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  • 12/06/2013

NEUROIMAGEN

Leche materna para el cerebro

Observan un mayor desarrollo de la sustancia blanca en los niños amamantados.

NeuroImage

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Las imágenes por resonancia magnética tomadas mientras los niños dormían mostraron que los sujetos amamantados durante al menos tres meses presentaban un crecimiento mayor en determinadas áreas del cerebro en comparación con los alimentados con leche artificial o una combinación de ambos tipos de leche. Las imágenes muestran el desarrollo de la mielina según la edad. [Advanced Baby Imaging Lab / Universidad de Brown]

La leche materna propicia un mejor desarrollo del cerebro del bebé. Así lo afirma un reciente estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Brown a partir de las neuroimágenes obtenidas de la estructura y composición cerebral de 133 niños con edades comprendidas entre los diez meses y los cuatro años.

Mediante la técnica de imagen por resonancia magnética (IRM), el equipo de la Universidad de Brown halló que, a los dos años, los niños que habían sido alimentados solo con leche materna durante al menos tres meses presentaban un mayor desarrollo en ciertas áreas del cerebro en comparación con los bebés que habían recibido leche de fórmula o una combinación de leche artificial y materna. Este crecimiento adicional fue más pronunciado en regiones cerebrales relacionadas con el lenguaje, la función emocional y la cognición.

Esta no es la primera investigación que sugiere que lactancia materna potencia el desarrollo cerebral. Estudios anteriores sobre comportamiento habían relacionado este tipo de lactancia con resultados cognitivos positivos en adolescentes mayores y en adultos. Pero, según explica Sean Deoni, director del Advanced Baby Imaging Lab de la Universidad de Brown y autor principal del estudio, esta es la primera investigación que refleja a través de neuroimágenes las diferencias cerebrales relacionadas con la lactancia materna en niños sanos y muy pequeños. «Queríamos ver cuán pronto suceden los cambios en el desarrollo del cerebro. Descubrimos que estos cambios aparecen de manera inmediata», añade.

Más materia blanca

Deoni y sus colaboradores aplicaron la técnica IRM en el cerebro de los bebés mientras dormían. Analizaron la microestructura de la sustancia blanca (tejido que contiene fibras nerviosas extensas y que posibilita que las diversas regiones cerebrales se comuniquen entre sí); en concreto, se centraron en la cantidad de mielina (material que recubre y aísla dichas fibras nerviosas y que facilita una rápida propagación de las señales eléctricas en el cerebro).

Todos los probandos experimentaron un período de gestación normal y procedían de familias con una situación socioeconómica similar. Se les agrupó según el tipo de alimento que habían recibido durante al menos tres meses. Así, los científicos contaron con tres grupos de sujetos: los que habían sido amamantados, los que habían tomado una combinación de leche materna y de fórmula y, finalmente, los que solo fueron alimentados con esta última. Por otra parte, los investigadores compararon a los probandos de más edad con los más pequeños para establecer trayectorias de desarrollo de la materia blanca en cada grupo.

Según descubrieron, de los tres grupos, los niños alimentados con lactancia materna presentaban el crecimiento más rápido de la sustancia blanca. El grupo que recibió una combinación de leche materna y de fórmula también mostró un mayor crecimiento de la materia blanca que el grupo de niños exclusivamente alimentados con leche de fórmula, pero esta diferencia intergrupal fue menos pronunciada.

«Hemos descubierto que la diferencia [en el desarrollo de la materia blanca] es del orden de entre el veinte y el treinta por ciento entre los bebés alimentados con leche materna y los niños que no fueron amamantados. Me parece asombroso que pueda haber tanta diferencia tan pronto», destaca Deoni.

Beneficios motores y cognitivos

Con el fin de confirmar los datos obtenidos a partir de las neuroimágenes, los científicos llevaron a cabo una serie de pruebas cognitivas básicas con los niños de más edad. El ensayo reveló que los sujetos que habían gozado de la leche materna presentaban un mayor rendimiento del lenguaje, de recepción visual y del  control motor.

Por último, examinaron los efectos de la duración de la lactancia materna. Para ello compararon el desarrollo del cerebro de los bebés amamantados durante más de un año con el de los que mamaron leche de la madre durante menos de un año. Descubrieron que los primeros presentaban un desarrollo más destacado, en especial en las regiones del cerebro vinculadas con la función motora.

En opinión de Deoni, estos resultados se suman a un creciente cuerpo de investigaciones que constatan asociaciones positivas entre la lactancia materna y la salud del cerebro de los pequeños.

Más información en NeuroImage

Fuente: psiquiatria.com/ Universidad de Brown

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