Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

27 de Febrero de 2019
Climatología

El efecto enfriador de las nubes podría desaparecer en un mundo más cálido

Es posible que las temperaturas ligadas a altas concentraciones de dióxido de carbono dispersasen los bancos de nubes que reflejan una parte apreciable de la luz solar que llega a la Tierra.

Las grandes capas de estratrocúmulos podrían volverse inestables a las temperaturas asociadas a unos niveles de dióxido de carbono atmosférico que triplicasen las actuales [Simon Eugster].

Los bancos de nubes que se tienden a baja altura ante las costas de California, Perú y Namibia están entre los sistemas de enfriamiento más eficientes de la Tierra porque reflejan la luz del Sol hacia el espacio de nuevo. Pero según unas nuevas simulaciones climáticas, las concentraciones crecientes de dióxido de carbono en la atmósfera podrían descomponer esas capas de nubes e intensificar el calentamiento futuro.

Estos hallazgos, publicados el 25 de febrero en Nature Geoscience, revelan una interacción, antes desconocida, entre las nubes y los gases de efecto invernadero: un nivel de dióxido de carbono atmosférico que triplicase, aproximadamente, el nivel actual dispersaría bruscamente las nubes. Bajo el supuesto de que las emisiones siguiesen su curso actual, tal cosa ocurriría en un siglo, más o menos. Las proyecciones indican que eso añadiría ocho grados al calentamiento causado por los gases de invernadero. El clima de la Tierra se parecería al de hace cincuenta millones de años: los cocodrilos nadaban entonces en un Ártico sin hielo y había palmeras muy al norte, hasta en Alaska.

«Es un disparo de aviso sobre el futuro», dice Tapio Schneider, coautor del estudio, que estudia la dinámica de las nubes en el Instituto de Tecnología de California, en Pasadena. «Si no reducimos las emisiones, es posible que haya cambios climáticos muy grandes y muy difíciles de revertir».

Fragmentación

Esas nubes que se unen y forman grandes capas sobre el mar reciben el nombre de estratocúmulos. Reflejan, a escala mundial, entre el 4 y el 7 por ciento de la energía que nos llega del Sol (entre el 30 y el 60 por ciento de la que les llega directamente a ellas). Pero los estratocúmulos frustran los esfuerzos de los modelizadores del clima: cuesta reproducirlos en los programas de ordenador.

La mayoría de los investigadores simplifica los fenómenos de pequeña escala (las nubes, la lluvia, las tormentas, el hielo) para simular con la mayor precisón que se pueda los procesos de gran escala, como son los cambios de la temperatura de la superfice del mar. No hay potencia de cómputo suficiente para manejar situaciones realistas con todos los fenómenos a la vez.

Cuando los investigadores introdujeron unos niveles de dióxido de carbono de 1200 partes por millón, en vez de las 400 actuales, la atmósfera se calentó y las densas capas de nubes empezaron a fragmentarse en nubes más pequeñas e hinchadas. Pasa así porque los estratocúmulos tienen que radiar calor hacia la atmósfera superior para mantenerse; si la atmósfera se vuelve demasiado caliente, los bancos de nubes se dispersan.

«No es una chifladura», dice Andrew Ackerman, investigador de las nubes del Instituto Goddard de Estudios Espaciales de la NASA, en Nueva York. «El mecanismo en que se basa es totalmente verosímil».

Una sorpresa desagradable

Durante muchos años, las nubes han estado siendo la fuente principal de incertidumbre en las predicciones del cambio climático; también en los modelos utilizados por el Comité Intergubernamental sobre el Cambio Climático, como dice Matthew Huber, paleoclimatólogo de la Universidad Purdue, en West Lafayette, Indiana. Significa que muchos modelos podrían estar subestimando el cambio climático futuro.

El modelo propuesto por Schneider y sus colaboradores presenta problemas parecidos, afirma Huber. Aunque los resultados apuntan hacia un mundo más caliente, sigue habiendo bastante incertidumbre en esas predicciones. Algunas de las interacciones a gran escala, entre ellas el intercambio de calor y energía entre los océanos y la atmósfera, se simplificaron, o incluso se prescindió de ellas. Por eso resulta difícil saber los niveles exactos de dióxido de carbono a los que los estratocúmulos se vuelven inestables.

Pero Schneider y otros científicos están intentando enfrentarse a los límites con que tropieza la simulación por medio de programas de ordenador de la atmósfera terrestre. Uno de los métodos recurre al aprendizaje maquinal para enseñar a los modelos climáticos globales a representar mejor las nubes; los entrena con observaciones y simulaciones del mundo real que detallan procesos de pequeña escala. Podría conducir a formas más rápidas y fiables de predecir el clima del futuro.

Predigan lo que predigan esos modelos, hay que prepararse para cambios considerables de nuestro clima, sostiene la meteoróloga Paquita Zudema, de la Universidad de Miami. Cambios así han sido frecuentes en el pasado, dice, «y el trabajo de Tapio señala la forma en que podría ocurrir uno en el futuro».

El estudio sirve de recordatorio de que un mundo más cálido podría depararnos sorpresas, dice Huber. «Y esas sorpresas no son gratas».

Emiliano Rodríguez Mega /Nature News 

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Possible climate transitions from breakup of stratocumulus decks under greenhouse warming», de Tapio Schneider, Colleen M. Kaul y Kyle G. Pressel en Nature Geoscience, volumen 12, páginas 163–167 (2019).

Artículos relacionados

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.