La técnica es ciencia aplicada para ahondar más en la ciencia básica. La historia nos ofrece dos ejemplos paradigmáticos en lo grande y en lo pequeño. Se nos abrió el macrocosmos con la invención del telescopio. Supimos de la existencia del microcosmos con la invención del microscopio. De hecho, el recorrido de la ciencia en el curso del tiempo ha venido jalonado por la creación de útiles cada vez más poderosos. Recordemos los recientes reacción en cadena de la polimerasa o la  resonancia magnética funcional.

 

Los avances espectaculares que se están registrando en neurociencia se deben en buena medida a esa técnica de formación de imágenes, que nos permite observar el flujo local de sangre en el cerebro mientras el individuo experimenta sensaciones, realiza movimientos o toma decisiones. Pero la resolución alcanzada por la técnica de RMf resulta un tanto desesperante: la resolución espacial es de un centímetro y la temporal es del orden de un segundo. El flujo de sangre a través de una zona cerebral aporta un valor de escasa finura de la actividad de las neuronas promediada en el espacio y en el tiempo, promedios que nos ofrecen información precisa sobre la división del trabajo entre diferentes áreas del cerebro. Pero no nos revelan nada sobre la actividad de cada neurona, ni sobre la cooperación entre neuronas para acometer la tarea en cuestión.

 

Ante tales limitaciones en el desarrollo de la neurociencia, hay (Freeman J. Dyson) quien ve imperioso un nuevo cambio, radical, con el advenimiento de nuevos útiles, que permitan seguir paso a paso las operaciones del cerebro. Y apuntan a una potencial radioneurología. Así como la radioastronomía transformó nuestra visión del universo físico en el siglo XX mediante la revelación de la existencia de la radiación de fondo de microondas, la  radioneurología podría transformar nuestra visión del universo mental en el siglo XXI mediante la revelación de capacidades desconocidas de la mente y sus correlatos cerebrales. Las señales de la radioneurología nos aportarían un registro detallado de la actividad local; un registro con el que pudiéramos empezar a plantear las cuestiones centrales cuya respuesta nos diría qué está haciendo el cerebro. Ahí podría hallarse el punto de partida hacia una profunda comprensión del cerebro y de la mente humana.

José María Valderas
José María Valderas

Biólogo por la Universidad de Barcelona, donde se doctoró en filosofí­a, fundó la revista Mente y cerebro durante su etapa de director general de Prensa Cientí­fica, S.A. Ha recibido el premio "European Science Writers Award".

Sobre este blog

Cuando el filósofo aborda la naturaleza humana evoca las preguntas de Kant: ¿qué puedo saber? ¿qué debo hacer? ¿qué me cabe esperar? ¿qué es el hombre? Kant reduce las tres primeras cuestiones a la última. Aquí prestaremos particular atención a la identidad de la que tratan los neurocientíficos, basada en las sinapsis.

Ver todos los artículos