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2 de Junio de 2019
Demografía

¿Cuántos seres humanos ha habido?

Lo más aburrido, que es la respuesta, primero: 108.000 millones de personas son las que alguna vez han vivido sobre la faz de la Tierra (a la altura de 2017; ahora ya son más, claro). Para calcularlo, unos miles de millones arriba o abajo, los demógrafos han tenido que echar mano un poco de la fantasía. ¿Casa todo en esa cifra? 

Cien mil millones de seres humanos nos han precedido [La coronación de la Virgen, o El paraíso, de Tintoretto, primer boceto, Museo del Louvre].

Los escolásticos medievales ya intentaron dar con una respuesta, por preocupaciones de índole práctica: ¿cuántos caben en el cielo? El infierno, ¿se llenará algún día? ¿Cuántos son los elegidos que al final del mundo irán al cielo? Al menos esto último lo respondía su fuente primaria, y con una cifra tan baja que da escalofríos: 144.000 (Apocalipsis 14: 1, 3). Pero 144.000, ¿entre cuántos más?

Una fórmula para calcular el tamaño de la humanidad

Fue el influyente demógrafo canadiense Nathan Keyfitz, fallecido hace unos años, quien abordó matemáticamente la pregunta de cuál es el número de los que han vivido. Su receta es una fórmula en la que entran todas las magnitudes que influyen en la contribución positiva al crecimiento del número de seres humanos; el parámetro principal es la tasa de natalidad humana, que depende de la esperanza de vida de cada generación y del tiempo en que estén activas reproductivamente.

Partiendo del tamaño mínimo concebible de la población (dos, uno de cada sexo) en un instante de tiempo x (sobre esto volveremos más adelante), se llega, con todos esos parámetros y la fórmula, a una curva ascendente de la población de x en adelante. Se pueden entonces integrar matemáticamente las gráficas resultantes para obtener el número de todas las personas que han ido viviendo en cualquier corte temporal. Ni que decir tiene, el diablo está en los detalles que salen al paso en la fórmula de Keyfitz. Los amigos de las matemáticas pueden encontrar en otras partes una explicación de la fórmula y su deducción. Aquí cabe dar en forma de tabla cuántas personas vivían en distintos momentos y su suma según la Oficina de Referencia sobre la Población, una organización estadounidense:

 
Año
 
Población
Nacidos al año por cada mil habitantes
Nacidos (desde el origen)
Porcentaje de todos los nacidos

50.000 a. C.

2

8000  a. C.

5.000.000

80

1.137.789.769

0,4

1 d. C.

300.000.000

80

47.163.122.125

0,6

1200

450.000.000

60

73.754.465.125

0,6

1650

500.000.000

60

86.536.467.578

0,6

1750

795.000.000

50

89.708.399.091

0,9

1850

1.265.000.000

40

93.754.639.100

1,3

1900

1.656.000.000

40

96.654.876.956

1,7

1950

2.516.000.000

31-38

100.045.075.171

2,5

1995

5.760.000.000

31

105.472.380.171

5,5

2011

6.987.000.000

23

107.602.707.793

6,5

2017

7.536.000.000

19

108.470.690.115

6,9

2030

8.563.000.000

16

110.277.285.221

7,8

2050

9.846.000.000

15

113.110.815.203

8,7

Pese a todas las matemáticas exactas, el conjunto no deja de ser una cábala bastante arriesgada, ya que se deben hacer diversas suposiciones sin mucho fundamento. Así, los investigadores intuyen que la población humana de la Tierra no ha ido creciendo siempre de forma paulatina y sin interrupciones, conforme a una curva ascendente expresable matemáticamente de manera sencilla, sino que, según las épocas, unas veces ha aumentado más deprisa y otras más despacio. Y con bastante seguridad, hasta ha disminuido en ocasiones, incluso de forma drástica: por catástrofes naturales o por otras razones, ha tenido que pasar por «cuellos de botella» demográficos.

Es conocida, por ejemplo, la polémica entre los investigadores sobre la erupción del supervolcán Toba, de hace 74.000 años, cuyas consecuencias mundiales debieron de afectar gravemente a la joven humanidad. Como, por lo tanto, no se puede tomar como premisa un crecimiento continuo de la población humana desde los primeros Homo sapiens (de hace al menos, quizá, unos 300.000 años), los calculadores de la población inteligentes recurren a un truco: sitúan ese punto x, en el que vivieron los dos seres humanos que empezaron la producción de descendencia, en un instante lo más «moderno posible»; eligen, en concreto, que el origen fuese 50.000 años antes del principio de nuestra era. Con ello se decreta que la mayor parte del tiempo en que ha habido Homo sapiens (parece seguro que los primeros seres humanos modernos vivieron mucho antes) es irrelevante, ya que no afecta demasiado al resultado final.

Catástrofes y crecimiento vacilante de la población

La población creció al principio muy lentamente: según las fórmulas de Keyfitz y ese punto de partida escogido, entre el 50.000 y el 8000 antes de Cristo (momento en que se calcula que vivían unos cinco millones de personas) nacieron y fallecieron solo mil millones y pico de seres humanos. No muchos más habría que sumar si el punto de partida x se situase más en el pasado (al menos, si la pizca de unos cuantos millones de personas no importa mucho). La mayoría de los paleodemógrafos coincide, en cualquier caso, en que durante toda la Edad de Piedra fueron pocos los seres humanos que habitaron la Tierra. Pero sobre todo es seguro que esos pocos seres humanos vivían poco (la esperanza de vida al nacer era de diez años).

A lo largo de los cientos de miles de años anteriores al principio de nuestra era, en los que se inventó, entre otras cosas, la agricultura, el aumento de la población se aceleró mucho: más y más muertos y vivos hincharon el número total de los seres humanos. Los demógrafos han podido evaluar las tasas de natalidad probables de las épocas siguientes cada vez mejor (aunque no precisamente más allá de toda duda). Piensan que al principio de nuestra era (cuando vivían unos 300 millones de personas) era un asombroso 80 por 1000 (la tasa de natalidad siempre se da en nacidos al año por cada mil personas de la población total); para 1750 había bajado a 50. Como comparación: la tasa de natalidad de Alemania era en 2017 de solo 8,6, y la de España, de 9,2; las tasas de natalidad más altas, las de algunos países africanos, no llegan actualmente a 50, y el promedio es de alrededor de 18.

Por lo tanto, la tasa de natalidad se ha hundido en nuestros tiempos, pese a una esperanza de vida y un período de reproducibilidad mayores y pese a los grandes avances médicos. Pero como la población es mucho mayor que en la Edad de Piedra, la cifra total de los seres humanos que ha habido crece hoy mucho más deprisa que antes. Y por lo tanto hay que hacer una advertencia: las respuestas a nuestra pregunta, por lo demás vagamente calculables, se quedan desfasadas cada vez más deprisa.

Jan Osterkamp

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