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20 de Mayo de 2006
Fisiología

¿Por qué se acumula ácido láctico en los músculos? ¿Es el causante de las agujetas?

Al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, el ácido láctico no es el único responsable del dolor muscular que aparece después de practicar ejercicio intenso.

Cuando practicamos alguna actividad física intensa, respiramos más rápido para intentar transportar más oxígeno a nuestros músculos. El organismo prefiere generar la mayor parte de su energía mediante procesos aeróbicos, es decir, aquellos en los que interviene el oxígeno. No obstante, ciertas acciones, como escapar de un dientes de sable o levantar pesas pesadas, requieren una producción de energía más rápida de lo que nuestro cuerpo puede generar a partir del oxígeno suministrado. En estos casos, los músculos obtienen la energía de forma anaeróbica (en ausencia de oxígeno), mediante un proceso llamado glucólisis que transforma la glucosa en piruvato.

Cuando el cuerpo dispone de mucho oxígeno, el piruvato se dirige hacia una vía aeróbica para ser metabolizado y obtener así más energía. Pero cuando la disponibilidad de oxígeno es reducida, el piruvato se metaboliza en otra vía, a través de la cual se forma otro compuesto llamado lactato, permitiendo así que continúe la producción de energía. Las células musculares que se encuentran activas utilizan esta vía anaeróbica a un ritmo elevado de uno a tres minutos, durante los cuales el lactato termina acumulándose.

Un efecto secundario de los niveles elevados de lactato es el aumento de la acidez en las células musculares, junto con la alteración de otros metabolitos. Las mismas vías metabólicas que permiten la descomposición rápida de la glucosa para seguir produciendo energía acaban operando de manera ineficiente en ese entorno ácido. A priori, parece paradójico que un músculo que está trabajando sintetice algo que acaba ralentizando su capacidad para seguir funcionando. No obstante, este es en realidad un mecanismo de defensa natural, ya que previene el daño permanente del músculo durante su esfuerzo extremo al disminuir la velocidad de los mecanismos necesarios para mantener la contracción muscular. Una vez la actividad física se ralentiza, el oxígeno vuelve a estar disponible y el lactato se convierte en piruvato, lo que permite llevar a cabo un metabolismo aeróbico continuo con producción de energía, para que el cuerpo se recupere de la actividad extenuante.

Al contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, el lactato, o la acumulación de ácido láctico, no es el responsable de las agujetas que suelen aparecer durante los días posteriores a la práctica de ejercicio intenso. Más bien es la producción de lactato y otros metabolitos secundarios durante el esfuerzo extremo lo que acaba causando el temido ardor muscular. No obstante, aún no está claro cuáles son los metabolitos que participan en este proceso.

La sensación de agujetas, a menudo dolorosa, también nos lleva a dejar de ejercitar en exceso los músculos, forzando así un período de recuperación durante el cual el organismo elimina el lactato y los otros metabolitos que se han sintetizado durante ese periodo de intensa actividad.

Los investigadores que han examinado la concentración de lactato justo después del ejercicio han hallado una débil correlación entre esta y la intensidad de dolor muscular sufrido días después de la actividad física. Este dolor muscular de inicio retardado (DOMS, por sus siglas en inglés) se caracteriza por una sensibilidad muscular a veces intensa, así como por la pérdida de fuerza y de amplitud de movimiento, alcanzando por lo general un pico entre las 24 y las 72 horas después del ejercicio intenso.

Aunque todavía se desconoce la causa exacta del DOMS, la mayoría de las investigaciones apuntan a un daño de las células musculares y a una abundante liberación de varios metabolitos en el tejido circundante. Ello activa la respuesta inflamatoria, lo que provoca la aparición de hinchazón y dolor, que alcanzan su punto máximo uno o dos días después de practicar la actividad física y que se resuelven al cabo de unos días, según la gravedad del daño. De hecho, el tipo de contracción muscular parece ser un factor clave en la aparición de las agujetas. Cuando un músculo se alarga contra una carga (imagine sus brazos flexionados tratando de coger un peso de unos 500 kilos) se dice que la contracción muscular es excéntrica. En otras palabras, el músculo se está contrayendo activamente, intentando acortar su longitud, pero algo en el proceso está fallando. Se ha demostrado que estas contracciones excéntricas causan más daño en las células musculares que las contracciones concéntricas típicas, en las que un músculo sí se acorta durante la contracción contra una carga. Por tanto, los ejercicios que implican muchas contracciones excéntricas, como correr cuesta abajo, causarán agujetas más intensas, incluso aunque la persona sufra ningún dolor muscular durante el ejercicio.

Dado que las agujetas son tan comunes, los fisiólogos del ejercicio están investigando el potencial de los fármacos antiinflamatorios y otros suplementos en la prevención y el tratamiento de dicho dolor muscular. Sin embargo, por ahora no hay recomendaciones concluyentes. Aunque los antiinflamatorios parecen reducir el dolor, pueden disminuir la capacidad del músculo para reparar el daño, lo que puede entrañar consecuencias negativas para la función muscular en las semanas posteriores al ejercicio intenso.

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