10 de Septiembre de 2014
NEUROCIENCIA

Propensos a estresarse

Relacionan, en ratones, la escasez de ciertos receptores cerebrales en el hipocampo con la sensibilidad al estrés.

Sea en el trabajo, en el colegio o en casa con la familia, toda persona debe soportar cierto estrés, pero algunas toleran mejor la situación que otras. Una reciente investigación con ratones localiza la diferencia en el hipocampo. [Thinstock/ William87]

Mientras algunas personas resisten bien las situaciones de estrés elevado, otras sucumben en algún momento a esa presión; en el peor de los casos incluso sufren una psicopatología, entre ellas, depresión o fobia. Los psicólogos hablan en este contexto de resilencia, una habilidad para manejar satisfactoriamente los momentos de crisis y sacar el mejor provecho de ellas. Sin embargo, ¿qué hace que unas personas sean más resistentes al estrés que otras?

Según han descubierto en fecha reciente investigadores dirigidos por Bruce McEwen, de la Universidad Rockefeller, la clave se halla, al menos en los ratones, en unos receptores que se alojan en la zona profunda del cerebro. Si los múridos carecen parcial o totalmente de esas moléculas sufren, de manera automática, más ante situaciones estresantes que sus compañeros.

Los investigadores estresaron a los roedores agitando sus jaulas a intervalos irregulares o alterando su ritmo diurno y nocturno. Como consecuencia de ello, el 40 por ciento de los animales presentaba una conducta semejante a los síntomas de la depresión en los humanos: preferían permanecer en un rincón oscuro; también rechazaban el agua azucarada que les ofrecían. El resto de ratones no manifestó ningún tipo de alteración en su conducta.

Modificación en el hipocampo

Los ratones a los que las situaciones de estrés les habían afectado de manera destacada presentaban menos receptores presinápticos de glutamato metabotrópicos (mGlu2) en el hipocampo, región involucrada en la reacción ante el estrés y que se relaciona a menudo con el estrés crónico. Los múridos que carecían por completo de estos receptores mostraron, en situaciones de tensión, una conducta similar a la de los ratones más sensibles al estrés.

Los receptores de mGlu2 desempeñan una importante función en la transmisión de señales: regulan la liberación del neurotransmisor glutamato, el cual a pesar de contribuir a la transmisión de información en el cerebro, en concentraciones demasiado altas puede causar efectos perjudiciales.

A fin de saber por qué algunos ratones presentaban pocos de estos receptores, el equipo provocó modificaciones epigenéticas en los genes que codifican mGlu2 en estos animales. «Si se contempla el código genético como si fueran las palabras de un libro, primero tenemos que abrir el libro para poder leer las palabras», explica Carla Nasca, autora principal del estudio. «Las modificaciones epigenéticas, que afectan a las proteínas histonas, en las que se encuentra empaquetado el ADN de las células, cierran de forma efectiva el libro, de manera que el código para mGlu2 no puede leerse», continúa.

«El cerebro está en constante cambio. Cuando las experiencias estresantes conducen a la ansiedad y a trastornos depresivos, el cerebro se bloquea en un estado del que no puede escapar de manera espontánea», señala por su parte McEwen. «Estudios como este se centran cada vez más en la regulación del glutamato como mecanismo subyacente en la depresión y, esperamos, como apertura de vías novedosas y prometedoras para el diagnóstico y el tratamiento de esta enfermedad devastadora».

Más información en Molecular Psychiatry

Fuentes: Spektrum.de / Universidad Rockefeller

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