanos, lo vemos), Abbot también lo cuela en su novela de una forma muy sarcástica. En un momento, un polígono se encuentra con una esfera de manera que la esfera, que tiene tres dimensiones, puede ver al polígono, pero el polígono, que solo tiene dos, no puede apreciar de la esfera más que a los círculos de las que está compuesta. Polígono lucha, de hecho, contra la sola idea de pensar que hay algo más que su mundo. Entonces Esfera toma a Polígono y le concede la capacidad de la altura, para desde allí arriba observar su mundo. De repente Polígono sufre una revelación, dándose cuenta de que, efectivamente, su mundo estaba limitado por sus propios sentidos, y podía haber algo más, como la altura, que daría lugar sin duda a nuevos mundos y nuevas estructuras, y solicita a Esfera que viajen juntos más allá, a la cuarta dimensión, que, intuye, debe existir. Lo sarcástico es que Esfera, que le ha descubierto un nuevo mundo a Polígono, no acepta que haya un mundo superior al que él conoce:

"Yo: Mi señor, vuestra propia sabiduría me ha enseñado a aspirar a Uno más
grande aún (...). Y lo mismo que nosotros, que estamos ahora en el espacio, miramos abajo a Planilandia y vemos las entrañas de todas las cosas, así también es indudable que hay por encima de nosotros una región más alta y más pura (...), algún espacio aún más espacioso, alguna dimensionalidad aún más dimensionable, desde cuya ventajosa perspectiva miraremos juntos hacia abajo y contemplaremos las entrañas expuestas de las cosas sólidas (...).
Esfera. ¡Puf! ¡Qué tontería! ¡Dejemos esa insensatez! (...)
Yo. Pero vos, señor, me habéis mostrado los intestinos de todos mis
compatriotas en el país de las dos dimensiones al llevarme con vos al país de tres.
¿Qué problema hay, pues, para que llevéis ahora a vuestro servidor en un segundo
viaje a la región bendita de la cuarta dimensión (...)?
Esfera. ¿Pero dónde está el país de las cuatro dimensiones? Yo, yo no lo sé (...). No. No existe tal país. La idea misma de él es completamente inconcebible.
Yo. No inconcebible para mí (...). Tengo ansia, sed de más conocimiento. Es indudable que no podemos ver esa otra Espaciolandia más elevada porque no tenemos en nuestros estómagos ningún ojo. Pero, lo mismo que había un reino de Planilandia, aunque aquel pobre y patético monarca de Linealandia no podía volverse a la derecha ni a la izquierda para apreciarlo, y lo mismo que había al alcance de la mano y rozando mi estructura un país de tres dimensiones, aunque yo, desdichado ciego insensato, no tuviese capacidad para tocarlos ni ojo en mi interior para percibirlo, es también indudable que hay una cuarta dimensión, que mi señor percibe con el ojo interior del pensamiento. Y que debe existir es algo que vos mismo, señor, me habéis enseñado. ¿O es posible que hayáis olvidado lo que vos mismo impartisteis a vuestro siervo?"
(p. 60 de la edición de Seeley & Co.)

Esta idea de un mundo compuesto por varios mundos y de la dificultad de percibir mundos diferentes es preciosa, pero no era nueva. Ya un siglo antes el filósofo Immanuel Kant había expuesto la idea de que el hombre se encuentra limitado por sus sentidos, concluyendo entonces que nunca seríamos capaces de apreciar o conocer el mundo real (al que él denomina noumeno) sino que nos quedaríamos tan solo con sensaciones de ese mundo (lo que él denomina fenómeno). Estas sensaciones Uexküll las extiende aún más, y no solo habla de las sensaciones sensoriales, sino también de la forma diferente que tenemos de apreciar el paso del tiempo en función de los años que viva nuestra especie:

"Hay animales que viven solo un año y otros apenas unos días (...). A estos seres vivos, todos los sucesos les deberían parecer extraordinariamente largos. Así, la bala que sale volando de la pistola parecería estar suspendida en el are. Desconocerían también el crecimiento de los árboles, al igual que nosotros el de las montañas" (editorial Cactus, p. 62)

