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Actualidad científica

  • 22/06/2018 - DESARROLLO EMBRIONARIO

    Logran modificar la forma de los tejidos embrionarios mediante optogenética

    Con ello se está más cerca de la creación de tejidos biológicos con formas personalizadas, lo que tiene importantes repercusiones en medicina regenerativa.

  • 21/06/2018 - Toxicología

    Abuelos expuestos, nietos afectados

    En ratones, los efectos negativos del bisfenol A, compuesto tóxico presente en botellas de plástico, dentífricos o resinas, se observan más allá de la segunda generación. En concreto, la sustancia podría afectar la vocalización de los descendientes.

  • 20/06/2018 - Genética

    Una levadura desafía al código genético

    Entre las reglas verdaderamente inviolables de la vida está la inmutabilidad del código genético. Bacterias, plantas, personas: los seres vivos construyen sus proteínas siguiendo unas mismas instrucciones, codificadas mediante secuencias de unos mismos grupos de tres letras. Pero siempre hay quien que va por libre.

  • 20/06/2018 - Alimentación

    Alimentos de doble filo

    Los aperitivos ricos en grasas e hidratos de carbono activan de manera intensa las áreas cerebrales de recompensa, lo que los convierte en muy gratificantes.

  • 19/06/2018 - Astrofísica

    Cuando una estrella se cruza con un agujero negro

    Se ha observado por primera vez de forma casi directa la fragmentación de un objeto por un agujero negro y la creación de un chorro de partículas ultraveloces.

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  • 03/06/2018

Paleogenética

El Cáucaso, ¿puente para el protoindoeuropeo?

Nuevos análisis genéticos demuestran que el Cáucaso fue en la prehistoria un crisol genético. Es relevante para la polémica acerca del origen del indoeuropeo.

bioRxiv

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El Cáucaso. El lugar natal del protoindoeuopeo (la lengua hipotética de la que derivarían todas las lenguas indoeuropeas) estaría al norte del Cáucaso (teoría de las estepas) o al sudoeste (la teoría anatólica). [NASA Shuttle Radar Topographic Mission, adaptado por Bourrichon, en castellano por Rowanwindwhistler].

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Quién hablaba el protoindoeuropeo, la forma primigenia de la que derivarían  todas las lenguas indoeuropeas, y dónde es una de las cuestiones más debatidas por lingüistas, arqueólogos y paleogenetistas. Y sigue siendo así pese a que en tiempos recientes casi se ha dado por resuelta. A principios de la Edad de Bronce,  la cultura de la cerámica cordada se habría propagado triunfalmente desde las estepas del este de Europa, colindantes con Asia, hacia Europa Central. Muchas otras cosas hablan a favor de una variante moderna de la vieja teoría de que el protoindoeuropeo era originario de las estepas al norte del mar Negro y del Cáucaso. Pero los partidarios de las explicaciones rivales, las que sitúan el protoindoeuropeo en Anatolia, en la actual Turquía, no se rinden. Su argumento principal, siempre un poco más complicado de lo que sería de desear, recibe ahora un poco de viento de popa por parte de unas nuevas investigaciones sobre viejos genes humanos.

En el repositorio de artículos bioRxiv se ha publicado un estudio, que aún no ha pasado por la revisión por pares, dedicado al paisaje genético prehistórico de la región del Cáucaso. Un equipo numeroso, formado por los paleogenetistas más conocidos, ha analizado extractos de ADN de 45 personas que vivieron allí entre hace 3200 y 6500 años.  Entre otros, y por primera vez, los genes de individuos de la cultura maikop, que construyó sus kurganes (túmulos funerarios) en una región entre las estepas, al norte, y, al sur, la cordillera del Cáucaso, a su vez al noroeste de Anatolia.

Un recordatorio: desde las estepas irrumpieron en Europa y en Asia los descendientes de los yamnaya, o yamna, cuya cultura se solapó con la de la cerámica cordada y que probablemente hablaban protoindoeuropeo. Ni que decir tiene, es posible que ya lo hablasen antes de que, por razones que no están claras, se internasen en Europa. Y es posible que adquiriesen su lengua de alguno de los otros grupos de la zona, dentro de una región lingüística desarrollada a lo largo de los siglos. Esto carecería de importancia para la certeza de la teoría de la estepa, mientras se dé por sentado, como es habitual que implícitamente se haga, que la cordillera del Cáucaso era para las culturas prehistóricas toda una barrera.

