17 de Agosto de 2022
Medicina

El aislamiento social y la soledad se asocian a una peor salud cardiovascular

La falta de contactos sociales se relaciona con un mayor riesgo de sufrir ictus y cardiopatía coronaria y de morir por estas dolencias.

Las personas aisladas socialmente, con tres o menos contactos sociales al mes, tienen un mayor riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. [Pixabay/Engin Akyurt]

En un mundo hiperconectado a través de Internet y las redes sociales, la soledad y el aislamiento social en diversas sociedades occidentales son más acuciantes que nunca. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) de 2021 en España, casi 5 millones de personas vivían solas en 2020. El 44 por ciento de ellas tenían 65 o más años. En 2022, una encuesta del Observatorio Estatal de Soledad No Deseada mostraba que el 11,6 por ciento de los participantes se sentían solos con frecuencia o siempre. Todo apunta a que la pandemia ha agravado de manera significativa un problema social que ya iba al alza desde hace años por múltiples factores.

La falta de contactos sociales se asocia a una peor salud física, psicológica y social. La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera que la soledad no deseada es uno de los mayores riesgos para el deterioro de la salud de las personas. Sin embargo, el conocimiento sobre este fenómeno es limitado por el reducido número de estudios al respecto. Una reciente investigación de la Asociación Estadounidense del Corazón (AHA, por sus siglas en inglés) arroja ahora nuevos datos sobre los efectos de la soledad y el aislamiento social en su revista científica. 

El estudio consiste en una gran revisión sistemática de los artículos científicos publicados hasta julio de 2021 sobre la relación entre el aislamiento social (objetivo y percibido) y la salud cardiovascular y cerebral. A partir de la información recopilada, la AHA ofrece el conocimiento más actual y detallado sobre este asunto y determina en qué cuestiones se necesita mayor investigación por falta de datos.

En este estudio se define el aislamiento social, de forma objetiva, como el contacto infrecuente con personas (parejas, amigos, familia o compañeros de actividades grupales...) para establecer relaciones sociales. En cambio, la soledad es el sentimiento de estar solo o de tener menos conexiones con otros individuos de las que le gustaría a la persona; una sensación subjetiva que causa sufrimiento. Aunque ambos conceptos están relacionados y pueden solaparse, son diferentes. De esta forma, personas con pocos o ningún contacto social pueden no sentirse solos. Lo contrario también puede suceder: individuos que, a pesar de tener muchos contactos sociales, sienten una gran soledad.

Los autores encontraron que el aislamiento social y la soledad se asociaban a un incremento del 29 por ciento del riesgo de sufrir o morir por infarto al corazón (provocado por una cardiopatía coronaria) y a un aumento del 32 por ciento del riesgo de sufrir ictus o morir por esta causa. Además, ambos factores también se asociaban con un peor pronóstico en aquellas personas que ya sufrían ictus o cardiopatías coronarias. En concreto, un estudio de seguimiento mostró que las personas con este tipo de enfermedad cardíaca y aislamiento social tenían entre 2 y 3 veces más riesgo de morir en un plazo de 6 años. Los individuos con 3 o menos contactos sociales al mes llegaban a tener un incremento del riesgo del 40 % de volver a sufrir ictus o infartos cardíacos. 

Estos resultados muestran la necesidad de que las autoridades sanitarias y científicas desarrollen, implementen y evalúen intervenciones que mejoren la salud cardiovascular y cerebral de aquellas personas que se sienten solas o sufren aislamiento social. En ese sentido, actividades físicas en grupo integradas dentro de programas más amplios (dirigidos a jubilados, por ejemplo) podrían ser una estrategia útil no solo para paliar la soledad y el aislamiento social, sino también para combatir el sedentarismo y mejorar la salud cardiovascular. Otro enfoque para tratar este problema podría ser la inclusión de herramientas de predicción de riesgo cardiovascular y cerebral en la historia clínica a partir de datos de aislamiento social y de soledad descritos por el paciente, pues a menudo estos determinantes de salud suelen pasarse por alto en la consulta médica.

Sin embargo, existen importantes lagunas de conocimiento sobre qué estrategias podría ser efectivas para paliar este grave problema social. Por ahora, se desconoce qué factor se asocia más a una peor salud cardiovascular y cerebral, si el aislamiento social o la soledad, pues muy pocos estudios han evaluado y comparado ambos problemas sociales. Los autores tampoco encontraron ningún estudio dirigido a paliar el aislamiento social con el objetivo de mejorar la salud cardiovascular. Por otro lado, también faltan datos que aclaren cómo influye el aislamiento social o la soledad sobre la demencia y el deterioro cognitivo o de qué manera impactan sobre la salud de grupos más vulnerables como niños, discapacitados, individuos con escasos recursos económicos o personas de grupos étnicos minoritarios o del colectivo LGTBI.

Aunque los investigadores explican que tanto el aislamiento social como la soledad parecen ser factores de riesgo independiente para una peor salud cardiovascular y cerebral, existe una dispar firmeza de las asociaciones para diferentes efectos sobre la salud. Son necesarios más estudios qué aclaren a partir de qué mecanismos (consumo de tabaco, sedentarismo, dieta no saludable...) el déficit de contactos sociales impacta sobre el corazón y el cerebro para establecer medidas más eficaces frente a ellos.

Esther Samper

Referencia: «Effects of objective and perceived social isolation on cardiovascular and brain health: A scientific statement from the American Heart Association»; Crystal Cené et al. en Journal of the American Heart Association, vol. 11:e026493, publicado en línea, 4 de agosto de 2022.

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