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26 de Julio de 2019
Clima

La sorprendente sincronía del calentamiento global

El alcance casi global del calentamiento que experimentamos hoy en día no tiene precedentes en los últimos 2000 años.

El Ártico es una de las zonas del planeta más afectadas por la dinámica actual de calentamiento. [iStock/HRAUN]

La historia climática de la Tierra viene marcada por una serie de intervalos asociados con cambios prolongados a condiciones más cálidas, frías, húmedas o secas. Durante la era común (los últimos 2000 años), las dos épocas climáticas más conocidas son la Pequeña Edad de Hielo y el período cálido medieval (también llamado «óptimo climático medieval» o «anomalía climática medieval»). La primera fue una fase fría que se extendió desde el siglo XVI hasta finales del XIX, mientras que el segundo se refiere a un período cálido y seco ocurrido entre los años 950 y 1250. Mucha gente asume que estos intervalos tuvieron un impacto global, pero en un artículo publicado recientemente en Nature, un equipo liderado por Raphael Neukom, de la Universidad de Berna (y en el que participa Juan José Gómez-Navarro, de la Universidad de Murcia), demuestra que estas y otras épocas climáticas anteriores de la era común tuvieron un alcance mucho menor que el calentamiento actual inducido por el hombre.

Debido a que en general no disponemos de medidas termométricas del aire cercano a la superficie de la Tierra anteriores a 1850, nos basamos en indicadores indirectos (las llamadas variables proxy) para ampliar nuestra perspectiva sobre el clima más atrás en el tiempo. Los árboles de los fríos bosques árticos o alpinos presentan anillos de crecimiento cuyo ancho y densidad de madera refleja las variaciones anuales de la temperatura estival. Y debido a que la composición química del agua de mar depende de su temperatura, los exoesqueletos de los corales contienen un registro geoquímico permanente de los calentamientos y enfriamientos acaecidos en el pasado. Otras fuentes geológicas y biológicas que encierran información sobre la temperatura en su estructura física, material o composición geoquímica son los sedimentos lacustres, el hielo glaciar y los moluscos bivalvos (como las almejas, ostras y mejillones). Todos ellos sirven también como «paleotermómetros» que registran las temperaturas desde hace cientos o miles de años.

Los investigadores han usado toda esta información para componer un detallado retrato global de las temperaturas superficiales a lo largo de los últimos dos milenios. Su trabajo se cimienta en la base de datos PAGES 2k, una compilación de indicadores indirectos de la temperatura creada por la comunidad científica y que incluye casi 700 registros de árboles, hielo, sedimentos, corales, depósitos de cuevas, pruebas documentales y otras fuentes. El hecho de que esta base de datos incluya tanta información ha ayudado a los autores a trazar la extensión geográfica de las condiciones inusualmente cálidas o frías a lo largo del planeta año a año.

Los investigadores han hallado que, aunque la Pequeña Edad de Hielo fue la época más fría del pasado milenio, el momento en que se alcanzaron las temperaturas más bajas varía de un lugar a otro. Dos quintas partes del planeta sufrieron las condiciones más frías a mediados del siglo XIX, pero en otras regiones el frío más intenso llegó varios siglos antes. E incluso en el momento álgido del período cálido medieval, solo el 40% de la superficie de la Tierra alcanzó temperaturas máximas al mismo tiempo. En este sentido, el calentamiento global de hoy en día no tiene precedentes, ya que el período más cálido de la era común ocurrió a finales del siglo XX en el 98% de la superficie del planeta; el análisis de los autores no comprende el calentamiento continuado de principios del siglo XXI, porque muchos de sus registros indirectos datan de hace más de dos décadas.

En 2005, los paleoclimatólogos John Matthews y Keith Briffa advirtieron de que la Pequeña Edad de Hielo no podía considerarse un «período frío ininterrumpido y simultáneo a nivel global». Estos nuevos resultados sin duda apoyan su punto de vista. Y es una conclusión de la que podemos fiarnos, porque el equipo de Neukom llevó a cabo una exhaustiva serie de experimentos para confirmar que sus hallazgos no dependen de las herramientas estadísticas concretas que emplearon para relacionar el conjunto de indicadores indirectos con las mediciones de la temperatura.

Desgraciadamente, es probable que las limitaciones inherentes a los propios indicadores aún nos impidan comparar entre sí los distintos intervalos cálidos o fríos de la era común. Los registros de los anillos de árboles, la variable más usada en la base de datos PAGES 2k, a veces no son fiables a la hora de registrar cambios climáticos lentos, producidos a lo largo de varios siglos o períodos aún más largos. Además, otros indicadores —en particular, los registros de sedimentos marinos y lacustres— exageran las variaciones producidas en escalas temporales de varias décadas o siglos. Por tanto, aún no está claro hasta qué punto podemos comparar las temperaturas globales a lo largo de este lapso de 2000 años.

En escalas temporales de una o varias décadas, tenemos una mayor certeza de cómo y por qué se calienta o se enfría la Tierra. En otro artículo publicado en Nature Geoscience, Neukom y sus colaboradores demuestran que, en el período preindustrial (entre los años 1300 y 1800), las grandes erupciones volcánicas (o su ausencia) fueron el factor principal detrás de los enfriamientos (o calentamientos) que persistieron durante varias décadas. Las variaciones en las concentraciones de los gases de efecto invernadero tuvieron un efecto más pequeño, aunque también detectable. Los investigadores no hallaron indicios de que las variaciones en la producción energética del Sol influyeran en la temperatura media global durante los mismos períodos de tiempo.

En general, los modelos climáticos basados en la física reproducen de manera precisa las estimaciones de la historia de nuestro clima durante el pasado milenio que se obtienen a partir de los indicadores indirectos. Sin embargo, estos modelos sobrestiman el enfriamiento causado por las dos mayores erupciones volcánicas de la era común: las de los volcanes Samalas (en el año 1257) y Tambora (1815) en Indonesia. Esta discrepancia implica que no podemos estar seguros de la intensidad del enfriamiento que causaría una erupción similar en el futuro.

La conocida máxima de que el clima siempre está cambiando es indudablemente cierta. Pero incluso si ampliamos nuestra mirada hasta los primeros días del Imperio Romano, no podemos distinguir ningún evento que sea remotamente equivalente, ni en intensidad ni en alcance, al calentamiento de las últimas décadas: el clima de hoy se distingue por su tórrida sincronía global.

Scott St. George/Nature

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencias: «No evidence for globally coherent warm and cold periods over the preindustrial Common Era», Raphael Neukom et al. en Nature, vol. 571, págs. 550-554, 24 de julio de 2019; «Consistent multidecadal variability in global temperature reconstructions and simulations over the Common Era», Consorcio PAGES 2k en Nature Geoscience, 24 de julio de 2019.

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