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1 de Noviembre de 2014
Neuroimagen

Cartografía cerebral en vivo

Hace unos cien años, el neuroanatomista alemán Korbinian Brodmann dividió el cerebro humano en 43 áreas. Aún hoy, los neurólogos se orientan sobre esta base. Mas el futuro se dibuja diferente: los investigadores prevén trazar, mediante tomografía por resonancia magnética de alta densidad, mapas cerebrales detallados y personalizados de personas vivas.

Mediante la tomografía por resonancia magnética de alta intensidad, los investigadores del Instituto Max Planck de Ciencias Cognitivas y de Neurología en Leipzig han conseguido visualizar la estructura de las vainas de mielina en el cerebro. Las longitudes de onda de los colores del espectro (un degradado de rojo a anaranjado, a amarillo... hasta azul) revelan la abundancia de mielina. Las zonas en azul son las más mielinizadas. [CORTESÍA DE CHRISTINE LUCAS TARDIF Y PIERRE-LOUIS BAZIN, INSTITUTO MAX PLANCK PARA LA COGNICIÓN HUMANA Y CIENCIAS DEL CEREBRO, LEIPZIG]

En síntesis

La división de la corteza cerebral en áreas se basa en las diferencias que presenta la estructura del cerebro. Hasta hace poco, esto solo podía averiguarse a través de la investigación post mórtem.

En la actualidad, la tomografía por resonancia magnética de alta intensidad permite conocer una parte de la microestructura cerebral en personas vivas.

Se trata del primer paso hacia una cartografía individual del cerebro: en combinación con la tomografía por resonancia magnética funcional, en un futuro será posible asociar áreas cerebrales determinadas a funciones concretas.

Observar el cerebro mientras piensa forma parte de un antiguo sueño de los investigadores. En los últimos años, merced a los extraordinarios avances en las neurociencias, esta ambición se está convirtiendo en una realidad. Las técnicas de imagen modernas, entre las que destaca la tomografía por resonancia magnética funcional (RMf), permiten una visión cada vez más detallada de lo que sucede en los procesos cerebrales. ¿Qué ocurre en nuestro cerebro cuando vemos, oímos, sentimos, hablamos, aprendemos, tenemos sensaciones o, en general, pensamos?

Dónde se localizan estas funciones constituye otra pregunta igual de fascinante. Todavía en el siglo xix, los investigadores sostenían una visión holística. Concebían el cerebro como una unidad, como un todo sin divisiones demostrables en la corteza cerebral que permitieran hablar de módulos diferenciados por su estructura y función. Por el contrario, según la doctrina de la localización, en el cerebro impera la distribución de trabajos: determinadas regiones de la corteza cerebral, con distintas estructuras, asumen funciones específicas. Así, los centros visuales se alojan en sitios diferentes al centro auditivo o del habla.

Desde hace más de cien años se impone esta última perspectiva entre los científicos. A principios del siglo xx, los anatomistas Korbinian Brodmann (1868-1918), Cécile Vogt (1875-1962) y Oskar Vogt (1870-1959) comenzaron a estudiar de manera sistemática la estructura de la corteza cerebral. Por aquel entonces, las técnicas de estudio de los tejidos (histología) y la microscopía ya permitían preparar cortes del tejido cerebral con escasas milésimas de milímetro de espesor, así como teñirlos y estudiarlos bajo el microscopio. A los investigadores les llamó la atención que el grosor, la estructura, la densidad de componentes y la estratificación de las células (citoarquitectura) en la corteza cerebral variaba de unos lugares a otros. Lo mismo ocurría con la forma y la estructura de la envoltura de mielina, sustancia que cubre una parte de las prolongaciones neuronales. Es decir, con la mieloarquitectura.

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