Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Cuadernos MyC
  • Septiembre/Diciembre 2018Nº 21

Psicología infantil

La atracción del ocultismo en la adolescencia

Las prácticas ocultistas ejercen un atractivo particular en los adolescentes. El peligro aumenta cuando la fascinación lúdica se transmuta en dependencia psíquica.

Menear

Suena a algo casi increíble lo sucedido en los últimos años en algunas comunidades parroquiales de Estados Unidos: las novelas de Harry Potter terminaron en la hoguera en medio de grandes aplausos. Se recriminaba que las historias del aprendiz de brujo indujeran, a niños y adolescentes, a las prácticas esotéricas y promovieran el satanismo. Dicho en otros términos: tras la obra de Joanne K. Rowling se emboscaba una figura de no menor relevancia que la del mismísimo demonio.

Las opiniones divergen entre los que las consideran historias didácticas de aventuras y los que ventean en ellas un peligro para el desarrollo psíquico del niño. Particular sobre el que han corrido literalmente ríos de tinta en los últimos meses, con opiniones antagónicas. Pero, en ese debate, suele olvidarse que el entusiasmo de los niños y adolescentes por la magia y la hechicería empezó mucho antes del comienzo de la pottermanía. En Alemania occidental, las primeras encuestas científicas sobre el ocultismo juvenil, a comienzos de los noventa del siglo pasado, arrojaron ya el resultado de que hasta el 44 por ciento de los escolares había participado ocasionalmente en prácticas ocultistas.

Los titulares de prensa con noticias de actos violentos de clara motivación satánica atizan, comprensiblemente, el miedo de los padres. Pero no es recomendable fomentar el pánico. En los rituales ocultistas extremos, pensemos en las misas negras, participan pocos jóvenes. En una encuesta hecha en el año 1993 en diferentes centros escolares germanos, reconocía su asistencia solo el 4,6 por ciento. Menor es incluso el número de los que caen en los círculos del satanismo duro, donde existe un peligro real de crueldades, incluidas la violación y el asesinato rituales. Ha­ce unos años Ingolf Christiansen, delegado oficial para la vigilancia de las sectas en Alemania, cifraba en unos siete mil el número de satanistas practicantes.

Puede conseguir el artículo en: