Se ha achacado parte del retraso español a la división precoz entre ciencias y letras entre nuestros adolescentes. Uno piensa que, bien enseñadas, unas y otras se conjugan inextricablemente. Falta que el profesor aliente la inquietud que todos llevamos dentro. ¿Cuándo nace la afición a la ciencia? Para despertarla, hace ya tiempo, y durante largos años, Scientific American publicó una reseña anual de libros científicos destinados a un público infantil y juvenil. Una idea compartida por otras revistas consagradas a investigadores y docentes.


Ante la crisis de vocaciones científicas se han tomado numerosas iniciativas fuera de España. Y se está estudiando con profundidad el fenómeno mismo del despertar a la ciencia. Por ejemplo, planteándoles un reto. En vez de asistir pasivos en clase, el investigador deja de lado la bibliografía sobre el tema y propone que sean los niños, de ocho a diez años, quienes pongan las preguntas sobre la mesa, avancen una hipótesis, pergeñen el experimento, tomen los datos y los analicen sistemáticamente. ¿Asunto de trabajo? De qué modo las abejas perciben y recuerdan el entorno. Y lo plasman en papel. Toman conciencia de la importancia de su propio trabajo y de lo atractivo que resulta. “Lo que he descubierto, no lo había descubierto nadie”, apostillan. O “la ciencia es divertida y mola, pues creas lo que nadie había creado hasta entonces”.

 

La neurociencia nos enseña que las habilidades inquisitivas aparecen antes. Así, la detección de correlaciones. Mientras aprende la gramática, al oír secuencias de sílabas no sólo percibe la frecuencia con que aparecen determinadas sílabas, sino que necesita además inferir pautas de orden superior dimanantes de tales sílabas. Los niños de cinco meses resuelven ese reto al seguir el recorrido de los sonidos de las sílabas y las pautas visuales asociadas a cada sílaba. A partir de los seis meses, los niños dan un paso más e infieren la razón de causa a partir de determinadas correlaciones. Con los meses, los niños extienden esas inferencias de causalidad a relaciones más abstractas y sutiles. Para comprender su mundo entorno, el niño no se apoya sólo en las correlaciones que van, diríamos, de abajo arriba. Desde edad muy temprana se sirven de intuiciones y expectativas sobre pautas plausibles e implausibles; se hallan profundamente interesados en ellas y quieren conocerlas.

José María Valderas
José María Valderas

Biólogo por la Universidad de Barcelona, donde se doctoró en filosofí­a, fundó la revista Mente y cerebro durante su etapa de director general de Prensa Cientí­fica, S.A. Ha recibido el premio "European Science Writers Award".

Sobre este blog

Cuando el filósofo aborda la naturaleza humana evoca las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me cabe esperar? ¿qué es el hombre? Kant reduce las tres primeras cuestiones a la última. Aquí prestaremos particular atención a la identidad de la que tratan los neurocientíficos, basada en las sinapsis.

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