25 de Marzo de 2021
Neurociencias

La expresión de ciertos genes aumenta tras la muerte

En el tejido cerebral post-mortem, astrocitos y microglía incrementan su actividad, mientras las neuronas se degradan.

El tejido cerebral experimenta importantes cambios después de la muerte. En la imagen, astrocito en cultivo. [Wikimedia Commons]

En las horas posteriores a la muerte, las células gliales permanecen activas en el tejido cerebral, y algunas incluso crecen. Así concluye un estudio publicado en tiempo reciente por la revista Scientific Reports. Dado que los resultados obtenidos en modelos de experimentación animal no son siempre reproducibles en ensayos clínicos, el uso de tejidos humanos recolectados post-mortem constituye una alternativa para el estudio de enfermedades y fármacos. Por ello, resulta esencial conocer cualquier cambio celular o molecular que tenga lugar después del fallecimiento. Ahora, el hallazgo de Fabien Dachet, de la Universidad de Illinois en Chicago, y sus colaboradores permitirá una mejor interpretación de los datos que aporten estas muestras.

En su trabajo, los investigadores compararon la expresión génica de muestras de cuatro personas fallecidas, sin trastornos neurológicos, con la de tejido cerebral fresco, y no dañado, extraído de dos pacientes durante una intervención quirúrgica para tratar la epilepsia. Los resultados mostraron que ambos patrones diferían notablemente, pues muchos productos génicos no se detectaron en el tejido cerebral post-mortem. Asimismo, los autores observaron que los genes que sufrían una mayor degradación participaban en procesos relacionados con la actividad y la transmisión de impulsos eléctricos neuronales.

Dichos genes asociados con la actividad cerebral desempeñan un importante papel en enfermedades neuropsiquiátricas. En consecuencia, los investigadores consultaron bases de datos genéticas y corroboraron que las diferencias entre el tejido fresco y las muestras post-mortem se mantenían, aun cuando estas provenían de pacientes con párkinson, esquizofrenia, autismo o Huntington.

Sin embargo, mientras los genes expresados por las neuronas se degradaban, la expresión de otros 474 relacionados con las células gliales aumentaba, hasta 12 horas después de la muerte. El examen histopatológico del tejido también reveló que con el paso de las horas, los núcleos de las neuronas desaparecían. En cambio, tanto las células de la microglía, como de la astroglía, permanecían activas y se extendían. Ello no sorprendió a los investigadores, ya que las células gliales responden ante cualquier alteración o daño en el tejido cerebral, como el producido por la falta de oxígeno y nutrientes tras el fallecimiento, a fin de repararlo.

Para Dachet y sus colegas, su trabajo no invalida los estudios realizados con muestras post-mortem. Tan solo señala la necesidad de considerar que cuando el corazón se detiene, el cerebro experimenta cambios que pueden afectar a la interpretación de los resultados. Así pues, recomiendan recolectar los especímenes lo antes posible tras el fallecimiento.

Marta Pulido Salgado

Referencia: «Selective time‑dependent changes in activity and cell‑specific gene expression in human postmortem brain», de F. Dachet et al., en Scientific Reports. 11:6078, publicado el 23 de marzo de 2021.

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