9 de Noviembre de 2021
ARQUEOLOGÍA

El análisis de ADN revela la ascendencia sorprendente de unas misteriosas momias chinas

Los genomas de 13 momias de 4000 años de antigüedad muy bien conservadas, halladas en la cuenca del Tarim, indican que no se trata de migrantes que trajeron tecnologías desde el oeste, como se suponía anteriormente.

Vista lateral de una de las momias del cementerio Xiaohe. [Wenying Li, Instituto de Reliquias Culturales y Arqueología de Sinkiang]

Desde su descubrimiento hace un siglo, cientos de momias conservadas naturalmente y halladas en la cuenca del Tarim, en China, han supuesto un misterio para los arqueólogos. Algunos pensaron que estos restos humanos de la Edad del Bronce pertenecían a migrantes que provenían de miles de kilómetros al oeste, y que habían traído prácticas agrícolas a la zona. Pero ahora, un análisis genómico sugiere que en realidad eran indígenas que pudieron haber adoptado métodos agrícolas de grupos vecinos.

Como informan en Nature, los investigadores han rastreado la ascendencia de estos primeros agricultores chinos hasta los cazadores-recolectores de la Edad de Piedra que vivieron en Asia hace unos 9000 años. Parecen haber permanecido genéticamente aislados, pero a pesar de ello aprendieron a criar ganado y cultivar cereales de la misma forma que otros grupos.

El estudio apunta a «las formas realmente diversas en las que las poblaciones se mueven y no se mueven, y cómo las ideas se pueden difundir tanto con las poblaciones como a través de ellas», dice la coautora Christina Warinner, arqueóloga molecular de la Universidad Harvard en Boston, Massachusetts.

El hallazgo demuestra que el intercambio cultural no siempre va de la mano de los lazos genéticos, dice Michael Frachetti, arqueólogo de la Universidad de Washington en San Luis, Misuri. «El hecho de que esas personas estén comerciando no significa necesariamente que se estén casando o tengan hijos», dice.

Entorno de conservación perfecto

A inicios del siglo xx, las momias empezaron a ser descubiertas en cementerios pertenecientes a la llamada cultura Xiaohe y situados en el desierto de Taklamakan, en la región de Sinkiang de China. El desierto «es uno de los lugares más hostiles de la Tierra», dice Alison Betts, arqueóloga de la Universidad de Sídney.

Aquí, los cuerpos habían sido enterrados en ataúdes con forma de barco envueltos en piel de ganado. El ambiente cálido, árido y salado del desierto los preservó naturalmente y mantuvo todas las partes, desde el cabello hasta la ropa, perfectamente intactas. Antes del último estudio, «sabíamos muchísimo, físicamente, sobre estas personas, pero no sabíamos nada sobre quiénes eran y por qué estaban allí», dice Betts.

Las momias, que fueron enterradas a lo largo de un período de 2000 años o más, datan de un momento significativo en la historia de Sinkiang, cuando las comunidades antiguas estaban pasando de ser cazadores-recolectores a ser agricultores, agrega.

Algunas de las momias posteriores fueron enterradas con telas de lana y ropa similar a las de las culturas que se encuentran en el oeste. Las tumbas también contenían mijo, trigo, huesos de animales y productos lácteos, pruebas de tecnologías agrícolas y pastorales características de las culturas en otras regiones de Eurasia, lo que llevó a los investigadores a plantear la hipótesis de que esas personas eran originalmente migrantes del oeste que habían pasado por Siberia, Afganistán o Asia Central.

Los investigadores del último estudio, procedentes de China, Corea del Sur, Alemania y Estados Unidos, tomaron ADN de las momias para probar estas ideas, pero no encontraron pruebas que las respaldaran.

Secuenciaron los genomas de 13 individuos que vivieron hace entre 3700 y 4100 años y cuyos cuerpos fueron encontrados en las capas más bajas de los cementerios de la cuenca del Tarim en el sur de Sinkiang, así como otras cinco momias de cientos de kilómetros de distancia, en el norte de Sinkiang, que vivieron hace entre 4800 y 5.000 años.

Luego compararon los perfiles genéticos de estas personas con genomas previamente secuenciados de más de 100 grupos antiguos de personas, y los de más de 200 poblaciones modernas, de todo el mundo.

Dos grupos de personas

Descubrieron que los individuos del norte de Sinkiang compartían algunas partes de sus genomas con migrantes de la Edad de Bronce de las montañas de Altai, en Asia Central, que vivieron hace unos 5.000 años, lo que respalda una hipótesis anterior.

Pero las 13 personas de la cuenca del Tarim no compartían esta ascendencia. Parecen estar relacionados únicamente con los cazadores-recolectores que vivieron en el sur de Siberia y lo que ahora es el norte de Kazajistán hace unos 9000 años, dice el coautor Choongwon Jeong, genetista evolutivo y de población de la Universidad Nacional de Seúl. Los individuos del norte de Sinkiang también compartían parte de esta ascendencia.

Se encontró evidencia de productos lácteos junto a las momias más jóvenes de las capas superiores de los cementerios en la cuenca del Tarim, por lo que los investigadores analizaron la placa dental calcificada en los dientes de algunas de las momias más antiguas para ver cuán atrás se remontaba la producción lechera. En la placa, encontraron proteínas de la leche de ganado vacuno, ovino y caprino, lo que sugiere que incluso los primeros pobladores consumían productos lácteos. «Esta población fundadora ya había incorporado el pastoreo lechero en su forma de vida», dice Warinner.

Pero el estudio plantea muchas más preguntas sobre cómo la gente de la cultura Xiaohe obtuvo estas tecnologías, de dónde y de quién, dice Betts. «Eso es lo siguiente que debemos tratar de resolver.»

Smriti Mallapaty/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Referencia: «The genomic origins of the Bronze Age Tarim Basin mummies»; Fan Zhang et al. en Nature, 27 de octubre de 2021.

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