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13 de Mayo de 2020
COVID-19

¿Cómo es el cerebro de un confinado?

El estado de confinamiento tiene el mismo efecto en nuestro cerebro que estar privado de comida: es un ayuno, pero un ayuno social.

Una persona aislada ansía las interacciones sociales de la misma manera que un hambriento anhela la comida. [iStock/ Xesai]

Tu cerebro. Nuestro cerebro. Los cerebros de millones de personas que han estado viviendo en reclusión durante semanas. Finalmente, sabemos un poco más sobre sus características. Y por tanto, a qué atenernos. Los hallazgos llegan de manos del Departamento de Neurociencia y Ciencias Cognitivas del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), según se lee en un artículo prepublicado en bioRxiv.

El estudio parece premonitorio: los resultados se obtuvieron antes de que se produjera el brote del nuevo coronavirus y de que se tomaran las medidas de confinamiento. Los investigadores centraron su trabajo en el aislamiento social. Pidieron a un grupo de voluntarios que pasaran un día en una habitación sin ver a nadie y sin salir. Un día, solo un día corto, pues eran 10 horas. Aun así, ese tiempo de aislamiento fue suficiente para alterar el funcionamiento de sus respectivos cerebros.

El cerebro en el ayuno social

La psicóloga Livia Tomova y otros científicos partieron de la hipótesis de que las situaciones de aislamiento forzoso representan el equivalente al ayuno social; como una privación de alimentos, pero trasladada a las relaciones humanas. Con el fin de comprobarlo, analizaron con resonancia magnética funcional la actividad cerebral de los participantes aislados y la compararon con la de personas que habían guardado ayuno durante todo el día.

Mostraron imágenes de comida a los que se habían abstenido de comer mientras exploraban las reacciones de su cerebro. Los participantes que habían permanecido confinados vieron, en cambio, imágenes de grupos de personas que socializaban, hablaban y pasaban un rato juntas. Los investigadores constataron que en el cerebro de los sujetos que habían ayunado, la observación de alimentos activaba dos regiones del mesencéfalo, el área tegmental ventral y la sustancia negra, donde se alojan neuronas que segregan el neurotransmisor dopamina.

Un encéfalo sobremotivado

Estas vías dopaminérgicas son esenciales para la motivación, ya que nos impulsan a obtener satisfacción a través de comportamientos relacionados con nuestra supervivencia. Comer, en primer lugar, pero también tener relaciones sexuales o adquirir información sobre nuestro entorno. El hallazgo más sorprendente del estudio fue que en las personas confinadas, la visión de los grupos sociales producía exactamente la misma activación cerebral que en las que habían guardado ayuno y observado imágenes de comida: una intensa actividad del área tegmental ventral y de la sustancia negra. Ello apunta a que la motivación para estar en contacto con un grupo de personas es idéntica a la motivación para comer.

Cuando la dopamina escasea

¿Qué conclusiones pueden extraerse de este trabajo? En primer lugar, los sistemas de motivación ligados a las neuronas del área tegmental ventral y la sustancia negra son vitales. Si ayunamos demasiado tiempo, moriremos. Si permanecemos aislados demasiado tiempo, moriremos socialmente. Estudios anteriores con animales han demostrado que tienden a activar estos circuitos de motivación ingiriendo más comida, o incluso tomando drogas si el dispositivo experimental lo permite. Por tanto, el confinamiento pondrá a las personas en riesgo de adicción.

Ello se ha comprobado, al menos, en animales durante las primeras fases del aislamiento social. Cuando la situación se prolonga, el sistema acostumbra a debilitarse. La motivación generalmente disminuye, lo cual es característico de la depresión o de lo que el psicólogo Martin Seligman denomina indefensión aprendida: cuando durante un tiempo prolongado no se consigue lo que se necesita para la vida, se termina por abandonar.

Tú, que vives al otro lado de la puerta

Pero puede haber una salida. Si mantenemos la analogía del ayuno, el aislamiento social también puede considerarse una herramienta de regeneración. Comer menos a veces estimula los recursos ocultos de nuestro cuerpo. De la misma manera, ver menos personas podría estimular nuestros recursos psíquicos. El ayuno social no implica una privación total de las relaciones humanas, sino una restricción. Se trata de volver a centrarse en los pocos congéneres que vemos. Pero eso implica «ayunar» de verdad. Pasar un tiempo realmente solo es probablemente la condición indispensable para comprobar el inmenso valor de una presencia humana, incluso la de quien se encuentra en la habitación contigua.

Sébastien Bohler

Referencia: «The need to connect: Acute social isolation causes neural crarving responses similar to hunger». L. Tomova et al en bioRxiv, artículo publicado en línea el 27 de marzo de 2020.

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