5 de Julio de 2022
INMUNIDAD

La rápida evolución de las variantes del coronavirus complica la actualización de las vacunas

Los científicos sostienen que las vacunas contra la COVID-19 deberían renovarse, pero las variantes emergentes y las reacciones inmunitarias impredecibles dificultan su desarrollo.

[narvikk/iStock]

Mientras los países se preparan para una nueva ola de ómicron impulsada por las subvariantes BA.4 y BA.5, crecen los llamamientos para actualizar las vacunas anticovídicas.

Las vacunas existentes basadas en la versión del virus SARS-CoV-2 que surgió en Wuhan a finales de 2019 no están preparadas para las actuales cepas de ómicron. Como consecuencia, solo ofrecen una protección de corta duración contra la infección, aunque parece que ayudan a evitar la enfermedad grave.

Esta semana, un grupo asesor de la Agencia Federal de Fármacos y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) se reunirá para debatir si las vacunas contra la COVID-19 deben actualizarse y, en tal caso, cómo deberán ser.

Muchos científicos, aunque no todos, coinciden en que las vacunas deben renovarse. Pero las variantes que surgen sin cesar y las respuestas inmunitarias difíciles de predecir hacen que no esté nada claro cómo hacerlo.

«Creo que ha llegado el momento. El virus está cambiando, y lo que funcionaba hace dos años puede no funcionar ante las futuras variantes», afirma Meagan Deming, viróloga y experta en vacunas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Maryland. Pero ella y otros científicos advierten de que la actualización de las vacunas no será tan sencilla y no bastará con cambiar el material genético basado en la cepa Wuhan por el correspondiente a ómicron.

Arenas movedizas

La variante ómicron ha alterado el curso de la pandemia y ha generado una serie de subvariantes, siendo las últimas BA.4 y BA.5. Cada una de ellas ha erosionado la inmunidad adquirida por la vacunación y por la infección con cepas anteriores, incluidas las primeras versiones de ómicron.

Por lo tanto, si las próximas vacunas se basan en la ómicron inicial, denominada BA.1, existe la posibilidad de que, cuando se distribuyan a finales de este año, las cepas de ómicron en vigor sean diferentes. «BA.1 es noticia de ayer», afirma John Beigel, médico-científico del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE.UU. (NIAID) en Bethesda (Maryland), que dirige un ensayo de posibles actualizaciones de la vacuna.

También es posible (y probable, según algunos científicos) que surja una variante totalmente nueva en una parte distante del árbol genealógico del SARS-CoV-2. «Me preocupa la enorme atención dedicada a ómicron y la suposición de que continuará con nosotros en el futuro», opina Penny Moore, viróloga de la Universidad de Witwatersrand, en Johannesburgo. «Acumulamos un sólido historial de equivocaciones.»

Como consecuencia de esta incertidumbre, los científicos sostienen que las próximas vacunas anticovídicas tendrán que «desplegar una red amplia»: idealmente, deberán provocar una respuesta inmunitaria que pueda reconocer las variantes pasadas, presentes y futuras. «Lo que buscamos es definitivamente una respuesta lo más amplia posible», apunta Deming.

Mezclar y combinar

La pregunta del millón es cómo conseguir esa amplitud. Moderna, la empresa biotecnológica de Cambridge (Massachusetts) que ha desarrollado con el NIAID la exitosa vacuna basada en ARN mensajero (ARNm), está ensayando una vacuna actualizada que codifica dos versiones de la proteína espícula del SARS-CoV-2: la formulación original y una versión basada en la BA.1.

El 25 de junio, la empresa publicó los resultados del ensayo, en el que se administró esta vacuna bivalente a personas que habían recibido tres dosis de la vacuna Moderna original, y se comparó su respuesta inmunitaria con la observada en personas que recibieron una cuarta dosis de la vacuna original. Los datos anunciados este mes indican que la vacuna actualizada desencadenó respuestas de anticuerpos que fueron un 75 por ciento más potentes contra la variante BA.1 y un 24 por ciento más fuertes contra una variante del SARS-CoV-2 de los primeros meses de la pandemia, en comparación con una dosis extra de la vacuna original. «Se trata de un refuerzo claramente superior», explicó el presidente de la empresa, Stephen Hoge, en una convocatoria de inversores del 8 de junio.

Y la semana pasada, Moderna añadió que la vacuna bivalente generaba anticuerpos que también neutralizaban las variantes BA.4 y BA.5, aunque sus niveles fueran unas tres veces inferiores a los generados contra BA.1. Sin embargo, la empresa no proporcionó una comparación con las respuestas provocadas por una dosis adicional de la vacuna original.