Y hasta aquí, ¿qué hay de relevante? Todo nos podría parecer bastante obvio. Es obvio que una hormiga no ve el mundo igual que nosotros. Y que un ave, por el hecho de no tener manos con dedos, no puede interaccionar con los objetos igual que nosotros. Pero a veces las grandes ideas son las ideas más sencillas. Lo revolucionario de Uexküll es que nos estaba diciendo que, para ser lo más objetivos posibles a la hora de estudiar a los animales y de compararlos con nosotros, teníamos que ser lo más subjetivos posible, es decir, entender la subjetividad del animal nos permitiría hacer experimentos de forma objetiva. Si no tuviéramos en cuenta esa subjetividad, los investigadores podríamos subestimar las capacidades de los animales. Por ejemplo, podríamos presentar objetos con color a especies animales que no perciben colores. Y si los colores en nuestro experimento fuesen clave para recordar dónde estaba un alimento concreto, como el animal no los ve no encontraría el alimento y nosotros podríamos concluir que "esa especie tiene mala memoria". También podría pasarnos al contrario, y presentar a los animales objetos con estímulos que nosotros no podemos apreciar (como por ejemplo olores o el color ultravioleta), de manera que los animales que sí lo perciben podrían usarlos para dar muy buenos resultados en las pruebas. Recordemos para que Uexküll el Umwelt no es solo equivalente al mundo sensorial, y los mismos errores serían extensibles a emplear elementos para que los animales hicieran conductas que no pueden anatómicamente hacer (como agarrar cosas). La viñeta más abajo nos recuerda lo importante que es esto. Por tanto, he aquí la relevante aportación de Uexküll: antes de diseñar un experimento para investigar la cognición de un animal, recuerda cómo es el Umwelt de su especie.

 La diferencia de <em>Wirkwelt</em> da lugar a que una misma conducta no pueda ser evaluada de la misma forma en todos los animales (Viñeta de fuente desconocida, si algún lector conoce la autoría de la ilustración agradeceré que lo comente)

Para recordar la relevancia del Umwelt en el área de la psicología comparada, que es el área dedicada a comparar las capacidades de distintas especies, el año pasado publiqué un escrito muy breve que os animo a leer. En él defiendo la necesidad de incluir en ese Umwelt lo que denomino Sozialwelt, que sería tener en cuenta la manera en que el animal se relaciona con otros de su especie (ya que no ven el mundo igual los animales gregarios que los animales solitarios, por ejemplo). También defiendo que en las revistas de este campo sería muy útil pedir por defecto un párrafo donde los autores asegurasen que habían tenido en cuenta el Umwelt de la especie en su diseño, para saber cuándo se han tenido todas las precauciones necesarias para no interpretar mal los resultados. El año pasado también salió a la luz el libro donde reuní a más de setenta autores de prestigio en el estudio de la cognición animal para pedirles que relataran en cada capítulo cómo es la especie que estudian habitualmente y cómo conviene adaptar los diseños experimentales a estas características. Esto ayudaría a los investigadores noveles a acercarse a cualquier especie desde un punto de vista ya integrador y subjetivo.

 Uno de los cascos creación de Connolly y McKenzi. Este representa la visión de un tiburón martillo. Copyright: Connolly y McKenzi

Pero si no os apetece leer el artículo o el libro, hay formas más sencillas de ver cómo ven otros animales. Una pareja de artistas muy original, Cleary Conolly y Neil McKenzie, diseñaron lo que ellos denominan "cascos metaperceptuales", los cuales son auténticos cascos que recrean la visión de animales muy diferentes de nosotros, como las jirafas, los camaleones o los tiburones martillo. Otro grupo de autores creó una página web actualmente desaparecida (menos mal que queda el vídeo en YouTube) donde se podía navegar por una plaza parisina siendo una abeja, un águila, un ratón, un gato o un perro. En concreto, el órgano de la visión es interesantísimo en distintas especies, y ha llevado a reflexionar sobre la evolución de las especies en numerosas ocasiones.

Pero ya hablaremos de todo eso. Ahora, de momento, una canción.
Saludos mil, Nereida.

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Nereida Bueno Guerra
Nereida Bueno Guerra

Me cuesta definirme, profesionalmente hablando, porque no me siento representada por una sola materia. De formación soy psicóloga y criminóloga, pero vivo la ciencia de manera interdisciplinar. Eso me ha llevado a trabajar en cárceles y en las sabanas de Tanzania, en aulas y hospitales. Actualmente me adscribo al departamento de Psicología de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde soy la coordinadora académica del área de Criminología.

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Siempre me han caído mal dos ranas viejas que intentan desanimar e imponer una creencia al protagonista del poema «Los encuentros de un caracol aventurero», de Lorca. Os invito a luchar contra esas dos ranas en cada entrada, para que a través del beso divulgativo de la ciencia las transformemos en seres críticos, científicos y curiosos. Para ello hablaremos de todo, pero con especial atención a la psicología, criminología, la evolución y el lenguaje.

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