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1 de Septiembre de 2015
Emociones

El arte de perdonar

La convivencia conlleva, de manera inevitable, malos entendidos, roces y enfados. A menudo cuesta dejar atrás esos incidentes. Aprender a vencer la rabia y el rencor acumulados ayuda a superar la mala experiencia.

THINKSTOCK / JAN TYLER

En síntesis

Las personas de edad avanzada perdonan con mayor facilidad que las jóvenes. La empatía y el carácter afable también facilitan el perdón.

En promedio, los individuos indulgentes presentan una mejor salud física y psicológica. Se desconoce el motivo.

A través de psicoterapia puede fomentarse la predisposición a pedir perdón. Un factor clave del tratamiento es lograr un cambio de perspectiva en el individuo.

Un engaño nunca sienta bien. Para Hillary Clinton, la experiencia debió resultar aún más vejatoria, puesto que las aventuras de su marido Bill, quien por entonces ejercía de presidente en funciones de Estados Unidos, se convirtieron en 1998 en un asunto de Estado que ocupó las portadas y los titulares de los periódicos durante meses. Sin embargo, el matrimonio sobrevivió. El motivo, según explicó en sus memorias de 2003 la propia Primera Dama, fue su persistente amor desde hacía decenios.

¿De verdad perdonó a su Bill? El arrepentimien­to oficial por parte del marido llegó tarde, años después de la aventura. Clinton lamentó muchos de sus actos, por primera vez, cuando las pruebas fueron abrumadoras. Como él, muchas personas no admiten sus actos hasta que los indicios resultan aplastantes. Incluso el Papa de Roma tardó en reconocer los deslices de la Iglesia Católica: a pesar de que desde los años noventa del siglo pasado salían a la luz casos de abusos sexuales que habían perpetrado clérigos por todo el mundo, no fue hasta 2010, debido al éxodo de creyentes de la Iglesia, que pidió perdón a las víctimas.

Fuera del candelero, no debemos temer una crisis a escala pública porque hayamos herido a un amigo o engañado a nuestra pareja. En tales circunstancias, solemos esforzarnos por limitar los daños. ¿Qué nos motiva a admitir los errores y a pedir perdón?

En 2013, colaboradores del psicólogo Blake Riek, del Colegio Universitario Calvin de Grand Rapids, pidieron a 166 sujetos que describiesen un incidente en el que habían ofendido a una persona próxima. Los intentos por reparar el daño causado eran más frecuentes cuanto más unidos se sentían los probandos a su «víctima». En general, los que sufrían por la culpa eran aquellos que habían cavilado durante mucho tiempo sobre lo ocurrido, que se sentían responsables y consideraban que lo ocurrido era grave. Cuanto más acusados eran los remordimientos de conciencia, más solían volver a pedir perdón un mes después del suceso.

Por el contrario, los sentimientos de vergüenza no revelaron ninguna información acerca de la intención de disculparse. Los científicos argumentan que la vergüenza en relación al manejo de la ofensa no resulta deseable ni de ayuda, puesto que se acompaña de depresión y hostilidad.

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