Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

18 de Septiembre de 2020
Edición genética

Los «bebés CRISPR» siguen comportando demasiados riesgos

No se ha demostrado que la modificación del genoma de los embriones humanos sea segura y eficaz, alerta un grupo de expertos.

Se podrían modificar los embriones humanos (en la imagen) para corregir los genes que provocan enfermedades. [Wikimedia Commons]

La corrección de genes (gene editing) en los embriones humanos podrá impedir un día que los hijos hereden de los padres algunas enfermedades genéticas graves. Pero, por ahora, esta técnica entraña demasiados riesgos y no debería utilizarse en ningún embrión que se vaya a implantar, según un comité internacional de expertos. Es más, incluso cuando la tecnología esté madura, al principio debería restringirse a casos muy concretos.

El pasado 3 de septiembre se publicó un informe con las recomendaciones elaboradas por expertos de diez países convocados por la Academia Estadounidense de Medicina, la Academia Estadounidense de Ciencias y la Sociedad Real británica. El documento reúne una gran cantidad de información recabada recientemente en contra del uso clínico de la corrección de genes hasta que se resuelvan los problemas de seguridad y el público tenga la posibilidad de opinar sobre las implicaciones éticas y sociales.

Richard Lifton, rector de la Universidad Rockefeller en la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, y copresidente de la comisión, indica que «hoy día, esta tecnología no está lista para el uso clínico». En el informe se revisa la corrección de genes heredables desde el punto de vista científico y técnico, pero no las cuestiones éticas, y se defiende la formación de un comité internacional que evalúe los avances de esta tecnología y asesore a los grupos consultivos y reguladores nacionales sobre su seguridad y utilidad.

La comisión se formó después de que el biofísico chino He Jiankui conmocionara al mundo en 2018 al anunciar que había modificado embriones humanos que luego había implantado para que los niños resultantes fueran resistentes a la infección del VIH. El trabajo, que recibió una condena generalizada de los científicos y sentencias de cárcel para He y dos de sus colegas, condujo al nacimiento de dos bebés con el genoma modificado.

Cambios indeseados

Aunque las tecnologías de corrección del genoma, como la CRISPR-Cas9, lo modifican con bastante precisión, se ha visto que generan algunos cambios indeseados en los genes, lo que tendrá consecuencias diferentes en distintas células del mismo embrión.

Haoyi Wang, biólogo del desarrollo en el Instituto de Zoología de la Academia China de Ciencias en Pekín y miembro de la comisión, afirma que podrían pasar años antes de que desaparezcan estas dificultades. También nos dice que hay que mejorar los métodos para secuenciar a fondo un genoma humano célula a célula, de tal forma que se puedan buscar con todo detalle los cambios genéticos indeseados de un embrión modificado.

El informe también recomienda que si, después de un debate exhaustivo con el público, determinadas naciones deciden que ya están listas para seguir adelante con las modificaciones genómicas heredables, la puesta en práctica debería empezar circunscrita a las enfermedades genéticas graves que están provocadas por variaciones en el ADN de un único gen. Incluso así, se debería utilizar solo cuando no queden más alternativas para tener un hijo biológico que no esté afectado por la enfermedad genética. «El informe describe muy, muy bien que será poco frecuente que alguien necesite una modificación heredable del genoma humano», nos comenta Jackie Leach Scully, bioética de la Universidad de Nueva Gales del Sur, en Sidney, Australia. Habrá casos, por ejemplo, en los que los interesados conseguirán descartar los embriones que lleven una mutación que provoque la enfermedad.

Según Kay Davies, genética de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, y copresidente de la comisión, «sabemos que pocas parejas encajarán en estas categorías. Al ser tan infrecuentes, se necesitaría la cooperación internacional para estos primeros casos».

Efectos a largo plazo

La comisión también deja bien claro que habrá que estudiar a los nacidos con genomas corregidos y a sus hijos para conocer los efectos que este procedimiento tendrá sobre la salud física y mental de las generaciones venideras. Scully nos indica que le gustaría ver avances sobre los efectos a largo plazo y que, cuando empiece a aplicarse, se indaguen las repercusiones que tendrá sobre la actitud de la sociedad ante la manipulación del genoma humano.

Resulta extraño que dicho informe se centre en los aspectos científicos y técnicos de la tecnología, sin debatir las cuestiones éticas en profundidad. Esta estrategia ha suscitado algunas dudas: «Existe el riesgo de que parezca que decimos "Solo nos centramos en los problemas científicos y técnicos porque ya habíamos tomado la decisión de seguir adelante con ello"», advierte Scully, para quien la modificación genómica heredable es tan compleja que propone descomponerla en partes para permitir debates más profundos.

No obstante, fue imposible que la comisión segregara las cuestiones éticas, nos manifiesta Karen Yeung de la Universidad de Birmingham, en el Reino Unido, donde estudia la gobernanza de las tecnologías emergentes. «Reconocen que incluso los problemas de seguridad y eficacia son éticos. ¿Cuál es el umbral adecuado? ¿Cuántos experimentos habría que realizar? ¿Qué exactitud consideraríamos suficiente?».

Se espera que otro informe, esta vez coordinado por la Organización Mundial de la Salud y cuya difusión está originalmente programada para finales de 2020, entre más en las cuestiones de ética y gobernanza. Sin embargo, para Yeung, el último informe cubre por ahora el vacío sobre los problemas logísticos de su aplicación clínica.

Heidi Ledford/Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con el permiso de Nature Research Group.

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.