Entre las filosofías regionales de la ciencia, la filosofía de la biología ha sido la última en despegar. Lo ha hecho con especial fuerza, aunque no ha adquirido todavía un cuerpo coherente de doctrina. Tal provisionalidad obedece a dos razones principales. Una emerge de lo que tiene de biología, disciplina donde resulta difícil hallar reglas de carácter universal. La segunda razón concierne a su dependencia de la filosofía de la ciencia, cuyos fundamentos no terminan de afirmarse. Para entender las dificultades de su desarrollo, según se trasluce en libros recientes, conviene iniciar la andadura por la situación actual de la filosofía de la ciencia, seguir por la filosofía de la naturaleza y recalar en la filosofía de la naturaleza viva. La filosofía de la biología precisa, obvio es decirlo, conocer la situación actual de las ciencias de la vida y los métodos propios de la reflexión metacientífica. Así como saber qué teorías han venido tejiendo la historia de la disciplina. La filosofía de la biología es una subdisciplina de la filosofía de la ciencia encargada del estudio de los presupuestos e implicaciones filosóficas (epistemológicos y ontológicos) de la biología.

 

¿Es la biología una ciencia autónoma o hay que reducirla a la física y a la química? ¿Cuáles son los problemas de la biología que le interesan al filósofo? ¿Habrá que debatir todavía quién tiene razón, si el vitalista o el mecanicista? Para responder a esas cuestiones se publicaron en el decenio de los setenta la Filosofía de la biología, de Michael Ruse, la de D. Hull (Philosophy of Biological Science), B. Rensch (Biophilosophy), F. J. Ayala, T. Dobzhansky (The Philosophy of Biology), R. Bernier y P. Pirlot (Organe et fonction) y quizá la compilación más completa de M. Grene y E. Mendelsohn (Topics in the Philosophy of Biology), amén de la revista History and Philosophy of the Life Sciences. La generalidad de los autores enfocan y solucionan los problemas de acuerdo con su formación de origen (filosofía), con la excepción del Ayala que une a su prestigio en el campo de la genética de poblaciones una sólida cultura humanística. A esos siguió un largo elenco de libros, revistas y artículos con cadencia cada vez más acelerada. Uno de los últimos en sumarse ha sido el libro Biology's First Law: The Tendency for Diversity and Complexity to Increase in Evolutionary, de Daniel McShea y Robert Brandon.

 

Plantean estos últimos una de las cuestiones clave de toda ciencia empírica, que le confiere estatuto epistemológico: la existencia de leyes. En el caso de la física, las leyes de Newton sobre el movimiento trascienden los manuales técnicos para ocupar un sitio en la cultura popular. De acuerdo con la primera, un objeto en movimiento permanecerá en movimiento, a menos que una fuerza externa actúe sobre el mismo (ley de inercia); la segunda, en forma, reza F = ma, y la tercera afirma que «para cada acción existe una reacción igual y opuesta». Pero, ¿cuáles son las leyes de la biología? Biólogos y filósofos de la biología han venido debatiendo esa cuestión durante decenios. Algunos sostienen que en biología no hay leyes, pues las contingencias de las procesos evolutivos reflejarían que las entidades y los procesos biológicos no se atienen a ley necesaria y universal alguna. Para otros, la selección natural constituiría una genuina ley empírica. MacShea y Brandon alegan que han descubierto una ley de fuerza cero para la biología, análoga a la primera ley de Newton. Esa ley de fuerza cero (ZFEL, de «Zero-Force Evolutionary Law»): en todo sistema evolutivo donde exista variabilidad y herencia, en ausencia de selección natural pero en el que otras fuerzas y restricciones operen sobre la diversidad o complejidad, aumentarán en promedio la diversidad y la complejidad. Para muchos no es ley (no cumple las estipulaciones de los enunciados normativos) o cuando menos no lo es de fuerza cero.

 

José María Valderas
José María Valderas

Biólogo por la Universidad de Barcelona, donde se doctoró en filosofí­a, fundó la revista Mente y cerebro durante su etapa de director general de Prensa Cientí­fica, S.A. Ha recibido el premio "European Science Writers Award".

Sobre este blog

Cuando el filósofo aborda la naturaleza humana evoca las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me cabe esperar? ¿qué es el hombre? Kant reduce las tres primeras cuestiones a la última. Aquí prestaremos particular atención a la identidad de la que tratan los neurocientíficos, basada en las sinapsis.

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