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4 de Octubre de 2018
Psicología social

Cuando la sensibilidad se transforma en altruismo

Los bebés que reconocen el miedo en el rostro de los demás tienden a convertirse en niños altruistas.

Los bebés que muestran una notable sensibilidad ante las caras con expresión de temor suelen ser niños altruistas. [iStock/ Steve Debenport]

El altruismo se considera uno de los requisitos esenciales para la cooperación en las sociedades humanas. Se trata de una conducta social hacia otra persona con la que no se está emparentado ni se mantiene otro tipo de relación cercana y sin que se espere ningún beneficio a cambio. Mas esta tendencia no es igual en todos los humanos, pues si bien en algunas personas resulta particularmente notable (como las que donan un riñón a un desconocido), en otras es un comportamiento extraño (por ejemplo, en los psicópatas antisociales).

Estudios previos ya habían demostrado que las personas más sensibles a las caras que expresan miedo se comportan de manera prosocial, incluso los niños en edad preescolar, pero ¿en qué período de la vida se inicia este comportamiento? Investigadores del Instituto Max Planck de Neurociencia y Cognición Humana en Leipzig y de la Universidad de Virginia en Charlottesville han hallado que la conducta prosocial ya se puede detectar a los siete meses de vida. El trabajo se publica en PLOS Biology

Actividad cerebral diferente

Para su investigación, los científicos llevaron a cabo la prueba de seguimiento de los ojos con bebés de siete meses. En concreto, mostraron a los niños caras que expresaban miedo, felicidad o enojo. Siete meses después, comprobaron si su comportamiento prosocial mostraba una relación con la respuesta que habían presentado en el experimento. Para ello, un investigador dejaba caer un objeto de la mesa y observaba si el niño acudía en su ayuda para recogerlo.

Según constataron, los bebés que se habían mostrado más sensibles ante la visión de rostros con expresión de temor a la edad de siete meses, otros tantos meses después presentaban una conducta más altruista que el resto de participantes. Esta diferencia incluso se reflejaba en la actividad cerebral. Según revelaban los encefalogramas, su patrón de actividad en la corteza prefrontal dorsolateral, área asociada con el control cognitivo, era diferente del de los niños con un comportamiento menos prosocial. Esta  correlación no se halló en el caso de los rostros que manifestaban felicidad o enfado.

«Nuestros hallazgos revelan que ya en el desarrollo temprano se puede predecir la conducta altruista posterior a través de la respuesta ante la visión de personas vulnerables y la actividad cerebral», señala Tobias Grossmann, autor principal del estudio. «Además, ahora sabemos que nuestra reacción a las personas que expresan miedo es un precursor del comportamiento altruista».

Fuentes: Instituto Max Planck y Nature

Referencia: «The neurodevelopmental precursors of altruistic nehavior in infancy», de T. Grossmann, M. Missana y K. M. Krol en PLOS Biology, publicado en línea en septiembre de 2018. 

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