Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

23 de Septiembre de 2019
Calentamiento global

El cambio climático podría reducir la disponibilidad mundial de un ácido graso omega 3 clave para el cerebro

La mayor parte del compuesto tiene su origen último en las algas, las cuales podrían dejar de producirlo. Su carencia se ha asociado a un mayor riesgo de depresión, TDAH y demencia temprana.

mantaphoto/iStock

Los glaciares siguen derritiéndose. El nivel del mar continúa subiendo. Y ahora, los científicos creen que el cambio climático podría acabar poniendo en riesgo algo más: la salud mental de buena parte de la población del mundo. Según un nuevo estudio, el aumento de la temperatura de los océanos causado por el calentamiento del planeta podría hacer que, en 2100, hasta un 96 por ciento de la población mundial sufra déficit de ácido docosahexaenoico, un ácido graso del grupo omega 3 clave para la salud y el funcionamiento del cerebro.

La molécula en cuestión, también conocida como DHA por sus siglas en inglés, es el ácido graso más común en el cerebro de los mamíferos y desempeña un papel clave en la supervivencia y función de las neuronas, sobre todo durante el desarrollo del órgano. Los datos sugieren que la carencia de este compuesto puede aumentar el riesgo de depresión y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), así como afectar a la cognición en personas con demencia temprana.

Nuestro cuerpo apenas produce DHA, por lo que debemos obtenerlo a través de la dieta. Los vegetales y la carne suelen presentar cantidades modestas de ácidos grasos, de modo que la fuente principal de este nutriente es el pescado. A su vez, los peces lo obtienen a través del consumo de algas. En el nuevo estudio, los investigadores advierten de que el aumento de las temperaturas globales podría interrumpir la producción de DHA en las algas y reducir entre un 10 y un 58 por ciento la disponibilidad del compuesto, dependiendo de la región geográfica. Los resultados se han publicado este mes en la revista Ambio.

Los autores usaron datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y del instituto de investigación pesquera Sea Around Us, de la Universidad de la Columbia Británica. A partir de ellos, calcularon qué cantidad de pescado comestible se captura y se cría al año en todo el mundo, así como qué fracción de ese tonelaje contiene grasa con DHA. Por último, empleando datos sobre la manera en que la temperatura influye en la producción de DHA por parte de las algas, los investigadores estimaron la cantidad del ácido graso disponible actualmente en el pescado consumido per cápita, así como como la evolución de dicha cifra de aquí a ochenta años.

Los grandes países del este y el sudeste asiático, como China, Japón e Indonesia, se enfrentarán a las carencias más drásticas de DHA. Y la mayoría de los países africanos, sobre todo aquellos sin costa, también terminarán cayendo por debajo de la ingesta recomendada. Por su parte, aquellas naciones con poca población e industrias pesqueras activas, como Noruega, Chile o Nueva Zelanda, probablemente mantendrán un acceso a niveles adecuados de ácidos omega 3.

«Sobre la base de datos anteriores ya pensaba que el DHA disminuiría», recuerda Stefanie Colombo, profesora de nutrición en acuicultura de la Universidad Dalhousie, en Nueva Escocia, y coautora principal del nuevo trabajo. «Pero me sorprendí y preocupé al ver el declive de DHA per cápita.»

Tom Brenna, profesor de pediatría, química y nutrición humana de la Universidad de Texas en Austin, señala que los nuevos resultados están abiertos a interpretación: «Un intervalo del 10 al 58 por ciento es tan amplio que las consecuencias pueden oscilar entre un inconveniente leve y una calamidad». Sin embargo, el experto da la bienvenida a toda investigación que aborde la disponibilidad mundial de este compuesto.

Brenna, que no participó en el nuevo estudio, también señala que el papel del DHA en la dieta de las personas adultas ha sido objeto de debate durante décadas. Sin embargo, tanto él como la mayoría de los expertos coinciden en que se trata de un nutriente crítico durante el desarrollo cerebral e incluso hasta finales de la adolescencia, y que su influencia en el funcionamiento del cerebro puede variar dependiendo del perfil genético de cada individuo.

Los ácidos grasos omega 3 pueden derivarse de fuentes terrestres como las nueces, algunas semillas y ciertos animales. Sin embargo, en los años setenta, el investigador Michael Crawford, hoy en el Colegio Imperial de Londres, descubrió que el DHA «listo para consumo», como el que se encuentra en el pescado, se incorpora al cerebro en desarrollo con una eficiencia diez veces mayor que el DHA de origen vegetal.

Crawford, pionero en el estudio de la relación entre ácidos omega 3 y salud cerebral, cree que la evolución de nuestro complejo y voluminoso cerebro de primate habría sido imposible sin el DHA. Y también piensa que la reducción en el consumo de ácidos omega 3, derivada de una dieta cada vez más basada en alimentos procesados, explica el aumento en las tasas de trastornos mentales y la disminución del cociente intelectual. La acuicultura marina, como los proyectos que se están llevando a cabo en Japón, podría ser esencial para salvarnos a nosotros mismos y al planeta: «Si las enfermedades mentales continúan aumentando, Homo sapiens estará acabado», predice Crawford. «El 71 por ciento de la superficie del planeta es agua, y la acuicultura marina ayudará a revertir esta tendencia. Si no criamos en el fondo marino y los océanos, la seguridad alimentaria saltará por la ventana.»

Las iniciativas de acuicultura abundan en todo el mundo, incluidas las destinadas a cultivar algas como fuente de DHA. Otros investigadores están empleando la ingeniería genética para desarrollar plantas con una forma del ácido graso más apta para el consumo. Y Richard P. Bazinet, profesor de ciencias de la nutrición de la Universidad de Toronto y coautor del nuevo trabajo, está trabajando para entender la manera en que el DHA se incorpora al cerebro y qué cantidad necesita realmente un cerebro adulto sano.

Colombo confía en que, ante el cambio climático, los científicos idearán nuevas fuentes de DHA. Y planea estudiar la manera en que el calentamiento de las aguas afectará al metabolismo de los peces y a la disponibilidad del compuesto. Sin embargo, la investigadora admite que el resultado no pinta bien: «No creo que sea algo que podamos ignorar. En lo que respecta al calentamiento, no podemos continuar por el mismo camino».

Bret Stetka

Referencia: «Projected declines in global DHA availability for human consumption as a result of global warming»; Stefanie M. Colombo et al. en Ambio, publicado en línea el 12 de septiembre de 2019.

Artículos relacionados

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.