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1 de Noviembre de 2014
Evolución humana

Ventajas evolutivas de la monogamia

Emparejarse tal vez fue la mejor decisión que pudieron tomar nuestros ancestros.

MARTIN O'NEILL

En síntesis

La monogamia es nuestro sistema de emparejamiento predominante, incluso en las sociedades que toleran la poligamia. Somos singulares en el mundo animal: menos del 10 por ciento de los mamíferos mantienen parejas sexuales exclusivas.

El debate sobre cómo llegamos a este punto dura décadas y sigue sin respuesta, pero nuevos estudios están aclarando la cuestión.

Ahora sabemos que los primeros homininos, aparecidos hace siete millones de años, pudieron ser monógamos. Los humanos hemos mantenido esta estrategia por una buena razón: nos ha ayudado a convertirnos en la especie de cerebro voluminoso que ha conquistado el planeta.

Los mamíferos no destacan por ser monógamos. Las especies cuyos adultos forman parejas reproductoras únicas no alcanzan el 10 por ciento. El orden de los primates apenas mejora esa tónica. Si bien entre el 15 y el 29 por ciento de las especies prefiere la convivencia en pareja, son contadas las que se decantan por la monogamia en el sentido humano: el vínculo sexual exclusivo entre dos individuos.

La especie humana no puede presumir de un historial intachable. Las personan tienen aventuras, se divorcian y, en algunas culturas, contraen matrimonio con varias parejas a la vez. De hecho, la poligamia se presenta en numerosas sociedades del planeta. Pero incluso allí donde se permite, representa una opción minoritaria. La mayoría de las sociedades humanas se organizan sobre la premisa de que gran parte de sus integrantes establecen lazos duraderos y exclusivos con su pareja. Y la monogamia parece haber hecho mucho bien a nuestra especie. Las uniones de pareja constituyen una adaptación fundamental que surgió en un remoto antepasado y se convirtió en un elemento central de los sistemas sociales humanos y de nuestro éxito evolutivo. «Este tipo de vínculo nos confiere una gran ventaja respecto a otras especies», asegura Bernard Chapais, antropólogo de la Universidad de Montreal.

La pareja monógama también es la base de una característica netamente humana: las vastas y complejas redes sociales en las que vivimos. Mientras que en otros primates los individuos jóvenes solo crean vínculos de parentesco a través de la madre, los humanos los entablamos a partir de ambos progenitores, ensanchando los lazos familiares con cada generación. En nuestra especie, la red social abarca otras familias y grupos sin parentesco, lo que origina círculos de relaciones cada vez más amplios. En opinión de Chapais, esos lazos grupales constituyen, junto con la monogamia, dos de los caracteres más trascendentales de la sociedad humana.

Los científicos llevan décadas intentando desentrañar los orígenes y las implicaciones de la monogamia humana, pero hasta ahora restan sin resolver preguntas básicas. Entre ellas, en qué momento del pasado comenzamos a emparejarnos de por vida, qué ventajas nos reportó y cómo pudo incentivar nuestro éxito como especie. Sin embargo, algunas investigaciones recientes nos aproximan a la resolución de estas incógnitas.

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