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1 de Septiembre de 2010
Sexualidad

Orgasmo y cerebro

Los neuroinvestigadores tratan de averiguar qué es lo que hace de la trivialidad más bella del mundo una experiencia embriagadora.

© iStockphoto / Igor Balasanov

En síntesis

Durante el orgasmo se activa el sistema de recompensa cerebral, de manera semejante a lo que sucede con el consumo de drogas.

Las mujeres deben estar relajadas para alcanzar el clímax. A diferencia de lo que ocurre en los hombres, durante el orgasmo femenino se desconectan áreas del lóbulo frontal, instancia de control del cerebro.

Varones y mujeres se excitan con imágenes eróticas. Ambos sexos también experimentan el orgasmo de forma parecida.

"Las mujeres no sienten durante el orgasmo ninguna agitación emocional", sentenció en 2005 Gert Holstege, de la Universidad de Groninga. Holstege había venido aplicando un escáner cerebral a hombres y mujeres en el preciso momento en que sentían el orgasmo. Amplias zonas del cerebro femenino tenían su actividad mermada en ese momento. Tal hallazgo provocó el asombro de los expertos, pues muchos investigadores se preguntaban qué pasaba realmente durante el clímax sexual y cómo se diferenciaban a ese respecto varón y mujer.

En el mundo occidental, la investigación sobre la sexualidad humana comenzó en los años veinte del siglo xx con el descubrimiento de las hormonas sexuales: los estrógenos y la testosterona. Pero el placer sexual y el orgasmo son algo más que una cuestión endocrina y dependen de diferentes influencias sobre el cerebro y el sistema nervioso. Ambos influjos controlan tanto la secreción hormonal como los órganos sexuales. El amor pasa por el estómago; el orgasmo, por la cabeza.

De ahí que los neurocientíficos siguieran el viaje de la excitación desde las zonas erógenas corporales hasta el cerebro e intentaran observar en qué zonas cerebrales se producía agitación. Mas las experiencias intensas no suceden necesariamente por un cerebro activo. Al contrario, algunas zonas del centro de control del cerebro femenino permanecen paralizadas, como mostró el estudio realizado por Holstege.

También varía, en relación con el orgasmo, la importancia del contacto físico o del estado de ánimo en función del sexo de la persona. La razón de tal diferencia podría radicar en la historia evolutiva del ser humano: en el varón, el clímax, debido a la eyaculación, que normalmente se produce de forma simultánea, guarda relación directa con la reproducción. Así, el orgasmo se produce en el varón mediante contacto físico, mientras que en la mujer la psique desempeña un mayor papel; cuanto más confía la mujer en su pareja y más protegida se siente, tanto más fácilmente alcanza el clímax.

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