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  • 28/11/2014

Mineralogía

Lonsdaleíta, el mineral que no existe

Un nuevo análisis de su red cristalina pone en entredicho el origen natural de este material.

Nature Communications

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El cráter Barringer, en Arizona, es el lugar en el que se descubrió por primera vez la existencia de la lonsdaleíta. [Wikimedia Commons]

Durante 50 años, los geólogos han hablado de la lonsdaleíta, un alótropo hexagonal del carbono, como un «supercristal» con propiedades excepcionales que lo convierten en uno de los materiales más duros presentes en la naturaleza. Ahora, un grupo de investigadores liderado por Péter Németh, de la Academia de Ciencias de Hungría, afirma que este mineral no sería otra cosa que una forma común de diamante con una estructura cristalina aplastada.

La historia de este cristal se remonta a 1967, año en que fue identificado por primera vez en las muestras geológicas del cráter Barringer, originado tras el impacto del meteorito Canyon Diablo y ocurrido hace unos 50.000 años en el norte de Arizona. Durante el análisis, los científicos se percataron de la presencia de un nuevo mineral, parecido al diamante pero con estructura hexagonal, que fue llamado lonsdaleíta en honor a la cristalógrafa Kathleen Lonsdale.

Desde entonces, la presencia del material ha sido utilizada en astrogeología como marcador de los cráteres de impacto asteroideo, incluidos los relacionados con la teoría de la extinción de masa de los meteoritos. Posteriormente, se comprobó que presentaba propiedades mecánicas superiores a las del diamante, lo que permitió utilizarla en diferentes aplicaciones industriales.

Con todo, el mineral nunca había sido encontrado en estado puro. Ahora, gracias al nuevo estudio, Németh y sus colaboradores han desvelado el enigma. Según sus resultados, la lonsdaleíta es un diamante «viciado», esto es, presenta una deformación cristalina que se produce bajo condiciones extremas, como las que se dan durante el impacto de un meteorito en la Tierra, en las que el cristal adquiere plasticidad y asume su aspecto típico.

De hecho, un análisis al microscopio electrónico ha permitido reconstruir la estructura química de las muestras halladas en el cráter de Arizona. Según se lee en un artículo publicado en la revista Nature Communications, la mayoría de los cristales presenta un patrón regular, aunque pueden observarse interrupciones en su esquema geométrico que, según el equipo de investigadores, son las responsables de su forma y propiedades características.

Los mismos responsables del estudio aseguran que el hallazgo no dejará indiferente a la comunidad científica, cuyos estudios anteriores, tanto teóricos como experimentales, deberán ser revisados.

Más información en Nature Communications.

—IyC

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