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31 de Julio de 2019
Conservación

Un singular caracol de las fumarolas de las profundidades marinas, en peligro por la minería

Donde viven, hay metales y minerales valiosos en el fondo del mar que hacen que tenga interés económico.

El gasterópodo de pie escamoso (Chrysomallon squamiferum), singular especie descubierta a principios de este siglo, recubre su concha y las pequeñas placas de su pie con hierro que extrae del agua marina en que vive inmerso [Chong Chen].

Un caracol que vive cerca de las fuentes, o fumarolas, hidrotermales del fondo oceánico al este de Madagascar se ha convertido en el primer animal de las profundidades marinas al que se le ha declarado en peligro a causa de la amenaza que para él supone la minería.

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) ha añadido el gasterópodo de pie escamoso (Chrysomallon squamiferum) a su Lista Roja de las especies en peligro mientras las compañías corren a solicitar licencias de prospecciones mineras.

«Es un paso importante para que los responsables públicos estén atentos a los posibles daños que la minería en mares profundos puede causar en la biodiversidad», dice Lisa Levin, bióloga de la Institución Scripps de Oceanografía, en La Jolla, California.

El gasterópodo de pie escamoso se encuentra solo en tres fuentes hidrotermales del océano Índico, que ocupan un área total parecida a la de dos campos de fútbol, dice Julia Sigwart, bióloga de aguas profundas de la Universidad de la Reina, en Belfast.

En estos momentos hay emitidas licencias de prospección para dos de esas fuentes, dice Sigwart, coautora de un comentario en Nature Ecology & Evolution publicado el 22 de julio.

Más visibilidad

Basta una prospección en ese hábitat para que pueda quedar destruida una población de esos caracoles como consecuencia de los daños que sufran las fuentes o de que se salpique a los animales con nubes de sedimento, explica Chong Chen, biólogo de aguas profundas, otro de los coautores del comentario, de la Agencia de Ciencias y Tecnología del Mar y la Tierra de Japón, en Yokosuka.

Durante muchos años, las compañías mineras han estado buscando la forma de extraer los minerales y metales valiosos que se forman cerca de las fuentes hidrotermales. Cuando se mezcla con la fría agua marina, el agua caliente de una fumarola, cargada de minerales, deposita en el fondo del mar materiales, manganeso, por ejemplo, o cobre. Antes se consideraba que recoger esos depósitos era demasiado difícil y demasiado caro. Pero los avances técnicos hacen que ahora resulte viable económicamente.

La explotación minera propiamente dicha no puede empezar a realizarse en aguas internacionales mientras la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos (ISA), un organismo de las Naciones Unidas encargado de regular la minería en el lecho del mar, no acabe un código de conducta, lo que espera hacer en 2020.

Levin advierte de que no está claro todavía qué efecto tendrá la presencia de una especie en peligro en la regulación de las actividades mineras. «Se están esbozando todavía las normas [de la ISA] y en estos momentos se debate sobre si las directrices medioambientales serán de obligado cumplimiento o solo recomendaciones», cuenta.

Según Sigwart y Chen, ahora es un buen momento para que se adquiera conciencia de lo vulnerables que son los ecosistemas de las fuentes hidrotermales. Incluir el gasterópodo de pie escamoso en la Lista Roja es el primer paso. «Estar en esa lista significa algo para los responsables públicos y para las personas corrientes», afirma Chen.

Contar las amenazas

La mayor dificultad para determinar si el gasterópodo de pie escamoso merece la inclusión en la Lista Roja es concebir cómo se puede evaluar el riesgo de extinción de animales que viven en uno de los hábitats más extraños de la Tierra, explica Elin Thomas, estudiante de doctorado del laboratorio de Sigwart y otra de los coautoras del comentario de Nature Ecology & Evolution.

Cuando la IUCN piense en si incluye o no un organismo en la Lista Roja, los investigadores examinarán varios factores que podrían contribuir a su extinción. Entre ellos están el tamaño del área geográfica en que vive la especie y el grado de fragmentación de su hábitat.

Pero las fuentes hidrotermales solo ocupan, claro está, zonas pequeñas del suelo oceánico, como dice Thomas. Y se crean solo cuando el agua marina que ha percolado en la corteza terrestre puede rebrotar hacia las aguas profundas. La consecuencia es que las fuentes tendrán una distribución dispersa.

Tras las discusiones con la IUCN y con otros investigadores, Sigwart y su equipo establecieron dos criterios que podrían usar para evaluar el riesgo de extinción de especies de aguas profundas: el número de fumarolas donde se encuentra y la amenaza de la minería.

Además del gasterópodo de pie escamoso, los investigadores están evaluando al menos otras catorce especies que viven en fuentes hidrotermales para su posible inclusión en la Lista Roja este mismo año.

Es demasiado pronto todavía

Chen es optimista: cree que la inclusión en la Lista Roja disuará a los inversores de seguir adelante con proyectos que puedan dañar a las especies en peligro. Señala a organizaciones como el Banco Mundial, que requieren que los grupos que soliciten subvenciones tomen en consideración los efectos que sus proyectos podrían tener en las especies de la Lista Roja.

Pero según Holly Niner, que estudia la política medioambiental para los mares en la Universidad de Aalborg, en Dinamarca, es demasiado pronto para saber cómo afectará la presencia de animales en peligro a la minería de mar profundo. Hay que tener la esperanza, dice, de que tanto quienes se encarguen de la normativa como la industria protegerán las zonas vulnerables y dirigirán las actividades mineras hacia hábitats menos delicados.

«Estas son zonas frágiles, amenazadas, y no es que los investigadores podamos poner en marcha un programa de crianza de los seres que viven en las fuentes del fondo del océano», dice Sigwart. «Solo podemos intentar proteger lo que hay allí». 

Jonathan Lambert / Nature News

Artículo traducido y adaptado por Investigación y Ciencia con permiso de Nature Research Group.

Referencia: «Red Listing can protect deep-sea biodiversity», de Julia D. Sigwart et al. en Nature Ecology & Evolution, volumen 3pág. 1134 (2019).

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