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  • Septiembre/Diciembre 2018Nº 21

Psiquiatría

El reto del autismo femenino

Los casos de niñas y mujeres con autismo resultan difíciles de detectar por diversos motivos, entre los que destacan unos métodos de diagnóstico inadecuados y una sintomatología distinta de la de los varones. Muchas afectadas reciben diagnósticos y tratamientos erróneos.

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Frances fue tardía en balbucear, andar y hablar. Hasta la edad de tres años no empezó a responder a su nombre. Pese a las señales de que algo inusual ocurría con su desarrollo, lo último en lo que pensaban sus padres era en el autismo. «La niña era muy sociable. Un bebé alegre y de trato fácil», recuerda Kevin Pelphrey, el padre de Frances.

Aunque Pelphrey es un experto de fama mundial en la investigación del autismo e investiga en el Centro de Estudio sobre el Niño de la Universidad Yale, no fue capaz de reconocer el trastorno de su hija. Cuando la niña cumplió los cinco años, los médicos hallaron el problema. Hoy, Frances es una adolescente de 12 años, pecosa y con los mismos cálidos ojos castaños que su padre. Como muchas otras jóvenes de su edad, es tímida, pero tiene fuertes convicciones sobre lo que quiere y lo que no. A la hora de comer se pelea con Lowell, su hermano pequeño: «¡Mamá, me está pegando!». Una escena que puede ocurrir en cualquier familia.

A Lowell, de siete años, le diagnosticaron autismo mucho antes que a su hermana: cuando tenía 16 meses. Page, la madre, recuerda lo diferente que fue el proceso de diagnosis para sus dos hijos. En el caso del niño, la valoración fue casi inmediata. Con Frances tuvieron que peregrinar de un médico a otro. Y siempre recibían las mismas respuestas. «Observen y esperen». O bien: «El retraso puede deberse a numerosas causas físicas, entre ellas el estrabismo, que impide a la niña ver correctamente. Cuando cumpla 20 meses debería pasar por el quirófano». «Obtuvimos muchos diagnósticos aleatorios», recuerda Page. «No dejaban de repetir: “Es una niña. No se trata de autismo”.»

Los criterios para diagnosticar el trastorno del espectro autista (TEA) se basan en datos obtenidos casi exclusivamente de estudios llevados a cabo con varones. Pelphrey y otros investigadores consideran que estos criterios marginan a muchas niñas, adolescentes y mujeres adultas porque, al parecer, presentan síntomas diferentes. Tradicionalmente se pensaba que el TEA era cuatro veces más común en los hombres que en las mujeres. Los expertos también creían que las jóvenes con autismo sufrían síntomas más graves que los varones, entre los que destaca la discapacidad cognitiva. Sin embargo, la investigación reciente apunta a que, posiblemente, ambas ideas sean erróneas.

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