17 de Marzo de 2021
Climatología

Una oscilación climática que quizá haya sido solo un espejismo

Un famoso ciclo natural que gobernaba ciclones e influía en el clima de Europa no existe. Esto es lo que sostiene quien le dio nombre. La responsabilidad de sus aparentes efectos recaería en los volcanes.

Algunos atribuían a un presunto ciclo que afectaba al Atlántico Norte, inherente al sistema climático, las intensas temporadas de huracanes de estos años, entre otras cosas. Pero quien le diera el nombre al ciclo considera ahora que su causa son los volcanes, a lo largo de siglos, y en las últimas décadas el tira y afloja entre dos factores artificiales: la acumulación en la atmósfera de aerosoles y la de dióxido de carbono. Esta última sería la razón de esa mayor actividad ciclónica [NASA Earth Observatory, Joshua Stevens].

Se pensaba que también Europa tiene su vaivén climático, como el Niño en el Pacífico, solo que mucho más lento. En períodos de entre 40 y 60 años, el Atlántico Norte cambia, se pensaba, de cálido a frío y viceversa. Este ciclo, la Oscilación Multidecenal Atlántica (AMO), influiría tanto en la lluvia en los Alpes como en los ciclones del Caribe y en los monzones de la India. Sería uno de los componentes principales del sistema climático. Sin embargo, ahora, el investigador que le dio hasta su nombre dice que la AMO en realidad no existe. La oscilación es un trampantojo, generado por otros factores, escriben en Science  Michael E. Mann, de la Universidad del Estado de Pensilvania, y su equipo.

Mann, bien conocido también por su gráfica del «palo de hockey», no solo trajo al mundo la denominación de Oscilación Multidecenal Atlántica, sino que dio con indicios del fenómeno que se remontaban hasta siglos atrás. En el siglo XX, se han podido observar directamente oscilaciones regulares de las temperaturas de la superficie del Atlántico Norte. Las mediciones muestran un calentamiento desde los años treinta a los cincuenta, mientras que en los sesenta y setenta hubo un enfriamiento. Las simulaciones del clima exhibían también oscilaciones parecidas a la AMO. Las pruebas parecieron lo suficientemente convincentes para que la Oscilación se consolidase desde entonces en la investigación climática.

No obstante, la AMO no dejó nunca de dar lugar a polémicas. El propio Mann deplora que se la usase de forma inapropiada, como recuerda ahora en una entrada de blog; por ejemplo, suponiendo que las temperaturas medias subían linealmente con el calentamiento global y atribuyendo todo lo que se desviase de ello a una «oscilación» natural. Hubo análisis que, al proceder de ese modo, atribuyeron una parte mayor del calentamiento del Atlántico Norte tropical a la oscilación natural en detrimento del efecto del calentamiento global. Ello, a su vez, afectaba al debate sobre la razón de que las temporadas recientes de huracanes tendiesen a ser más activas e inclinaba también ahí la balanza a favor de AMO.

Ahora, Mann y su equipo lo ponen todo patas arriba. Las simulaciones que generan una señal parecida a la AMO son, con los modelos climáticos actuales, más la excepción que la regla, escriben. El ciclo de El Niño, a lo largo de entre tres y siete años, la contrapartida en el Pacífico de la AMO, sí aparece claramente en las simulaciones. Las oscilaciones de la temperatura en el siglo XX se pueden explicar también perfectamente sin tener que recurrir a ciclos naturales, dicen Mann y sus colaboradores. De los episodios de calentamiento la causa es el cambio global inducido por los seres humanos, mientras que el lapso frío en la segunda mitad del siglo XX se debe a la contaminación de la atmósfera en aquel período. Los aerosoles de azufre emitidos por las chimeneas reflejaban la luz hacia el espacio y enfriaban la Tierra.

Pero las simulaciones y las oscilaciones del siglo XX no habrían bastado por sí solas para convencer a los especialistas de la existencia de la AMO; no habrían bastado si el ciclo no se manifestase en los datos relevantes como indicadores climáticos de siglos anteriores. Para aclarar esta cuestión, Mann y su equipo sacan a colación una notable coincidencia: se produjeron varias grandes explosiones volcánicas en el trópico, espaciadas temporalmente de tal forma que sus fases de enfriamiento casi simulan el ciclo buscado.

La Oscilación Multidecenal Atlántica es, por lo tanto, un espejismo, según concluye el grupo. Y por lo tanto, en los siglos XX y XXI solo queda una causa de las consecuencias conjuntas en los ciclones y otros fenómenos de las tendencias climáticas observadas: los seres humanos.

Pero el asunto no está zanjado, quizá. Otros especialistas que estudian la AMO podrían todavía poner objeciones. Por ejemplo, el investigador de la atmósfera Kevin Trenberth ha tachado en la cadena de televisión CBS de prematura la conclusión a que llega Mann. Que la AMO no aparezca en las simulaciones climáticas actuales es posible que se deba a que el fenómeno resulte demasiado complejo.

Lars Fischer

Referencia: «Multidecadal climate oscillations during the past millennium driven by volcanic forcing», de Michael E. Mann et al., Science, 5 de marzo de 2021:
volumen 371, número 6533, págs. 1014-1019.

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.