Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarte el uso de la web mediante el análisis de tus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúas navegando, consideramos que aceptas nuestra Política de cookies .

1 de Enero de 2017
Comportamiento animal

El sexo en los roedores

Ratas y ratones enseñan a los neurocientíficos lecciones de amor o, cuando menos, de conducta sexual.

ALAMY

En síntesis

Las ratas hembra no son pasivas durante el sexo: deciden el momento de los encuentros sexuales y son capaces de atravesar una parrilla electrificada para acceder a un macho.

El sexo beneficia el cerebro, al menos el de las ratas, ya que estimula el crecimiento de nuevas neuronas y conexiones neuronales (neurogénesis).

Las ratas macho deben cumplir los criterios adecuados para que las hembras los elijan. Entre otras características, deben desprender un olor que prometa una buena reserva genética.

Los concursantes de algunos reality shows televisivos rivalizan durante días para conquistar a un hombre o a una mujer a lo largo de encuentros e interacciones artificiales. Los escenarios de estos programas reproducen estereotipos culturales de romanticismo y deseo: gente guapa, bikinis, jacuzzis, cenas de gourmet, citas de aventura...

Sin necesidad de este ostentoso despliegue, las ratas —sí, las ratas— pueden enseñarnos los elementos esenciales de un romance. De hecho, la información que aportan los múridos en general (ratas, ratones de laboratorio y ratones de campo monógamos) arroja un poco de luz sobre los oscuros misterios que rodean las aventuras amorosas. Estos animales nos recuerdan la importancia de unos ingredientes básicos para que las relaciones de pareja resulten exitosas, independientemente de que pertenezcamos a una especie diferente.

El gozo en el sexo

Desde hace años, los científicos utilizan las ratas como modelo para investigar la influencia de las hormonas, las drogas, la edad y otros factores en la conducta sexual. Tras décadas de investigación sabemos que, en el lecho de amor, estos roedores siguen una secuencia de actos bastante predecible.

Más o menos ocurre de esta suerte: primero, el macho saluda a la hembra olfateándola. Ahora bien, si el pretendiente parece distraído, ella intenta captar su atención paseándose por la jaula; también ejecuta una respuesta de coqueteo característica entre las ratas, a saber, el movimiento de orejas. Estas, vistas desde el exterior y por un humano, se asemejan a dos pequeñas hélices de helicóptero. El olisqueo entre la pareja de múridos es constante. No sin razón: la hembra se encuentra sexualmente receptiva (ciclo estral) entre 12 y 20 horas de los cuatro o cinco días que dura el período reproductivo, el cual acontece tras la ovulación. Y la hembra solo se aparea durante el ciclo estral. Si un macho se le acerca «fuera de temporada», muy probablemente recibirá una patada como saludo. Para ahorrarse el disgusto, los machos confían en su sistema olfativo, que les ayuda a determinar si la hembra se encuentra de humor para el amor.

Artículos relacionados

Puedes obtener el artículo en...

¿Tienes acceso?

Los boletines de Investigación y Ciencia

Elige qué contenidos quieres recibir.