28 de Enero de 2021
Psicología

Las mentiras se reflejan en nuestra mímica

De manera inconsciente, la coordinación del lenguaje corporal del mentiroso y el mentido aumenta con la dificultad del embuste.

 

Cuando mentimos, coordinamos nuestros gestos con los del interlocutor. [iStock/fotokraftwerk]

En la búsqueda de la esencia de la mentira, la ciencia se centra sobre todo en la persona que emite el engaño. Pero ¿y si la clave radica en la interacción entre dos personas? Un equipo dirigido por Sophie van der Zee, de la Universidad de Róterdam, ha analizado el lenguaje corporal de unos participantes en el momento de mentir o de decir la verdad. Según los resultados, tanto las mentiras simples como las más elaboradas se diferencian de las afirmaciones verdaderas, pero no verbalmente, sino de forma completamente diferente. Los resultados se publican en Royal Society Open Science.

Los investigadores invitaron a más de 80 estudiantes a su laboratorio para que dijeran mentiras más o menos complejas. En primer lugar, solicitaron a algunos que hicieran trampas al resolver un rompecabezas (les pasaron la solución) y les pidieron que lo negaran después ante los otros sujetos. Era la mentira fácil. A continuación, debían explicar el desarrollo de un juego de mesa (Cluedo) en el que, en realidad, no habían participado. Se trataba de una mentira más difícil. Para dificultar aún más la mentira, algunos tuvieron que contar la historia empezando por el final (mentira compleja). Durante este proceso, unos sensores colocados en la cabeza, el torso y las muñecas de los ambos sujetos que hablaban registraban sus movimientos.

¿Resultado? En la descripción del juego inventado y, sobre todo, durante el relato «desde el final», los movimientos de la persona que mentía y de la que era mentida se asemejaban más que durante una información veraz. Pero la situación cambiaba durante la mentira simple: en ese caso, los sujetos se movían de forma menos sincronizada que durante las declaraciones veraces. La sincronía no verbal se manifestaba en el movimiento de la cabeza, la parte superior del cuerpo y las manos. En este caso, la mano derecha del mentiroso reflejaba el gesto de la mano izquierda del mentido, y viceversa.

¿Es posible que los sujetos prestaran mayor atención a su interlocutor durante las mentiras difíciles? Con el objetivo de comprobarlo, el equipo pidió a unos participantes que prestaran especial atención al comportamiento no verbal de la otra persona cuando mentía; solicitaron a otros que se concentraran en las palabras de su interlocutor, y no dieron instrucciones a un tercer grupo. Sin embargo, esas circunstancias no mostraron ninguna diferencia. Con independencia de la orden que habían recibido, los sujetos volvieron a imitar más a su contraparte en las mentiras difíciles y menos en las simples que en las informaciones verdaderas. Así pues, el lenguaje corporal no refleja la veracidad del discurso, sino el grado de dificultad que entraña explicar algo falso.

El piloto automático entra en acción

«El mimetismo aumenta con el esfuerzo mental, porque el control del comportamiento interpersonal se torna cada vez más automático», escriben los autores. La imitación no verbal se produce en gran medida de forma inconsciente. Incluso en las entrevistas de seguimiento de los participantes del estudio, nadie indicó que había imitado de forma consciente a su interlocutor.

Al mentir, muchas personas intentan controlar sus movimientos para no delatarse. No obstante, mientras en las mentiras sencillas somos capaces de «frenar» el mimetismo natural, en las complejas disminuye esa capacidad. Según concluyen los autores, los resultados confirman el supuesto de que las personas recurren a procesos automatizados (como la imitación) cuando están sometidas a una carga cognitiva.

Christiane Gelitz

Referencia.«A liar and a copycat: nonverbal coordination increases with lie difficulty». S. Van der Zee et al., publicado en línea en Royal Society Open Science el 13 de enero de 2021.

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