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10 de Enero de 2020
ETOLOGÍA

Las hormigas más veloces del Sáhara

Su morfología corporal y la sincronización de sus movimientos de marcha les ayudan a recorrer casi un metro por segundo.

Hormigas plateadas del Sáhara (Cataglyphis bombycina) en el desierto de Douz, en Túnez. Sus rápidos movimientos les permiten abandonar poco tiempo su refugio sombreado bajo la arena para ir a buscar alimento. [Harald Wolf, Universidad de Ulm]

Las hormigas presentan numerosas aptitudes: un eficiente sistema de comunicación mediante feromonas, una elevada especialización de los individuos, la capacidad de cooperar con otras especies y, más en general, una organización social compleja y bien regulada que les permite realizar tareas difíciles de forma colectiva. Además, algunas especies han desarrollado otra habilidad: la velocidad de desplazamiento. Es el caso de la hormiga plateada del Sáhara, Cataglyphis bombycina, una hormiga que puede alcanzar velocidades sorprendentes en la arena. Un equipo dirigido por Sarah Pfeffer, del Instituto de Neurobiología de la Universidad de Ulm, ha medido su velocidad y ha estudiado con precisión el modo en que se desplaza, que explica en gran parte este elevado rendimiento.

La hormiga plateada, la más rápida del Sáhara, puede alcanzar velocidades de hasta 855 milímetros por segundo. Esto corresponde a una velocidad de 108 veces su tamaño por segundo, lo cual es casi inigualable en el mundo animal (aunque cierta especie de ácaro alcanza 370 veces su tamaño por segundo; los humanos, en cambio, alcanzamos una velocidad máxima de unas 5 veces nuestro tamaño por segundo). Estas velocidades extremas se han observado en Túnez, en el entorno natural de las hormigas, durante el verano y en mitad del día, cuando la temperatura de la arena ascendía hasta 60 °C. Pero cuando los investigadores realizaron mediciones en su laboratorio en Alemania, a una temperatura de 10 °C, observaron velocidades muy inferiores: solo 57 milímetros por segundo.

El aumento de la velocidad de desplazamiento con la temperatura hace pensar que las hormigas han desarrolado esta capacidad para adaptarse a las condiciones extremas de los desiertos cálidos: el aire ardiente a nivel del suelo las obliga a optimizar los movimientos para llevar a cabo sus tareas lo más rápidamente posible y a refugiarse con regularidad para refrescarse a la sombra bajo la arena o en lo alto de las plantas que se elevan sobre el suelo.

Las limitaciones climáticas han contribuido a la selección de características morfológicas y de comportamiento específicas en Cataglyphis bombycina. El equipo de Pfeffer se sorprendió primero por el reducido tamaño de su cuerpo y, en particular, de las patas, que son un 20 por ciento más cortas que en otras especies afines. De hecho, los animales rápidos suelen poseer patas largas que les permiten alargar el paso. Los investigadores creen que el tamaño pequeño del cuerpo tiene la ventaja de reducir la masa de los individuos, y que las extremidades cortas presentan un bajo momento de inercia, todo lo cual disminuye la energía que se consume en cada zancada.

Pero ello no basta para caminar rápido. Las hormigas del Sáhara muestran también un alto ritmo de marcha: los investigadores han medido hasta 45 pasos por segundo. Además, a las velocidades más altas, cada pata permanece en el suelo solo 7 milisegundos antes de volver a despegarse de él. Por último, estas hormigas exhiben una locomoción particular a altas velocidades: posan las patas en el suelo en grupos de tres, formando un trípode, alternativamente y de manera muy sincronizada. Según Pfeffer y sus colaboradores, este ajuste preciso de la marcha favorece una buena distribución de la masa de las hormigas que, con su bajo peso, les permite hundirse menos en la arena y limitar así la pérdida de energía debido a la alta viscosidad de este medio granular. En la arena ardiente, las hormigas eligieron correr en lugar de huir de ese medio. 

Lucas Gierczak

Referencia: «High-speed locomotion in the Saharan silver ant, Cataglyphis bombycina». Sarah E. Pfeffer et al. en Journal of Experimental Biology, vol. 222, art. jeb198705, octubre de 2019.

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