El gradualismo de la evolución no está reñido con los episodios de cambio rápido en circunstancias propicias. Así­ lo percibió, entre otros, Steven Jay Gould y lo formuló en su hipótesis sobre lo equilibrios puntuados. Algunos, no obstante, parecen exasperarse ante la parsimonia del mecanismo evolutivo. Y saltan etapas. La Universidad de Harvard reconoció este verano que Marc Hauser, profesor de psicologí­a evolutiva en dicha academia, se habí­a visto obligado a corregir varios artí­culos publicados con anterioridad. Entre ellos, uno que publicó en Cognition en 2002, donde sostení­a que ciertos monos enanos del Nuevo Mundo podí­an aprender a distinguir entre diferentes pautas de vocales y consonantes, lo mismo que nuestros bebés. Ya corrigió, "por incompleto", otro escrito en 2007 en los Proceedings of the Royal Society, donde mostraba que los monos rhesus de Puerto Rico podí­an leer correctamente los gestos humanos.

 

Otros, con más cautela, prefieren ví­as de resultados menos espectaculares, pero más firmes. Buscan en la comunicación animal las raí­ces del lenguaje humano. Los animales se comunican entre sí­ de maneras pluriformes, de las aves a los primates. El contenido del mensaje es bastante conciso: buscan aparearse, alertar sobre alimento o depredadores y expresar el dominio sobre el grupo. A los humanos parece reservado un lenguaje genuino, a través del cual se manifieste la capacidad de usar sí­mbolos abstractos, palabras por lo común, y combinarlos en una variedad ilimitad de significados sobre el pasado, el presente y el futuro.

 

La comunicación aviar, en particular, se nos ofrece como punto de referencia para el aprendizaje vocal, la sorprendente capacidad de los niños para imitar el sonido de los adultos. El aprendizaje vocal lo encontramos en otras especies, como en las ballenas y los murciélagos, si bien los maestros en ese arte son las aves canoras. Nadie hubiera dicho que los pinzones cebra aprenden a gorjear a la manera en que los bebés se inician en el habla. En efecto, unos y otros necesitan un tutor, los juveniles de ambas especies disponen de un perí­odo sensible para el aprendizaje vocal y ambos "chapurrean" (el denominado "subcanto" de las aves canoras) mientras aprenden a vocalizar. Con todo, no podemos atribuir esas semejanzas a una historia evolutiva compartida. Los linajes que condujeron a las aves y a los humanos divergieron hace unos 300 millones de años.
José María Valderas
José María Valderas

Biólogo por la Universidad de Barcelona, donde se doctoró en filosofí­a, fundó la revista Mente y cerebro durante su etapa de director general de Prensa Cientí­fica, S.A. Ha recibido el premio "European Science Writers Award".

Sobre este blog

Cuando el filósofo aborda la naturaleza humana evoca las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me cabe esperar? ¿qué es el hombre? Kant reduce las tres primeras cuestiones a la última. Aquí prestaremos particular atención a la identidad de la que tratan los neurocientíficos, basada en las sinapsis.

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