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1 de Marzo de 2011
Evolución

Origen de la copulación

El hallazgo de ciertos peces fósiles hace retroceder en el tiempo el origen de la cópula en los vertebrados.

OWEN GILDERSLEEVE

En síntesis

Los científicos creían que, en los animales vertebrados, la fecundación interna surgió hace 350 millones de años en el grupo de los tiburones y sus afines.

Pero nuevos hallazgos fósiles indican que la cópula (y la gestación de crías en el cuerpo materno hasta el momento del parto) hizo su aparición millones de años antes y en un grupo de peces más primitivos.

Tales descubrimientos arrojan nueva luz sobre el origen de los órganos reproductores humanos y otras partes de nuestro cuerpo.

Un caluroso día de agosto de 2005, nuestro equipo se hallaba buscando fósiles en Gogo Station, un extenso rancho ganadero situado en el noroeste de Australia. Hoy en día esta región árida no es apta para la vida de animales acuáticos. Pero hace unos 375 millones de años, durante el Devónico tardío, un mar somero cubría la región. gogo era la sede de un enorme arrecife tropical que bullía de seres marinos, entre ellos una plétora de peces primitivos. Por suerte, muchos de sus restos han sobrevivido a lo largo de los eones. Entre los grupos de arbustos punzantes de Spinifex y las adormiladas víboras espinosas se esconden nódulos de caliza del tamaño de pelotas de béisbol (el producto de millones de años de erosión de los esquistos locales), algunos de los cuales albergan fósiles prístinos de los peces que vivieron en el arrecife primigenio. Durante nuestra expedición, pasamos los días cascando y abriendo los nódulos, uno tras otro, con la esperanza de hallar un tesoro en su interior.

Los peces más abundantes que merodeaban por el arrecife de Gogo eran los placodermos («de piel de placas»), unos de los primeros animales vertebrados que poseían mandíbulas. Hoy extinguidos, los placodermos dominaron los mares del mundo durante 70 millones de años y representaron el grupo de vertebrados de mayor éxito en su época. Desde hace tiempo se ha debatido sobre su relación con otros vertebrados, lo que motivó nuestra búsqueda en Gogo de especímenes que ayudaran a resolver esta y otras cuestiones relativas a la evolución de los peces. Aquel día, nuestros esfuerzos se vieron recompensados con un nódulo que contenía lo que parecía un pez bastante completo. Pero su anatomía no me atrajo en especial la atención. Poco podía imaginar que ese hallazgo aparentemente modesto iba a cambiar por completo el conocimiento de un aspecto muy íntimo de la biología de los vertebrados: el origen de la cópula sexual y de la fecundación interna.

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