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9 de Septiembre de 2015
Psicologia

La tristeza altera la percepción de los colores

Las personas tristes no distinguen bien los tonos amarillos y azules.

Nuestro estado de ánimo influye en la capacidad de reconocer los colores: si estamos tristes, nos cuesta más distinguir los tonos amarillos, señalan los investigadores. [Thinstock/ Shunsuke Yamamoto Photography]

Las emociones influyen en la percepción del color. Según ha confirmado en fecha reciente un equipo dirigido por Christopher Thorstenson, de la Universidad de Rochester, las personas tristes muestran dificultades para reconocer los colores amarillo y azul. Hasta ahora se sabía que la tristeza provoca que no podamos distinguir tan bien los contrastes, de ahí que se diga que las personas afligidas tienden a ver el mundo «de color gris».

Ni azul ni amarillo

Los investigadores dividieron 127 estudiantes en dos grupos. A unos les invitaron a ver una película dramática, que afligía a los espectadores; a otros (probandos de control) les proyectaron una comedia cuyo contenido divertía y alegraba al público. Al final, mostraron 48 manchas de color a cada uno de los participantes. Se les pidió que indicaran si se trataba de un rojo, verde, amarillo o azul.

Los estudiantes que habían visto el largometraje dramático mostraban más dificultades para identificar el color correcto, aunque ello sucedía solo si se trataba de manchas amarillas o azules. Ante el rojo o verde no manifestaban ninguna diferencia en su capacidad de distinguir los colores. Un experimento posterior con otros 130 participantes y en el que los probandos de control veían un salvapantallas con una imagen neutra, en vez de una película divertida, confirmó los resultados.

Aunque los autores desconocen cómo se origina este efecto, sospechan que los neurotransmisores desempeñan una función relevante en ello. Según se ha constatado en algunos estudios, la dopamina interviene de manera destacada en la distinción del espectro del color azul y del amarillo.

Más información en Psychological Science

Fuente: Daniela Zeibig /  Spektrum.de

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