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Actualidad científica

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    ¿Restaurar la pérdida de audición?

    Experimentos realizados en ratones identifican una proteína cuya estimulación promovería la regeneración de las células sensoriales dañadas por el exceso de ruido o la edad.

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    Pero ¿cómo se forman realmente los planetas?

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    Aquello que comemos puede afectar a nuestros bisnietos

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  • 23/03/2012

Oncología

Ayuno contra el cáncer

Un nuevo estudio explora las ventajas del ayuno en los tratamientos antitumorales.

Science Translational Medicine

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Uno de los principales problemas de los tratamientos antitumorales son sus devastadores efectos secundarios. Hasta el momento ha resultado muy difícil obtener compuestos capaces de atacar de manera selectiva a las células tumorales sin afectar al resto de células sanas del organismo. De hecho, este problema constituye una de las principales trabas en el desarrollo de nuevas terapias antitumorales.

Tradicionalmente, los esfuerzos se han centrado en aumentar, de un modo u otro, la toxicidad de los fármacos en las células malignas. En la actualidad, sin embargo, algunas estrategias apuestan por el enfoque contrario: proteger de manera selectiva a las células sanas de los compuestos antitumorales. En este sentido, numerosos investigadores han centrado sus estudios en el papel protector de la restricción calórica.


El ayuno protege de los efectos secundarios...

Hasta ahora conocíamos las ventajas de la moderación en la dieta: la reducción de entre un 20 y un 40 por ciento de la ingesta calórica protege a una gran variedad de organismos frente al estrés oxidativo y el envejecimiento, y aumenta su longevidad. Esta capacidad de promover una resistencia al estrés llevó a los investigadores a comprobar la eficacia del ayuno para proteger a los pacientes de los efectos tóxicos derivados de la quimioterapia. Aunque efectivo, este no parecía un tratamiento factible en pacientes a los que su propia enfermedad hacía más propensos a la pérdida de peso, como es el caso del cáncer, ya que los estudios señalan que serían necesarios varios meses de restricción calórica para que sus efectos protectores se hicieran evidentes. Los científicos se plantearon entonces unos ciclos de restricción calórica más severa pero de un tiempo limitado. Se trata de una estrategia atractiva, puesto que un ayuno de dos a tres días antes y 24 horas después una sesión de quimioterapia resulta seguro y protege a los animales, y posiblemente también a los humanos, contra sus efectos secundarios.


... y potencia la acción antitumoral de ciertos compuestos

Ahora, un estudio ha demostrado que el potencial terapéutico del ayuno podría ser aún mayor, puesto que este también es capaz de provocar la muerte de las células tumorales. En el trabajo se han utilizado entre 15 y 17 líneas celulares de diversos orígenes y ratones de laboratorio. Han comprobado que ciclos de ayuno de dos días, en ausencia de otros tratamientos, han logrado retrasar la progresión de diversos tipos de tumores en estos animales y, en algunos casos, se han mostrado tan efectivos como la quimioterapia. Además, estos dos tratamientos parecen tener una acción sinérgica, puesto que la combinación de ambos resultó mucho más efectiva que los dos por separado en el freno de la progresión tumoral del cáncer de mama y el glioma, y en la reducción del número de órganos afectados por el melanoma metastásico. En el caso de modelos murinos de neuroblastoma, además, la utilización conjunta de ciclos de ayuno junto con fármacos antitumorales (pero no ninguno de los dos tratamientos por sí solo) aumentaron la supervivencia a largo plazo libre de enfermedad en hasta el 40 por ciento de los ratones utilizados en el estudio.

Experimentos en organismos simples como las levaduras, en células humanas en cultivo, y en ratones indicaron que esos efectos del ayuno fueron causados por cambios intra y extracelulares que provocaron la muerte de las células tumorales pero no de las normales, un proceso conocido como sensibilización diferencial al estrés.


La explicación molecular

Las vías moleculares de supervivencia y de crecimiento son excluyentes las unas de las otras. En apariencia, en las células sanas el ayuno provoca una redistribución de la energía de los procesos de crecimiento y reproducción hacía las vías de supervivencia cuando los nutrientes escasean. Este cambio las protege y sólo tiene lugar en las células normales, no en las tumorales, ya que los oncogenes impiden la activación de la resistencia al estrés. En el cáncer, las mutaciones que le permiten crecer de manera descontrolada e independiente de las señales externas también les suponen un coste: la pérdida de la capacidad de respuesta rápida a determinadas condiciones externas, como la ausencia total de nutrientes. Esta característica de las células cancerígenas proporciona una oportunidad para potenciar el efecto de los tratamientos antitumorales al aumentar la protección de manera selectiva en las células sanas.


En humanos

Los ensayos clínicos en humanos que valoran el efecto del ayuno en los tratamientos antitumorales se encuentran todavía en sus primeras fases, pero los datos preliminares que de ellos se han obtenido sugieren que los ciclos de ayuno pueden aumentar la eficacia de los fármacos y podrían ser tan efectivos como la quimioterapia en la lucha contra células tumorales específicas.

Este estudio sugiere que, mediante el ayuno, podrían obtenerse los mismos efectos terapéuticos con una menor dosis de quimioterapia, lo que reduciría en la misma proporción los efectos secundarios que de ella se derivan.

Más información en Science Translational Medicine

Fuente: Science Translational Medicine