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  • 04/12/2018

Ciencias de la Tierra

Teherán se hunde

Los datos de los satélites muestran que Teherán se está hundiendo deprisa. Hay partes de la capital de Irán, en la que viven 13 millones de personas, que se están hundiendo 25 centímetros al año.

Remote Sensing of Environment

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El crecimiento de las grietas subterráneas abre a veces, bruscamente, agujeros en el suelo [Centro de Investigaciones de la Construcción y la Vivienda, Teherán]

Teherán, la ciudad más grande del Asia occidental en población, se hunde.

Unas detalladas imágenes de satélite descubren la magnitud del problema: hay partes de la capital de Irán que van hundiéndose nada menos que 25 centímetros al año y el hundimiento se está extendiendo hasta llegar al aeropuerto internacional de la ciudad.

Los geocientíficos Mahdi Motagh y Mahmud Haghshenas Haghighi, los dos del Centro Aleman de Investigaciones GFZ de Geociencias, en Potsdam, usaron los datos de satélite para seguir la subsidencia de la región de Teherán entre 2003 y 2017.

Trabajos anteriores habían mostrado que Teherán se está hundiendo y lo había ligado al agotamiento de los acuíferos subterráneos, esquilmados para irrigar las tierras agrícolas cercanas y servir a los alrededor de 13 millones de habitantes del gran Teherán.

Los últimos datos ilustran el problema con nuevas cifras. La plana de Teherán, al oeste, una mezcla de dispersión urbana de la capital, ciudades satélite y terreno agrícola, experimenta la subsidencia a un ritmo de 25 centímetros por año, y la plana de Varamin, región agrícola al sudeste de la ciudad, se hunde a una velocidad parecida. El aeropuerto internacional de Teherán, que está al sudoeste de la ciudad, se hunde 5 centímetros al año.

«Está entre los mayores ritmos de subsidencia actuales en el mundo», dice Roberto Tomás, ingeniero de la Universidad de Alicante.

El suelo se hunde bajo los pies

La subsidencia, causada por unas poblaciones y una extracción de aguas subterráneas, petróleo y gas cada vez mayores, es un problema de las ciudades por todo el mundo. Por ejemplo, mediciones por satélite anteriores han mostrado que algunas áreas de Yakarta se hunden más de 20 centímetros al año, y el valle de San Joaquín, en California, que alberga varias ciudades, hasta 60 centímetros anuales.

Según el nuevo estudio, aceptado para su publicación por Remote Sensing of Environment, alrededor del 10 por ciento de la zona urbana de Teherán está afectada, como muchas ciudades menores y pueblos del sudoeste de la capital. «Cuando se camina por esas zonas, se ven superficies irregulares de las calles, bordillos desplazados, grietas en las paredes y hasta edificios inclinados, algunos de los cuales han tenido que ser demolidos», dice Motagh.

Se han abierto unas enormes fisuras, de decenas de kilómetros de largo y de hasta cuatro de ancho y hondo, en el terreno al sudeste de Teherán, y algunas amenazan con derribar las torres de alta tensión y combar las líneas ferreas.

Y el crecimiento de las grietas subterráneas produce a veces hoyos de pronto. «Conocí a un agricultor que se quedó atrapado durante horas cuando el suelo se hundió bajo sus pies y se cayó en una grieta de seis metros de profundidad», dice Ali Beitollahi, que dirige la ingeniería sismológica en el Centro de Investigaciones de la Construcción y la Vivienda, en Teherán. Esas tierras de labranza se están volviendo inviables porque las grietas drenan el agua de la irrigación de la superficie y resecan los cultivos.

Las investigaciones efectuadas durante el año pasado por Beitollahi y sus colaboradores arrojan que las zonas con una subsidencia considerable en Teherán y en sus alrededores albergan 120 kilómetros de ferrocarril, 2300 de carreteras, 21 puentes, 30 kilómetros de oleoducto, 20 de gaseoducto, 70 de líneas de alta tensión y más de 250.000 edificios.

Dispersión urbana

Según los datos de Motagh y Hagshenas Haghighi, la subsidencia ha ido avanzado constantemente hacia el este desde 2003, empezando por los terrenos agrícolas y afectando a los bordes urbanos de la ciudad. Otra zona de subsidencia se mueve hacia el aeropuesto de Teherán.

Una combinación de crecimiento de la población (la de la ciudad se ha doblado en los últimos cuarenta años), sequías y grandes presas, que captan el agua de lluvia e impiden que los acuíferos se recarguen, ha exacerbado el problema.

Las autoridades se esfuerzan en un combate perdido de antemano al intentar regular la extracción del agua. Beitollahi cree que se han sellado unos cien mil pozos ilegales en todo Irán, pero se calcula que hay 30.000 que funcionan todavía en el gran Teherán.

El estudio hace pensar que el hundimiento que ya se ha producido podría ser irreversible. Los investigadores, al examinar las mediciones de la profundidad del agua en los pozos de las zonas afectadas, se encontraron con que el suelo no está rebotando ni siquiera tras las lluvias, lo que da a entender que la porosidad de la roca se ha perdido permanentemente. Esa pérdida puede conducir a más inundaciones bruscas, dice Linlin Ge, ingeniero de la Universidad de Nuevas Gales del Sur, en Sidney, Australia, porque sin poros el agua ya no tiene adónde ir.

Kate Ravilious / Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: artículo en prensa de M. Haghshenas Haghighi y M. Motagh en Remote Sensing of Environment.

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