Pero esto resulta ahora cuestionable a la luz de esa nueva investigación. Ha visto en los genes de diversos individuos de grupos del norte del Cáucaso, al pie de las montañas, un sorprendente parentesco genético con gentes del sur, pero no con las de las estepas, mientras que, posteriormente, los propios yamnaya de las estepas, esenciales en la propagación del protoindoeuropeo, muestran parentesco con los anatolios (por una u otra ruta de contacto). Parece, concluye el estudio, que el Cáucaso fue más un crisol y puente genético para las culturas de entonces que la frontera geográfica y cultural que se había estando creyendo que fue (aunque la primera derivación del protoindoeuropeo, de una forma arcaica de protoindoeuropeo, sería el protoanatolio y una de las posibles vías que ya se habían propuesto, dentro de la hipótesis de la estepa, por las que aquel llegó a Anatolia habría sido el Cáucaso, si bien quizá tenga más peso la idea de que lo hizo tras un rodeo por los Balcanes, cerca siempre del mar Negro). En tiempos modernos, el Cáucaso es un tremendo mosaico de diferentes familias lingüísticas en estrecha vecindad, pero en distintos períodos, incluso ahora, ha actuado como una verdadera barrera.

Con ello, la patria originaria del indoeuropeo resulta de nuevo estar un poco menos clara, ya que si el Cáucaso no era un obstáculo insalvable para los hablantes, tal y como no lo fue para la mezcla de genes, la hipótesis de un origen anatolio del protoindoeuropeo, aunque modificada, adquiere una mayor verosimilitud.

Y así se cierra un círculo: los rivales de la teoría de la estepa, los partidarios de la hipótesis anatolia y quienes la han afinado en tiempos recientes, localizan el origen del indoeuropeo basándose en análisis lingüísticos, pero con cada nuevo hallazgo han tenido que ir adaptando su tesis y casi han tenido que renunciar a ella. Siempre han defendido que los muy antiguos pioneros del Neolítico, que llevaron la agricultura desde Anatolia hasta Europa miles de años antes del origen de las lenguas indoeuropeas más antiguas, fueron, pese a esa dilación, los verdaderos protoindoeuropeos. Pero de los genes de linajes afines a aquellos neolíticos no queda en Europa Central apenas huella alguna posterior a la Edad del Bronce. Las gentes de la cerámica cordada y del vaso campaniforme los fueron expulsando sin tregua hasta la Edad del Bronce. Y con semejante desaparición casi completa, ¿cómo iba a haberse conservando su lengua?

Sin embargo, puede ocurrir que ambas hipótesis rivales en la pugna sobre el origen del protoindoeuropeo tengan razón en parte: quizá nació realmente en Anatolia (lo que explicaría de modo más sencillo lo temprano y peculiar del protoanatolio, dice el artículo de biorXiv), pero para atravesar después el Cáucaso, desde donde habría viajado hacia las estepas del norte y de ahí, a Europa.

Para el equipo de genetistas, no obstante, la cuestión del origen de la lengua es secundaria. Su propósito era aclarar qué distintos linajes genéticos procedentes del crisol preasiático se habían difundido por el mundo. Hace un par de años se descubrió que linajes primigenios de la Edad de Hielo habían subsistido en el Cáucaso y enriquecido el acervo genético europeo. Ahora, la nueva investigación publicada en bioRxiv ha hallado también indicios de parentesco más singulares, como es el caso de la cultura los maikop, estratégicamente situada en medio de las zonas en litigio en la disputa del indoeuropeo: junto a diversos genes típicamente anatólicos del Neolítico se han identificado en sus individuos muestreados rastros de genes de los antiguos cazadores y recolectores siberianos, y, por lo tanto, indicios de parentesco con quienes poblaron por primera vez América.

Jan Osterkamp / spektrum.de

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Spektrum der Wissenschaft.

Referencia: «The genetic prehistory of the Greater Caucasus», de Chuan-Chao Wang et al, en bioRxiv

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