Otros fabricantes de vacunas, como Pfizer-BioNTech, así como Novavax, están ensayando sus propias vacunas basadas en ómicron. En un comunicado de prensa del 25 de junio, Pfizer-BioNTech informaron de que una vacuna basada solo en la variante ómicron BA.1 generó una respuesta de anticuerpos neutralizantes contra la BA.1 que fue entre dos y tres veces más potente que una dosis adicional de la vacuna original; su vacuna bivalente, similar a la de Moderna, provocó respuestas contra la BA.1 que fueron entre 1,5 y dos veces más fuertes. La respuesta ante las subvariantes BA.4 y BA.5 se redujo de forma similar a como lo hizo con la vacuna de Moderna.

Beigel afirma que el ensayo de Moderna demuestra que es el momento de actualizar las vacunas anticovídicas. «Deberíamos alejarnos del prototipo porque la de ómicron parece mucho mejor», afirma.

Pero John Moore, experto en vacunas del Centro Médico Weill Cornell, en Nueva York, se pregunta si las mejoras que ofrecen las vacunas actualizadas suponen realmente una ventaja. «La cuestión sobre la que tienen que decidir los asesores de la FDA es si este modesto aumento es suficiente para justificar el gasto y la complejidad de un cambio de composición», sostiene Moore. «No he visto nada en los datos de Pfizer y Moderna que justifiquen de forma clara un cambio de composición hacia una vacuna a base de ómicron.»

Beigel y sus colaboradores informarán pronto de los primeros resultados de un ensayo financiado por el NIAID que está explorando combinaciones de vacunas basadas en una serie de variantes, entre ellas la ómicron, la beta, la delta y la cepa original. Este ensayo, denominado COVAIL, incluye vacunas de ARNm fabricadas por Moderna y Pfizer-BioNTech, así como un refuerzo experimental a base de proteínas desarrollado por Sanofi en París y GSK en Londres.

Elemento inesperado

Beigel explica que no debemos dar por sentado que la vacuna original es la mejor manera de desencadenar una respuesta contra las cepas anteriores a ómicron. Espera que su estudio arroje luz sobre cuáles son las combinaciones ideales. En otro ensayo se descubrió que el refuerzo de Sanofi-GSK, basado en la variante beta, desencadenó fuertes respuestas de anticuerpos neutralizantes contra todas las variantes, incluidas la BA.1 y la delta. Esto indica que no hay que descartar la variante beta como componente de futuras actualizaciones, apuntan los científicos.

La búsqueda de una formulación renovada también se complica por la posibilidad de que las vacunas basadas en una cepa concreta, como ómicron, no siempre desencadenen una respuesta inmunitaria potente contra esa cepa. Algunos estudios recientes han revelado que, en las infecciones por ómicron contraídas después de la vacunación, vuelven a generarse los mismos anticuerpos desencadenados por las vacunas contra cepas anteriores, en lugar de originarse una respuesta totalmente nueva contra ómicron. Pero aún no está claro si las vacunas actualizadas se comportarán de la misma manera. Los estudios preclínicos con animales de vacunas basadas en ómicron, que muestran una escasa diferencia entre la infección por ómicron y los refuerzos de la vacuna con la cepa original, sugieren que podrían hacerlo, apunta John Moore.

Un fenómeno similar, conocido como impronta (imprinting) inmunitaria, influye en la respuesta de las personas a la vacunación contra la gripe y a la infección, y es responsable de que los niveles de protección varíen de una persona a otra y de un año a otro. Por ello, las autoridades sanitarias intentan adaptar la composición de las vacunas estacionales a las cepas que probablemente se hallen en circulación.

Esta estrategia también tiene sentido en el caso del SARS-CoV-2, comenta Jesse Bloom, biólogo evolutivo del Centro Oncológico Fred Hutchinson, en Seattle. «Podemos suponer que, en general, será mejor disponer de una vacuna lo más parecida posible al virus que está circulando.»

Pero las decisiones sobre la composición de las vacunas contra la gripe se basan en un conocimiento sólido de cómo evolucionan esos virus, apunta Beigel, algo que los investigadores aún no pueden afirmar sobre el SARS-CoV-2. «Conocemos las reglas de la gripe y podemos predecirlas muy bien. Las de la COVID-19, no.»

Ewen Callaway/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

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