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  • 17/04/2018

Climatología

La circulación atlántica disminuye

La circulación océanica en el Atlántico Norte, que incluye la corriente del Golfo, se ha debilitado entre un 15 y un 20 por ciento con respecto a hace siglo y medio; está en el mínimo de los últimos 1600 años. Si sigue esa tendencia, Europa, el norte de África y Norteamérica sufrirán grandes consecuencias climáticas.

Nature

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Corrientes oceánicas del Atlántico Norte [R. Curry, Woods Hole Oceanographic Institution/Science/USGCRP].

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El sistema de circulación de las aguas oceánicas del Atlántico, elemento crucial de la regulación del clima en el planeta,  se ha debilitado entre un 15 y un 20 por ciento con respecto a 1850 y se encuentra ahora en su mínimo de los últimos 1600 años. Si la tendencia sigue, las condiciones meteoclimatológicas de una amplia región, que comprende Europa, el norte de África y la franja del Sahel a un lado del océano y la costa septentrional de Estados Unidos al otro, sufrirán cambios muy considerables.

Esta es la conclusión a la que han llegado dos investigaciones distintas, ambas publicadas en Nature, la primera realizada por investigadores del University College de Londres y de la Institución Oceanográfica de Woods Hole, y la segunda por científicos del Instituto de Potsdam para la Investigación del Clima, en Alemania, de la Universidad de Princeton y de la Universidad Complutense de Madrid.

El sistema de circulación de las aguas oceánicas, o circulación termohalina, desempeña un papel fundamental en el clima global, en particular su rama I atlántica, que es uno de sus principales motores. Este sistema empuja agua caliente y salada de la Corriente del Golfo hacia el Atlántico Norte, donde desprende calor hacia la atmósfera y caldea Europa Occidental. El agua más fría desciende después a gran profundidad y retrocede hasta la Antártida para volver a alimentar la corriente del Golfo.

Pero la desintegración de los glaciares que rodean el Ártico vierte una cantidad enorme de agua dulce al Atlántico Norte. Este aflujo de agua dulce reduce la salinidad del agua marina superficial, lo que la vuelve más ligera y menos propensa a hundirse hacia las profundidades, y así el sistema se ralentiza.

En el primer estudio, David Thornalley y sus colaboradores han reconstruido la evolución de estas corrientes atlánticas basándose en datos paleooceanográficos, obtenidos, en su mayor parte, de testigos de sedimentos. Han llegado a la conclusión de que las corrientes atlánticas se están debilitando con respecto a las épocas precedentes al final de la «pequeña era glacial», hasta hace al menos 1600 años, finalización que parece haber puesto en marcha la ralentización según su estudio.

En el segundo estudio, que se basa principalmente en la reconstrucción de las temperaturas de la superficie del mar en tiempos recientes por medio de modelos climatológicos y su comparación con los datos reales, Stefan Rahmstorf, Levke Caesar y sus colaboradores han calculado una debilitación del 15 por ciento, como en el primer estudio, pero se habría producido en el período que han estudiado, que es más breve, a partir de 1950, y en correlación directa con el aumento de  los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera.

Como observa Summer K. Praetorius, del Servicio Geológico de Estados Unidos en Menlo Park, en un comentario sobre los artículos, «tranquiliza, al menos desde un punto de vista científico, que los dos estudios converjan en la conclusión de que el sistema de circulación global se encuentra en un estado de debilidad relativa», no obstante las distintas cronologías del fenómeno (a lo largo de más de un siglo en el de Thornalley, en menos de la mitad de ese tiempo en el de Caesar).

La circulación oceánica global. Con la magnitud, todavía relativamente pequeña, del debilitamiento actual de la atlántica, las consecuencias en Europa pueden parecer paradójicas: mayores olas de calor en verano, por un efecto meteorológico relacionado con la presión del aire y la temperatura del agua [Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático].Con todo, concluye Praetorius, aunque el estudio de Thornalley conceda amplio espacio a las fluctuaciones climáticas naturales, continuadas y reforzadas por las antropogénicas, y el del equipo de Caesar atribuya el fenómeno solo a las causas antropogénicas, la posibilidad que indican de cambios notables en adelante en el clima y en las pautas de las precipitaciones a lo largo de todo el hemisferio boreal no tranquiliza precisamente.

Le Scienze

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Le Scienze.

Más información en RealClimate.

Referencia: «Anomalously weak Labrador Sea convenction and Atlantic overturning during the last 150 years», de David J.R. Thornalley et al. en Nature,  556, 227-230 (2018) , y  «Observed fingerprint of a weakening Atlantic Ocean overturning circulation», de L. Caesar et al. en Nature, 556, 191-196 (2018).

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